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Estrés prolongado desata epidemia de diabetes

Hipertensión, obesidad central y hasta cáncer son otros padecimientos desencadenados por el estrés

Foto: Especial

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MÉXICO, D.F.- El estrés es un mecanismo de defensa del organismo que advierte que hay una situación de emergencia que involucra peligro o riesgo para la persona. Pero cuando esta situación se prolonga más allá del breve lapso que implicaría una urgencia, es decir, cuando el estrés es prolongado, la energía se re-direccionada hacia los sistemas del cuerpo que responderán al escenario para hacerle frente, con el consecuente desabasto a otros que pueden servirnos de protección.

Sin embargo, el estrés constante en la clase trabajadora propiciado por el esquema económico neoliberal de nuestra época ha incrementado de forma vertiginosa la epidemia de enfermedades crónico-degenerativas, como diabetes, hipertensión, obesidad central y hasta el cáncer.

Así lo demuestran los resultados de una investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM-X) realizada en un grupo de trabajadoras costureras sometidas a estrés prolongado, y que fue dirigida por la doctora Margarita Pulido Navarro.

“El estrés prolongado juega un papel importante en el desarrollo de obesidad central hipertensión y diabetes tipo II, pues durante este episodio se vierte a la sangre glucosa almacenada en el hígado para enfrentar la situación.

“Como consecuencia de ello se estimula al páncreas a producir más insulina, pero también se estimulará la producción de la hormona cortisoide (conocida como la hormona del estrés) que va a antagonizar la acción de la insulina e impedirá que ésta introduzca a la glucosa en la célula, lo que incrementará sus niveles en sangre. Entonces, hay más insulina que no puede ser asimilada hasta llegar a la hiperinsulinemia”, explica la investigadora de la UAM-X.

Agrega que con el estrés prolongado habrá resistencia a la insulina, lo cual se establece como el principal componente del síndrome metabólico, precursor de diabetes, infartos, embolias, hipertensión y obesidad central.

Ahora bien, la insulina también participa en el proceso de almacenamiento de grasa en forma de triglicéridos; además participa de la formación de músculo liso de las arterias que retienen sodio, lo cual incrementa la actividad de la presión arterial sistémica.

“Esto, paulatinamente creará micro-lesiones en las arterias que involucrará a los coagulantes de sangre a efecto de tapar las pequeñas lesiones y aquí se adhieren triglicéridos y colesterol que obstruirán la luz de las arterias o desprenderse cuando de súbito se eleva la presión arterial, lo cual puede tapar vías importantes de irrigación, como las arterias coronarias que son las que irrigan al corazón, o las cerebrales o pulmonares, lo que trae embolias, infartos o trombosis”, señala la doctora Pulido Navarro.

No es cualquier cosa

El estudio consideró a 199 obreras maquiladoras de costura, pero sólo a 98 se realizaron pruebas de sangre para analizar sus anticuerpos, que son proteínas que el organismo elabora para proteger células y tejidos de gérmenes dañinos.

Fue así que la investigación reconoció que las trabajadoras participantes están expuestas a múltiples condiciones estresantes. Hechos como la incertidumbre por conservar el empleo; jornadas laborales extensas; rotación de turnos; horas extras impuestas (a veces sin sueldo); exposición a ruido, polvo o sustancias tóxicas; actividades repetitivas; posiciones incomodas prolongadas; despidos injustificados; falta de prestaciones como seguridad social; maltratos por parte del patrón; falta de garantías laborales; exigencia de alcanzar metas de producción cada vez más altas, entre otros, repercuten en su estado de salud.

“El daño es por igual en hombres que en mujeres, pero por el hecho de que ellas ahora tienen que participar de la economía familiar y desempeñan un trabajo fuera de casa están expuestas a un doble estrés prolongado, por actividad laboral y la atención en el hogar.

“Ahora bien, mientras más expuesto se está al estrés prolongado más necesidad tiene el organismo de ingerir alimentos ricos en energía; es así que envía mensajes del requerimiento y la persona consume carbohidratos y grasa. Si a ello se agrega que por el bajo salario se imposibilita el consumo de pescados, verduras y carnes magras, y se consumirán alimentos baratos pero ricos en carbohidratos y grasas”, acota la doctora Pulido Navarro.

La también autora del libro El lujo de enfermar. Historia de vida y trabajo advirtió: “Es muy importante hablar de las situaciones que nos provocan estrés, no ocultar, no disimular los malestares, informarse de los derechos laborales, compartir con los similares las penas y las alegrías, no quedarse callado”.

Con información de La Jornada

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