68 años amándose

El día está nublado. Es martes 14 de febrero. En La Tapona, comunidad localizada a escasos kilómetros de la cabecera municipal de San Felipe Torres Mochas, don Filiberto y doña Adela viven su amor en las cosas sencillas. Es la hora de la comida y en la cocina de su humilde vivienda, ella batalla para maniobrar en la estufa y guisar los frijoles con blanquillo. Sus ojos están casi ciegos y sus oídos ya no alcanzan a distinguir las palabras. Como invocando los últimos rasgos de luz en su mirada, con muchos esfuerzos mueve la cacerola, mientras él arrima los ingredientes. Una olla con té de guayaba y canela comienza a hervir, el aroma se esparce.
Al terminar los guisos, doña Adela dice generosa: “sírvanse, porque yo ya no miro bien, hay hago las cosas pero con batalla, sírvanse con confianza huevo y frijolitos porque se enfrían, también ahí está el azúcar y las tazas. A estas horas batallo mucho, solamente en la mañana algo veo pero ya en la tarde de a tiro no puedo”
Don Filiberto también insiste en compartir su mesa; “sírvanse un taquito aunque sea, humildemente”. Cuando los platos están listos, solicita una pausa: “para vida de tomar este alimento les pido un intermedio para que hagamos una oración: Enviar señor tu santa bendición sobre nosotros/ y sobre estos alimentos que vamos a tomar/ “recebidos” de vuestra santa voluntad. Padre nuestro que estás en el cielo/ santificado sea tu nombre/venga a nosotros tu reino... ¡Sírvanse canela! Le dije a mi esposa que hiciera una cosa calientita, una agüita para el frío”
Mientras hace taco una tortilla cuenta de sus vivencias pastoreando reses, de sus conocimientos para sembrar frijol, calabaza, trigo, cebada, y de su largo andar en la albañilería. Este hombre de 85 años cumplidos nació aquí en la comunidad, pero no es un campesino común, pues se trata de un antiguo y reconocido capitán de la llamada Danza de Indios Brutos, tradición que se distingue por los diestros movimientos de machete al ritmo del banjo y por acompañar las festividades patronales en municipios como León, San Felipe, Silao, Ocampo, Lagos de Moreno. Desde 1943 hasta 2004 recorrió ciudades y pueblos ejerciendo ese destino que considera como un llamado de Dios
Afuera empiezan a caer gotas de lluvia, el paisaje abundante en mezquites palidece bajo la nublazón. Don Filiberto, dirigiendo la mirada a su esposa, con esa voz clara y precisa acostumbrada a dar indicaciones en campo abierto a sus danzantes, afirma: “Nos casamos hace 68 años. Ora sí como dice el dicho, hemos pasado una vida feliz por voluntad de nuestro señor, no reniego de mi matrimonio y tengo el pensamiento de que sólo nos separaremos hasta el fin de nuestra vida”.
Sentada en la puerta de la cocina, doña Adela lo observa con cariño. La lluvia arrecia y hay truenos, como si esta confesión de amor transparente hubiera desatado fiesta en el cielo.
cronicandante@yahoo.com.mx
Publicar tu comentario