Disparo en la cabeza
La llaman “veda electoral”, pero todos saben que se trata de la más grosera expresión de la censura oficial; eufemismo que pretende olvidar la brutal censura que imponían los gobiernos priistas --de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado--; pero que hoy imponen con singular alegría el PAN y el PRD, tan autoritarios y carentes de cultura democrática, como el viejo PRI.
La “veda electoral” consiste no sólo en la cancelación total de las actividades proselitistas de los partidos políticos y sus candidatos, sino que se extiende a los medios y a los periodistas, a los que se coarta bajo la amenaza del cadalso, “si cometen el pecado” de ejercer periodismo, simple y llanamente.
Y los autores de ese peligroso retroceso democrático y del atentado a libertades fundamentales --como la libertad de expresión--, son los mismos que alegremente pidieron el voto antes del limbo político electoral llamado “intercampaña”; y los mismos que pedirán el voto a partir del 30 de marzo, cuando arranquen las campañas formales.
Es decir, que hoy los ciudadanos no sólo somos víctimas de una ley electoral mal hecha y profundamente antidemocrática, sino que esa ley ya es lo más parecido a un tiro en la cabeza de los candidatos que aparecen en segundo y tercer lugar de las preferencias electorales. Y, claro, hablamos del colero, Andrés Manuel López Obrador, y de quien ocupa la segunda posición, la señora Josefina Vázquez Mota. Pero vamos por partes.
MORDAZA Y ESTUPIDEZ
¿Por qué es posible decir que la vigente ley electoral es la moderna versión de la censura oficial que presionaban los gobiernos autoritarios y nada democráticos del viejo PRI?
La respuesta es elemental y, más aún, de sentido común. Porque la ley electoral vigente --que hoy prohíbe a los partidos y a sus candidatos la realización de actos de campaña--, no sólo se queda en la limitante de tiempo para la realización de actividades proselitistas, sino que se traslada a los medios --como moderna mordaza oficial--, y llega al extremo de cancelar la libertar de expresión, en materia político electoral.
Es decir, que si los candidatos presidenciales no pueden realizar los llamados “actos anticipados de campaña”, los periodistas no pueden llevar a cabo su actividad profesional, so pena de ser acusados de prestarse y/o venderse al proselitismo de tal o cual partido y tal o cual candidato.
Y en respuesta a los señalamientos de que la autoridad electoral censura a los medios y ejerce la mordaza oficial, el IFE y el Tribunal Electoral se lavan las manos y complacientes aseguran que los periodistas pueden entrevistar candidatos, pueden difundir piezas periodísticas, pero siempre y cuando “no hagan proselitismo; no realicen actos anticipados de campaña”.
La autoridad electoral no sólo miente --mienten los sacerdotes del IFE y del Tribunal Electoral--, sino que engañan a los ciudadanos y a los periodistas, a los que consideran poco menos que retrasados mentales. ¿Por qué? Porque el sentido común indica que a un político y a un candidato a puesto de elección popular, no se le puede hablar más que de política y de sus ambiciones a cargos de elección popular. ¿O de qué otro tema sería periodísticamente interesante, entrevistar a un político y/o candidato a puesto de elección popular?
¿Será que los genios del IFE y del Tribunal Electoral, pretenden que se hagan entrevistas sobre el clima, las glaciaciones, la historia del universo o la sexualidad de los insectos en el desierto, con los aspirantes presidenciales, a jefes o jefas de gobierno del DF; o pretensos a gobiernos estatales?
VUELTA AL PASADO
Hace tres o cuatro décadas, los cínicos gobiernos de Gustavo Día Ordaz, Luís Echeverría y José López Portillo --entre otros cinicazos del estilo--, pregonaban que en México había democracia y libertad de expresión, pero reprimían estudiantes, mataban disidentes, desaparecían adversarios políticos, mataban periodistas, amordazaban medios y torturaban a líderes sociales.
Cuando algún incauto preguntaba sobre esas expresiones de barbarie, de ofensiva antidemocracia y de censurable cancelación de libertades básicas, esos gobiernos argumentaban que eran casos aislados de los enemigos de México.
Hoy los gobiernos del PRI en los estados, de izquierda en la capital del país y del PAN en el gobierno federal, pregonan democracia y libertad de expresión, pero pueden emprender acción penal contra un periodista que le pregunte a un candidato presidencial, “¿por qué quiere ser candidato presidencial? Y claro, al medio que difunda esa pregunta y su respectiva respuesta, le pueden cancelar la concesión –si se trata de radio o televisión-, y le impondrán una fuerte multa si es prensa escrita. Esa es la moderna ley.
Pero lo más curioso es que esa misma ley le puede quitar el registro a un partido, descalificar de la contienda a un candidato y, en el extremo, anular una elección. Y claro, esa ley –según los sabios del IFE y los sacerdotes del Tribunal Electoral--, puede decidir entre lo que es periodismo, mal periodismo o buen periodismo: tienen los consejeros del IFE y los ministros del Tribunal, la facultad de quitar libertades básicas, como la libertad de expresión y pueden sancionar a un medio que, según su chabacano criterio, hace mal periodismo. De ese tamaño.
EL PUNTERO, INTOCABLE
Pero lo verdaderamente simpático de la moderna ley mordaza, es que esa ley, que debía ser parte del pago político a Andrés Manuel López Obrador por el atropello que habría sufrido al ser derrotado en las urnas, es la misma que hoy tiene prácticamente en la lona la candidatura presidencial López Obrador. ¿Por qué?
Porque a poco más de cuatro meses de la elección presidencial, prácticamente no tiene tiempo para remontar del 18% de las preferencias, al 40% de las simpatías que tiene Peña Nieto. Y menos le alcanzará con la veda electoral. Es decir, AMLO no sólo está cansado y no sólo enfrenta los estragos físicos de una década de liderazgo incansable, sino que está muerto políticamente.
Y algo similar le ocurre al segundo lugar de las encuestas, a la señora Josefina Vázquez Mota. La candidata del PAN llegó tarde a la contienda presidencial --en su etapa de precampaña--, lo que le limitó la posibilidad de crecer y alcanzar a Peña Nieto. Los 45 días de veda –en el caso de no existir--, habrían sido oxígeno puro para la señora Vázquez Mota. Sin embargo, será muy difícil que en 0 días efectivos de campaña, pueda remontar los casi 20 puntos de diferencia. ¿Y para quién trabajaron AMLO y el PAN? Sí, para el regreso del PRI. Al tiempo.
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