Escala la violencia homicida
Las muertes violentas constituyen una de las agendas más duras de la cuestión social para México, y en particular, para el estado de Guanajuato. Más aún, porque en los últimos años la entidad había presentado niveles relativamente controlados de violencia, sobre todo de la violencia asesina, con una de las tasas de mortalidad por homicidio más bajas del país.
En efecto, la revisión histórica de los datos oficiales muestra cómo, entre 1991 y el año 2000, hubo más homicidios totales que entre los años 2001 y 2010, lo cual es de destacarse pues hace 10 años la entidad tenía mucho menos población que la actualmente existente.
Según los registros del INEGI sobre mortalidad por homicidios, entre los años de 1991 y 1995 se cometieron en la entidad 1,822 asesinatos, lo cual da un promedio anual de 364 fallecimientos a causa de lesiones o agresiones infligidas intencionalmente.
Posteriormente, entre 1996 y el año 2000, INEGI cuenta con registros de 1,374 homicidios, es decir, una suma menor en 448 casos con respecto al quinquenio anterior; reducción que también en términos de promedio representa un descenso a una media anual de
275 homicidios.
Para el periodo que va del año 2001 al 2005, la información oficial documenta un total de 1,045 homicidios, lo que implica un promedio de 209 asesinatos por año. Como puede verse, en el segundo quinquenio de la década antepasada, hubo un descenso de casi un 25% respecto del periodo anterior; mientras que en la primera mitad de la década que recién concluyó, se registra una vez más un descenso de 24% frente a los cinco años previos.
Sin embargo, a partir del año 2006 la tendencia se revirtió aceleradamente, pues entre el año señalado y el 2010, se contabilizaron 1,657 homicidios, lo cual representa un promedio anual de 331 casos al año, es decir, un incremento de más de 36% respecto a los cinco años previos.
Quizá lo más preocupante de lo anterior, es que si se toman sólo los últimos tres años de la década, es decir, del 2008 al 2010, la suma es de 1,232 asesinatos, es decir, un promedio anual de 411 casos, la cifra más alta para un trienio en los últimos 20 años.
Destaca por otra parte que del total de las víctimas de los casos de homicidio señalados, la inmensa mayoría eran jóvenes. En efecto, en el año 2010, dos de cada tres, es decir, el 66% de quienes fallecieron asesinados tenían entre 15 y 40 años de edad.
Según los registros de INEGI, de los 446 homicidios registrados en 2010, 43 tuvieron como víctimas a jóvenes de entre 15 y 19 años; 71 asesinatos terminaron con la vida de jóvenes entre los 20 y los 24 años de edad; 67 víctimas más tenían entre 25 y 29 años al momento de morir; 63 más tenían entre 30 y 34 años, mientras que 51 de las personas ultimadas tenía entre 35 y 39 años.
Como puede verse, es sumamente preocupante que la mayor cantidad de víctimas de los homicidios cometidos en Guanajuato el 2010, hayan sido jóvenes de entre 20 y 24 años de edad.
En la ruta de lo monstruoso
Si un asesinato es siempre condenable, lo es mucho más cuando su víctima es una niña o niño. En ese sentido, es de llamar la atención que en el 2010, INEGI reporta el asesinato de 5 niños menores de un año de edad. Frente a ello, cabe preguntar, ¿cómo se explica el homicidio de una niña o niño que aún no sabe ni caminar o es incapaz de expresarse todavía con palabras?
Aunado a lo anterior, se registra un homicidio de un niño que tenía entre 1 y 4 años, mientras que también se conoció de un caso de un homicidio de un niño que tenía entre 5 y 9 años. Finalmente, la información oficial da cuenta de 7 homicidios de niños o adolescentes que al momento de fallecer tenían entre 10 y 14 años de edad.
Llama poderosamente la atención que Celaya concentra a tres de los 14 casos señalados, dos más se presentaron en León, dos en Irapuato, y el resto se distribuyen en diversos municipios, con un caso en cada uno de ellos.
Comentarios finales
Guanajuato no escapa a la peligrosa y profunda espiral de violencia que se vive en todo el país. De este modo, resulta a todas luces falso que haya un “blindaje de seguridad” efectivo, y por el contrario se evidencia que las políticas tanto de persecución como de prevención del delito no están funcionando.
Debe reconocerse el nivel de alerta que ya recorre a la entidad, porque como ya se mostró, no sólo se trata de una violencia homicida vinculada al crimen organizado, sino que es una que alcanza a los más frágiles y vulnerables: a las niñas y los niños.


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