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Los restos del naufragio

 

La elección de candidatos panistas al senado y a San Lázaro que se llevó a cabo ayer en Guanajuato despeja algunas dudas. La primera y tal vez más importante en términos de futuro es que la estructura formal sigue profundamente dividida, fraccionada y que en su todo, el panismo no es otra cosa que una suerte de buque que ha naufragado y que de sus restos, aún no se logra construir ninguna otra embarcación.

En números cerrados, el exdirigente estatal, Fernando Torres Graciano, logró algo así como 44 de cada 100 sufragios emitidos, contra 33 del exgobernador, exrector y gran apuesta del mandatario Juan Manuel Oliva, Juan Carlos Romero Hicks, y 22 del representante de La Loma y diputado federal con licencia, Javier Usabiaga.

En suma, tres personajes que representan proyectos y visiones, no sólo distintas, sino hasta encontradas, de lo que es el partido y para qué sirve tener alguna influencia entre esa masa permisiva que significa la mayoría de la militancia, tanto activos como adherentes, del PAN en el estado.

Tal vez cometería un exceso el que en primera lectura levante la mano de Torres Graciano como el gran vencedor de la contienda, ya que si bien éste demostró tener mayor peso que el gobernador al interior el partido, no logró lo que hubiera significado realmente la prueba de que lo controla, un Romero Hicks en tercer lugar. Ese 33 por ciento de la votación demuestra que Juan Manuel Oliva aún tiene hilos en lo profundo y que además, no se ha oxidado del todo y sabe manejarlos. 

Sin embargo, a ninguno le alcanzó para poder cantar victoria con toda solvencia; ambos deben tener muy claro hoy que si algo han logrado con sus diferencias, con esa creciente dificultad de limar asperezas y perdonar supuestos agravios, es literalmente partir en dos a la estructura del llamado panismo “oficial”.

Con el tercer lugar en el bolsillo, Javier Usabiaga denuncia un proceso inequitativo, pero en el fondo no se trata sino de un poco más de lo que el Pacto de la Loma sufrió el pasado 5 de los corrientes, una probadita a manera de recordatorio de que el sector del panismo al que representa se encuentra muy lejos aún de significar una oposición con opción real de triunfo sobre la maquinaria del partido hecho gobierno.

En suma un gigantesco buque que hizo agua por el mismo peso de sus inconsistencias, de sus desvíos doctrinarios; por el hecho de nunca haber soltado el lastre del pragmatismo político-electoral y que por añadidura, actualmente debe pagar la factura de haber permitido en los hechos tener dos capitanes con un especial gusto por dar manotazos al timón. El naufragio era consecuencia inevitable.

Lo más grave para la marca, es que de los restos de este otrora gigantesco buque, aún no se construye una nueva embarcación, ya que simplemente los que hoy se mantienen agazapados en sus respectivas balsas salvavidas no terminan de ponerse de acuerdo y establecer el justo medio entre lo que quieren, lo que es posible y lo que realmente le conviene a ese partido que tan generoso ha sido en cobijar sus intereses. 

airigoyen@vimarsa.com.mx

 

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