La responsabilidad de los partidos ante la crisis
La sociedad mexicana tiene la esperanza de que sus gobernantes encuentren los medios para devolverle aunque sea la paz de lo que los neo liberales llaman el viejo régimen, pues los discursos de los profetas del cambio ya no encuentran argumentos para estimular la fe en el advenimiento de tiempos mejores.
Sin embargo, alguien tiene que alertarla sobre la imposibilidad de encontrar salida, con los medios que actualmente utilizan los países del llamado mundo occidental, pues ellos mismos están cada vez peor, comenzando por España, que ha vuelto al mar a reconquistar colonias porque su sistema económico orientado por el neo liberalismo predicado en los años 80s. Por Reagan y la Tatcher, se agotó, cuando los mejor dotados de sus financieros, optaron por sustituir la producción de bienes, por la especulación del capital.
Todos los partidos políticos del país, contienen en sus documentos básicos, principios que han abandonado, deslumbrados por la idea de que la soberanía nacional debe ser recluida en los archivos muertos de los cerebros de sus gobernantes, so pena de sufrir lo que padecen Roberto Madrazo y Roque Villanueva, es decir, muerte política aún cuando gocen de cabal salud.
Los dirigentes de los partidos políticos deben reconocer y hacer un análisis crítico de la realidad que viven y de las consecuencias que habrán de pagar, si no son contratados por las empresas transnacionales como por fortuna ocurrió con Zedillo.
Las posibilidades de hacer resurgir productivamente la economía nacional sobre bases de un capital cada vez más escaso, cuando lo que abunda en el país es la mano de obra joven, es una realidad para reflexionar y encontrar políticos capaces de diseñar políticas públicas, capaces de aprovechar la única fuente de riqueza real, que es el trabajo.
Los partidos políticos, deberán poner a consideración de sus electorados, gentes con capacidad de gobernar y administrar los recursos disponibles para dejar atrás la esperanza fallida de un desarrollo fundado en el crédito, pues las deudas les tienen reservados aún enormes sufrimientos antes de liberar a las sociedades que disfrutaron bienes de la vida que no estaban capacitados para pagar.
Sin embargo, las generaciones que vendrán luego, se encontrarán con la capacidad de endeudamiento cancelada y la consiguiente carga de una sociedad adulta convertida en lastre, sin esperanza de un final digno. Por eso debemos cambiar la estrategia económica mediante la actuación de políticos, preparados para diseñar políticas públicas capaces de reactivar la economía apoyada en el trabajo.
Ciertamente el crédito ha sido un elemento importante para desarrollar las economías del mundo, pero ha generado una clase parasitaria, carente de solidaridad, acostumbrada a vivir con privilegios impensados para la inmensa mayoría de los trabajadores del mundo.
Todos los militantes de los partidos políticos habremos de preguntarnos si tenemos conciencia clara del problema que enfrentamos o permanecemos pasivos ante el sufrimiento e ignorantes de las catástrofes que nos asechan; pero lo toral, es saber si contamos con políticos capaces de enfrentar los problemas con soluciones o seguiremos prohijando secciones parasitarias en la sociedad.
Durante mucho tiempo el sistema educativo nacional mandó a la Ética de vacaciones, pensado que era un instrumento al servicio de subversión que ponía en peligro el patrimonio de los fuertes. Ahora nos encontramos con una sociedad dañada por la insensibilidad, que dice defender la vida y no se conmueve cuando ésta a sus ojos se comercia, con élites políticas, económicas y religiosas lastimadas por la insensibilidad.
El ser humano tiene derecho a vivir, disfrutando de su potencial racional, con aspiraciones a vivir libre y al mismo tiempo lograr la felicidad. Candidatos con capacidad para enfrentar el reto, son responsabilidad de todos los partidos políticos, por grandes o pequeños que sean sus padrones de militantes, apelar a la calidad, para que los poderes fácticos no encuentren fácil camino de la descalificación.
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