Lengua materna
La lengua materna es el idioma que aprendemos de nuestros padres. ¿Hablaban bien, hablaban mal?, ¿eran cultos, eran ignorantes? Eso es lo de menos. Nos dotaron de una forma de hablar, de expresarnos, de reflexionar. El idioma es el instrumento que nuestros padres nos dotaron para relacionarnos con la sociedad.
En el mundo, por desgracia, por esta razón se están perdiendo miles de lenguas nativas. Los factores económicos las están asfixiando... Muchos pueblos buscan afanosamente recurrir a las lenguas en que tienen mayor oportunidad de sobrevivir y con ello a sus hijos...
La lengua materna es una herencia cultural. Con ella vienen conceptos, valores, visiones, incluso actitudes. Ahí están los trabajos del estadounidense de ascendencia japonesa Toshi Konishi que lo demuestran. Con la lengua materna se recibe más de las simples palabras y sus significados. Se recibe todo el peso de nuestra cultura y de nuestra familia.
El próximo 21 de febrero se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna. La Organización de las Naciones Unidas, a través de la Unesco, promueve la conmemoración. La fecha fue seleccionada a partir de hechos desgraciados, en 1952, en los que perdieron la vida estudiantes en la actual capital de Bangladesh, Dhaka, entonces parte de Pakistán. En esa fecha, un numeroso grupo de estudiantes se manifestaba parapedir reconocimiento oficial a su lengua materna (el bangala): fueron masacrados. La intolerancia, la desgracia de suponer que el idioma oficial, mayoritario o el comercial es la única opción, hace que las otras lenguas sean minusvaluadas o hasta perseguidas.
La prueba misma está en la palabra «bárbaro». Ésta procede del latín, a su vez heredada del griego. Era aplicada a todos aquellos que no hablaban el heleno. Como la propia cultura griega suponía que los otros pueblos no tenían la capacidad para comunicarse de forma tan refinada como ellos, estaban seguros que los otros pueblos «balbuceaban» o «balbucían». Es decir, las palabras «bárbaro» y «balbucear» tienen el mismo origen: aquellos que no saben hablar correctamente y sólo se comunican con sonidos descoordinados.
Por desgracia ese sentimiento de incomprensión ha llevado a minusvaluar las lenguas económicamente no importantes. En el mundo, por desgracia, por esta razón se están perdiendo miles de lenguas nativas. Los factores económicos las están asfixiando. Las lenguas nativas están perdiendo la batalla frente a las necesidades económicas. Muchos pueblos buscan afanosamente recurrir a las lenguas en que tienen mayor oportunidad de sobrevivir y con ello a sus hijos: ya no reproducen su idioma nativo. Mi abuela recibió como lengua natural el zapoteco y con los años aprendió el español, pero nunca le escuché alguna palabra en esa lengua. Mi madre creció ya con el español como lengua materna (mi abuelo sólo hablaba español).
El caso de mi abuela no es único. La prueba está en los modernos juicios orales: cuando hay un indiciado de alguna etnia, éste tiene derecho a solicitar un traductor. En ello mismo se refleja el menosprecio: debía ser obligación del juez tener un traductor, no un derecho del acusado. Ese detalle, aunque parece una nimiedad, refleja que las lenguas indígenas no tienen el mismo peso que el español, en el que están redactadas las leyes. Ya ni qué comentar de la nula difusión de la legislación en lenguas naturales de México.
El respeto a las lenguas maternas se basa en que los demás las aceptemos, reconozcamos y demos el mismo nivel que la heredada a nosotros.
Premio Estatal de Periodismo Cultural 2009
sorianovalencia@hotmail.com
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