Más gotcha
El próximo domingo, el panismo guanajuatense habrá de elegir a sus candidatos al Senado y a la Cámara de Diputados por el principio de mayoría en un escenario marcado por el intenso juego de pulsos entre los dos grandes poderes fácticos al interior de la llamada estructura y que si bien operaron juntos a la hora de aplastar a los rivales del ahora abanderado al gobierno del estado, Miguel Márquez, mantienen posiciones, intereses y agendas encontradas.
Tenemos al expresidente del Comité Directivo Estatal, Fernando Torres Graciano, al exgobernador Juan Carlos Romero Hicks y al diputado federal con licencia, Javier Usabiaga, que luchan por la primera fórmula, y de lo que resulte se podrá determinar, más allá de cualquier consideración o duda, quien realmente controla los hilos del poder partidista.
Esa masa permisiva y dúc-til que significa la militancia -tanto activos como adherentes- de la estructura formal y que ratificó en los hechos -una vez más el pasado 5 de los corrientes- que acata instrucciones y que se mueve por el sendero que se le marca, enfrentará sin embargo una condición que pondrá a prueba lealtades y visión de futuro: Fernando Torres Graciano y el gobernador Juan Manuel Oliva giran instrucciones en oposición, el primero a favor de su propia causa y el segundo por Romero Hicks. Usabiaga corre (aparentemente) por el sendero más sinuoso y accidentado ya que su gran asidero, el llamado Pacto de la Loma, no sólo se encuentra desarticulado, sino incluso abatido tras la estruendosa derrota de su abanderado, José Ángel Córdova Villalobos, y que le dejó en claro que aún se encuentran muy lejos de significar un contrapeso real al panismo “oficial”.
La apuesta de los que saben tomarle el pulso al llamado “sentimiento profundo” del sector duro del blanquiazul, coloca a Torres Graciano en primer lugar, a Romero Hicks en segundo y a Usabiaga en tercero, salvo por un detalle a considerar: si efectivamente Fernando mantiene el control sobre la mayoría y realmente se encuentra molesto por el apoyo que se le brinda, especialmente desde la Secretaría de Desarrollo Social a Juan Carlos, entonces Usabiaga quedaría en segundo, y no por el peso específico de lo que queda de La Loma, sino por una jugada de ajedrez que tendría por objetivo mandar un mensaje claro de poder y reducir en el inter (y lo más posible) a la “manzana coyuntural de la discordia” y que para mayores señas es también exrector.
Sin embargo los que esto sostienen obvian un detalle: Romero Hicks en tercer lugar significaría otra derrota del gobernador ante la masa blanquiazul y éste, una vez medio digerido el primer gran revés que significó la elección de dirigente estatal del partido y tras el reciente descalabro de su candidato a la presidencia, Ernesto Cordero (que perdió en el estado), no estaría dispuesto a restar ni un ápice más a su capital político y fama de gran operador. Si logra mover justo las piezas que se requieren, Romero Hicks quedaría en primer lugar, Usabiaga en segundo y Torres Graciano en tercero. Y nada más como anotación al margen, el beneficiado indirecto por el duelo, sería precisamente don Javier.
Son los juegos de pulsos, el desaseo propio de quienes confunden el quehacer político con los duelos de gotcha y que no han logrado superar sus filias y fobias personales, que no se permitieron superar los presuntos agravios y acusaciones de traición y que hoy mantienen al panismo del estado como rehén de agendas encontradas.
Nunca lograron entender que el verdadero enemigo se encuentra fuera de las filas del blanquiazul, condición que tarde o temprano habrá de pasar su factura. A ver cómo les va y si logran restablecer sus canales de comunicación y acuerdo, luego de lo que resulte el próximo domingo.
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