GUANAJUATO: el costo de la pobreza

México vive una verdadera emergencia nacional producto de una sequía cuya intensidad y efectos no se habían visto desde hace al menos 100 años. No obstante, existe una diferencia fundamental: en pleno siglo XXI, contamos con los recursos suficientes como para lograr una dieta diaria de al menos 2,500 calorías para cada uno de nuestros habitantes.
En este contexto, Guanajuato es una de las entidades afectadas por la intensa sequía, por lo que millones de personas que viven, en y del sector rural, están padeciendo no sólo los resultados de la falta del agua para el cultivo de la tierra, sino sobre todo de años de pésimas políticas públicas tanto del gobierno del estado como de los municipios.
Desde hace al menos 10 años, numerosos investigadores y académicos habíamos advertido que de continuar gobernando –hoy valdría decir “desgobernando”- con base en los criterios impuestos por la lógica tecnocrática y neoliberal, los resultados serían sumamente perniciosos para amplias franjas de la población.
De manera infortunada el tiempo nos ha dado la razón, y hoy tenemos que enfrentar como país y como Entidad, la vergüenza de estar al borde de la hambruna, así como ante condiciones en las que se están intensificando los riesgos de enfermarse o incluso morir por desnutrición.
Hace pocos días, Felipe Calderón sostuvo que “nadie va a morir por falta de agua o alimentos”; el problema de su afirmación no se encuentra solamente en su simpleza, sino sobre todo, en lo terrible que significa que el Jefe del Estado Mexicano no tenga idea de que en el país, en la última década y según las cifras oficiales de INEGI, ha muerto un promedio anual de 8,500 personas a causa de la desnutrición.
Peor aún resulta el silencio y la omisión del gobernador Juan Manuel Oliva y de sus anodinos secretarios del Gabinete Social, incluido el secretario de Desarrollo Agropecuario.
¿Por qué la secretaria Alejandra Reynoso no ha llevado a cabo un replanteamiento de las políticas y programas de desarrollo social? ¿Están guardando los recursos para utilizarlos en el periodo electoral? ¿Y qué decir de Gerardo Morales Moncada, quien hasta ahora ha guardado una posición anodina ante la catástrofe del sector rural guanajuatense?

Por otra parte, ante la dimensión del hambre, resulta ofensiva la política de dispendio en comunicación social que sigue la presente administración estatal. Con Juanita de la Cruz a la cabeza, en el presente sexenio se ha desarrollado una siniestra política de “pan y palo” en la relación con los medios de comunicación, amén del desarrollo de una serie de estrategias de propaganda diseñadas para la mentira o el ocultamiento de la información.
Sostenía el poeta Brecht que morir de hambre es morir asesinado. Hace 6 años, el director general de la FAO, Jaques Diuff, sostenía que la muerte de miles de niñas y niños por hambre, constituye uno de los peores asesinatos imprudenciales en masa que hemos construido como sociedad.
Por ello, con el ánimo de denunciar y de mostrar la magnitud de la vergüenza social que hoy pesa sobre nuestra entidad, a partir de esta semana publicaremos, en un esfuerzo conjunto con el periódico Correo, una nueva serie de artículos que, a lo largo de 15 semanas, ofrecerán un ejercicio comparativo sobre las condiciones de pobreza, mortandad, hambre y rezago que persisten en Guanajuato.
Nuestro estado: tierra de hambre y desolación
Sería muy importante que alguien le informara al gobernador, que en la última década en Guanajuato han fallecido 5,418 personas a causa de la desnutrición; es decir, carencia calórica o proteica para mantener las funciones vitales del organismo humano.
Para los cinco años que corresponden a esta administración y para los cuales hay información oficial disponible, el número de fallecimientos por desnutrición asciende a 2,510, teniendo los peores indicadores en los años 2009 y 2010 en los cuales se contabilizaron 525 y 542 decesos por la causa señalada.
Más de un muerto por desnutrición al día será la penosa herencia que deje esta administración, y es sobre este tipo de indicadores sobre los que, por ejemplo el Congreso, debería poner atención pues la pretendida corrupción que ha inundado a este sexenio, tiene una de sus peores traducciones en la frustración y desesperanza que genera el hambre.
Sólo el municipio de León, en el que durante años se ha pretendido hacer creer que se han alcanzado importantes niveles de desarrollo, en la década señalada se han contabilizado más de 1,200 fallecimientos por desnutrición, lo cual lleva una vez más a la pregunta ¿qué están haciendo los gobiernos municipales con los inmensos y cuantiosos recursos que reciben cada año?
Como puede verse, la situación social que nos revelan estas cifras debería ser motivo suficiente para generar una nueva lógica de diálogo y debate en torno a la cuestión social.
Ante tal contexto hay quienes creen -como lo hacen los actuales funcionarios- que haciendo más de lo mismo se solventará esta crisis, asumiendo la lógica del “ya pasará”. Por el contrario, hay quienes creemos que es hora de la justicia y la dignidad para los pobres y los desposeídos, y que la primera batalla que debemos ganar está en el terreno de las ideas.
* Director de investigaciones de CEIDAS