¿Hasta dónde debe llegar la lucha electoral?
Los partidos políticos son instrumento para salvaguardar los valores tutelados por la Constitución, cuyo aniversario de promulgación recientemente celebramos. El máximo ordenamiento normativo, creó condiciones para hacer del sufragio universal, un instrumento para volver irreversible el concepto de soberanía radicada en el pueblo.
Los partidos políticos son los entes jurídicos cuya responsabilidad fundamental consiste en poner a consideración de la soberanía popular, quienes habrán de representarla para fiscalizar y legislar con el fin de hacer factibles propósitos tan nobles como La justicia social, a través de la cual el ciudadano ejerce con dignidad su categoría de persona humana.
Cuando en México rigió la presencia de un partido dominante, pudo mantenerse en el poder por su vocación incluyente. La mayoría de los partidos del mundo, representan a determinada clase social, a un grupo empresarial poderoso, intereses de empresas transnacionales, a comerciantes o industriales. En su tiempo de partido defensor del proyecto constitucional, se dio a la tarea primero de alcanzar la paz social, mediante la inclusión en su seno, diversas corrientes del pensamiento y por supuesto de intereses.
Sin embargo logró como expresión democrática la capilaridad social y con ella la posibilidad de escalar posiciones políticas, económicas y sociales, sin importar el origen social de quienes aspiraban a desempeñarse en las distintas actividades económicas e intelectuales que ofrecía la realidad social de aquella época.
Con la presencia cada vez más influyente de los poderes de hecho en la vida política y económica, los partidos tendieron a representar a distintas clases sociales sin declararlo con precisión. Sin embargo parece llegado el momento de encontrar la forma de proteger a los grupos desplazados del fenómeno de la capilaridad, pues si bien es cierto que las nuevas generaciones tienen mayores facilidades para acceder al conocimiento, por otra parte, la posibilidad de alcanzar una vida digna, se vuelve cada vez más difícil.
Muchos dirigentes de partidos políticos, pudieron adquirir sus cargos por los efectos de ese fenómeno de capilaridad social y su obligación moral, es crear condiciones para impulsar el progreso de mayor cantidad de gente, para evitar el conflicto social originado por la marginación, que se vuelve una pena tan pesada como el cautiverio, especialmente cuando se ha disfrutado de niveles aceptables de bienestar y luego se han perdido.
Los dirigentes de los partidos políticos deben tener presente que su fuerza radica en el apoyo popular; que si bien es importante tener un padrino económicamente poderoso, éste debe tener la calidad moral suficiente para condolerse del sufrimiento ajeno y no conformarse con aparecer generoso, sino trabajar para que un mayor número de sus semejantes accedan a la posibilidad de vivir como seres potencialmente racionales y libres.
Los militantes de los partidos políticos no deben buscar la destrucción de sus opositores sino convencerlos para que se incorporen a lograr modelos económicos capaces de producir bienestar para un mayor número.
Los partidos políticos son producto de la evolución de las sociedades, pero su vigencia conforme a la intención que los creó, depende del trabajo cotidiano de quienes habiendo accedido al conocimiento y al disfrute de los bienes, pueden realizar un trabajo en beneficio de sí mismos y de un número creciente de sus congéneres en condiciones tales que ambos disfruten de los bienes que sólo es posible disfrutar cuando se tiene casa, vestido, sustento, educación y la certeza vivir al lado de seres potencialmente libres y felices.
Los partidos no deben llegar a conducirse como si fueran pandillas, pues en esas condiciones, serán incapaces de generar mujeres y hombres comprometidos para asegurarles una vejez feliz, a la que se disfruta cuando la están lejos el hambre y la soledad.
Quien agrede sin misericordia a su adversario político no será capaz el día de mañana de proteger la vida y menos aún de trabajar altruistamente por el bien de la sociedad. El bien de la sociedad se alcanza cuando los mejores productos humanos dedican su vida a verla florecer en el inmenso jardín que conforma la humanidad.
Generar políticos capaces de combatir el odio con el perdón, requiere la sociedad en esta etapa de confusión y egoísmo. Si nos detenemos a meditar un poco y nos proponemos romper la cadena de las injusticias, estaremos colocando la primera piedra de una sociedad justa, donde la política sea el arte de hacer el bien, dando a cada quien lo que necesite para ser feliz. Hacia ese rumbo deberá conducir la lucha electoral.
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