Don Víctor y sus metáforas de la vida
Don Víctor Castillo carga en sus brazos dos cajas de cartón. Luego de unos segundos de reposo porque los escalones lo agitaron, las abre y va mostrando figuras que ha elaborado a base de unicel y botellas de plástico: un nacimiento completo con todo y sus reyes magos, una catarinita, flores, un helicóptero…
...“nací en Guanajuato capital pero a los siete años como mi papá trabajaba repartiendo refresco nos trajo a León, aquí entré a segundo de primaria...”
Antes de contar por qué se ocupa en crear metáforas de la vida con esa materia muerta, repasa sus orígenes: “nací en Guanajuato capital pero a los siete años como mi papá trabajaba repartiendo refresco nos trajo a León, aquí entré a segundo de primaria, vivimos unos meses en la calle Camelia, después en El Coecillo, anduvimos de un lado para otro. Por la necesidad que había en mi casa a los doce años dejé los estudios y me puse a trabajar, me tocaba cuidar el camión, bajar las cajas, estar al pendiente”.
Al paso que ahonda en los recuerdos, los sentimientos le afloran. Tras su complexión robusta asoma un niño anhelando ternura: “siempre fui una persona extrovertida y aislada, siempre he sido gordito y tenemos la mala suerte que a los gorditos nos tiran con todo, además cuando me veía en el espejo, decía: no, pues llegué tarde a la repartición”.
La voz se le quiebra cuando invoca el amor de su vida: “a la mejor me hacía falta un poco de cariño, y por eso muy joven me animé a unirme con la que hoy es mi esposa. Ella trabajaba en una tienda de abarrotes y vinícola, yo repartía en un diablito equis cantidad de cajas, y como llegaba ahí diario empezamos a conocernos. Como a mí me gustaba mucho ver películas de pistoleros, un día que fuimos al Cinema Estrella –que ya no existe- me contó que sus papás se la iban a llevar al norte, ni veíamos la pantalla por estar platicando. Al sentir que la iba a perder, nomás de repente se me vino a la mente decirle: ¡me quiero casar contigo! ¿Cómo vez? ¿Te quedas a vivir conmigo? En ese mismo instante contestó que sí. Teníamos 17 años. Llevamos 39 de casados”.
Aunque ahora está desempleado don Víctor ha ejercido múltiples oficios para sacar adelante a la familia, incluido ser guardia de seguridad en una empresa. No hace mucho, en medio de su periplo para sobrevivir, un día observó en la calle a un joven que frente a una fotografía de la antigua estación de ferrocarril, le aseguraba a otro que con esa botella vacía del refresco que recién se había tomado era capaz de formar una locomotora.
Don Víctor, los escuchaba a la distancia. En cuanto llegó a su casa agarró una botella, pasó varias horas contemplándola, desde niño había convivido con esos objetos pero era como si ahora ese pedazo de plástico le hablara a su imaginación. Trazó en su pensamiento algunas ideas y así comenzaron a nacer las figuras que carga en sus dos cajas de cartón.
cronicandante@yahoo.com.mx
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