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“Homenaje casero” a José Agustín en Feria de Minería

Mediante preguntas sus hijos detonaron los recuerdos de su padre, sus primeros libros, sus lecturas, su paso por la cárcel de Lecumberri, su amistad con José Revueltas y Elena Poniatowska

Foto: Archivo

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MÉXICO, D.F.- “Pequeño homenaje casero”, así calificaron Andrés, Jesús y José Agustín hijo, el homenaje a su padre, el escritor José Agustín, quien ayer en el marco de la 35 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, sostuvo una conversación entre familia, con sus tres hijos, todos escritores o artistas. 

Mediante preguntas sus hijos detonaron los recuerdos de su padre, sus primeros libros, sus lecturas, su paso por la cárcel de Lecumberri, su amistad con José Revueltas y Elena Poniatowska; sus maestros: Salvador Novo, Martín Luis Guzmán y Juan José Arreola. 

Como cascada los recuerdos del autor de “La tumba”, “De perfil”, “Ciudades desiertas” y “Cerca del fuego”. Sus años como brigadista en Cuba, cuando Fidel Castro les dijo: “esta experiencia será única en su vida, convivirán con campesinos, compartirán con ellos su casa y trabajarán en sus cultivos, a cambio, ustedes los enseñarán a leer y a escribir”. De esa experiencia nació “Diario de brigadista”, el primero de sus libros escritos, pero el último publicado. 

José Agustín rememoró pasajes de su vida y su literatura a petición de sus hijos: Andrés, su editor desde hace varios años; de Jesús, el neurólogo y escritor que ha seguido sus pasos y ha encontrado en las enfermedades mentales materia prima para la literatura; y de José Agustín, “Tino”, el más chico y un artista que ha decorado las paredes de su casa y su estudio en Cuautla, Morelos, donde el escritor vive desde hace varios años. 

Agustín leyó fragmentos de la novela inédita de José Agustín, que se podría llamar “la locura de Dios”, “La llave de la carretera” o “Hay agujeros en el fondo del abismo”. Allí están los temas y los personajes de José Agustín, la muerte, los personajes marginales, como él, el narrador que es un “persistente enfermo”. 

La conversación en familia, a la que acudió Margarita Bermúdez, la esposa de José Agustín y madre de sus tres hijos, abundó en situaciones familiares, en la sensación de los hijos de saber desde que eran niños que su padre era “un escritor a contracorriente” como lo llamó Andrés, un escritor al que la República de las Letras le ha escatimado todos los reconocimientos, igual que lo hizo con José Revueltas. 

Jesús habló de sus personajes, de su literatura virulenta, de su lenguaje mordaz; Andrés le dijo que sus primeros trabajos eran mucho más entusiastas, con más sentido del humor; pero luego “llegó la cárcel y tus personajes se volvieron oustsiders”, le preguntó qué tanto le marcó la experiencia de la cárcel y qué tanto lo influyó José Revueltas. 

José Agustín recordó la amistad con el autor de “El apando”, su trabajo juntos para hacer el guión cinematográfico de ese gran libro, sus experiencias cercelarias, sus enseñanzas. 

Andrés Ramírez Bermúdez, por su madre Margarita, sobre todo por sus hermanos Jesús y Agustín, le dijo: “Gracias por todo lo que diste, gracias porque fuiste un gran padre y un gran escritor”. 

 

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