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Comas menos comunes

La Ortografía contempla varios usos de la coma: enumeración, explicación, enlace de enunciados, enfática, vocativo, de orden y de supresión. Las más comunes son las tres primeras. En otras ocasiones las he tratado con relativa amplitud. Por ello, hoy me referiré a las comas menos comunes, pero igualmente necesarias para la enunciación precisa. La confusión en su uso se debe a que el signo es el mismo y esto dificulta al lector distinguir estas opciones de la coma.  Iniciaré por las más sencillas. 

La coma de vocativo es aquella que introduce en la oración la persona a la que nos dirigimos. Recurrimos a ella para dar mayor énfasis. Ejemplificaré, estimado lector, en este mismo texto. A sabiendas que me está leyendo, introduzco la expresión «estimado lector». Estrictamente era innecesaria pues, ¿a quién más podría dirigirme sino a usted, como lector? He echado mano de ella para dar énfasis, para darle un giro de cordialidad al texto. Se llama coma de vocativo porque esta palabra designa a quien estamos invocando (por ello, en una carta, la sección que enuncia la persona a la que está dirigida se llama vocativo). Es aplicable en casos como: «Hola, Emilio». Pero es innecesaria si se usa un adjetivo (palabra que califica a persona, animal, cosa o concepto): «Estimado lector».

Un sentido similar es la coma enfática. Funciona para dar fuerza al texto o para remarcar el sentido: «Sí, sí estoy interesado en eso»; «No, no me interesa eso». También debe aplicarse con la mayoría de los conectores textuales: asimismo, igualmente, por otra parte, es decir, o sea, etcétera (palabras que auxilian al lector a seguir el pensamiento del redactor).

La coma de orden es la que indica en un enunciado o un nombre, orden diferente. En el primer caso, en disposición normal tenemos: «Cerramos la operación antes de conocer las cotizaciones finales del día»; en orden trastocado (para destacar el complemento): «Antes de conocer las cotizaciones finales del día, cerramos la operación».

Esta coma es la obligada en los nombres propios de personas que son enunciados iniciando por el apellido: «Martín Alonso, Jaime». De no haber coma, el nombre de pila sería «Martín», en vez de «Jaime». Muchas escuelas olvidan este uso y, peor aún, inician los listados de los apellidos con la preposición: *«De la Torre Sánchez, Juan»; cuando lo adecuado es: «Torre Sánchez, Juan de la». 

Finalmente, una coma sumamente complicada para dominar es la de sustitución de verbo. Normalmente se usa para evitar su repetición, por ejemplo: «Ella es arquitecta; él, abogado» (ella es arquitecta y él es abogado). En el segundo enunciado, la coma ha tomado el papel del verbo «ser». De esta forma se ha evitado la repetición de la conjugación en la misma persona gramatical. 

En una enumeración de oraciones que insinúa el mismo verbo sucede lo mismo: «El director general, en entrevista con un reportero; la secretaria, llevando información de todas las áreas; mi jefe, buscando datos de la nuestra; y yo, preparando gráficos para lo mismo». En todos los casos, incluso en la oración inicial, el verbo «estar» es sustituido por la coma. 


Premio Estatal de Periodismo Cultural 2009.

sorianovalencia@hotmail.com

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