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Eliazar VelázquezEliazar Velázquez
Crónica andante (14/05/2012)
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Desde algún rincón del universo, trepado en la cima de una estrella, en este instante un niño agarró su catalejo y nos está mirando, en su carita tiene dibujado un gesto de extrañeza, quizá se pregunta por qué nos reunimos en este lugar, tal vez piensa que se trata de algún ritual propiciatorio alentado por las fantasías que dejó en la tierra la última luna llena.

Qué bueno fuera poder contarle que estas palabras, estos conjuros, son para agradecerle al destino este nuevo día y pedirle nos acerque ilusiones, pero la verdad es que hemos desandado caminos hasta esta Plaza de la Paz por razones muy ajenas a la alegría.
¿Cómo explicarle a ese niño que un sentimiento de indignación y dolor inmenso fue el que nos trajo hasta aquí? ¿Cómo justificar ante sus ojos tiernos tanta muerte absurda, tanta pérdida de profundidades, tanta irresponsabilidad gubernamental? Pero también ¿cómo justificamos los ciudadanos tanto silencio, tanta resignación, tanta indiferencia, tanta falta de generosidad?
Ese niño que nos mira desde la cima de una estrella seguro es más sabio que muchos de nosotros quienes, casi sin chistar, ya nos acostumbramos a que en las carreteras transiten camiones con muertos junto a otros
Crónica andante (30/04/2012)
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(Ciudad de México) El pasado lunes por la tarde, la poeta Dolores Castro llegó puntual a la Casa Universitaria del Libro en la Colonia Roma para presentar su más reciente trabajo “Algo le duele al aire” (Ediciones del Lirio). Cuando subía la escalera ayudada por su hijo Gustavo, pensé en todo lo que les debemos a personas como ella que han abrazado el destino de encontrar poesía tras la herrumbre de los días, y también me remonté al 2002 cuando viajó hasta la sierra para compartir sus profundos saberes con niños y jóvenes. Resultó hermoso presenciar como en un mismo espacio armónicamente entrelazó su sabiduría con la de don Juanito Rodríguez, uno de nuestros patriarcas de la décima campesina. Aquel hombre de piel morena y rostro surcado esa ocasión nos relató que llevaba más de diez años sin probar agua luego de que en una poza lo asustó un muerto y a partir de entonces sólo bebía coca-cola.

Esta mujer de 89 años, en su tiempo amiga íntima y compañera de travesías de Rosario Castellanos, ha dado a luz una serie de poemas donde nos recuerda -quizás para que apuremos el vivir o para que no nos ciegue la

