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Samba sin silicona, el nuevo reto del carnaval de Río

El mundialmente famoso carnaval está en busca de lo natural

El mundialmente famoso carnaval está en busca de lo natural. Foto: Especial

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RIO DE JANEIRO, Brasil.- Se buscan bailarinas en topless para el Carnaval. Puede parecer algo simple en una ciudad conocida por sus clubes nocturnos, bacanales fiestas de playa y los desfiles de carnaval con bailarinas desnudas cubiertas apenas por un "tapa sexo", un parche del tamaño de una hoja que sirve, literalmente, para cubrir el sexo.

Pero el anuncio reciente tiene una condición. Las mujeres buscadas por Mocidade Independente Padre Miguel, una de las escolas de samba más conocidas de Río de Janeiro, no pueden tener implantes de silicona.

En homenaje a una era pasada, Mocidade buscaba bailarinas sin los senos ni "bumbums" o nalgas globulares que dominan el espectáculo, una fiesta de una semana de duración para purgar los pecados antes del ritual católico de la Cuaresma.

"No fue fácil", dice Paulo Menezes, director artístico del grupo, una de las 12 principales escolas de samba que desfilarán en el Carnaval de Río a partir del 2 de marzo. "La mayoría de las mujeres que quieren participar en algo así se han hecho alguna cirugía".

Brasil, un país obsesionado con la belleza, tiene uno de los niveles de cirugía estética más altos del mundo. Con dos tercios de la población, está apenas atrás de Estados Unidos en cantidad de cirujanos plásticos y operaciones, según la Sociedad Internacional de Cirujanos Plásticos Estéticos.

El Carnaval es también sobre artificios.

Los desfiles en el Sambódromo de Río de Janeiro, una avenida de 700 metros con gradas a ambos los lados, son multimillonarias producciones de disfraces, música y teatro. Cada escola de samba es un regimiento de bailarines, percusionistas y vedettes. Mocidade, por ejemplo, tiene 4.000 integrantes.

Los cuerpos naturales de Mocidade son vistos como un pequeño guiño a una tendencia que por lo menos ha llevado el Carnaval un poco hacia sus raíces. Aún dominado por desfiles transmitidos en vivo por la televisión, durante los últimos años el Carnaval vio resurgir los desfiles callejeros y fiestas en los barrios donde todo empezó.

"Hay más variedad que nunca antes y un deseo por cosas un poco menos producidas", dice Haroldo Costa, un veterano del Carnaval y autor de un libro sobre la historia del festival. "Eso está haciendo las cosas más auténticas y más populares".

En Río de Janeiro, escenario del carnaval más conocido de Brasil, se espera que 5 millones de personas participen en la fiesta este año, un 20 por ciento de ellos turistas. Según el ayuntamiento, el evento inyectará unos 700 millones de dólares a la economía de la ciudad.

LA BUSQUEDA

Para encontrar 22 bailarinas sin implantes de silicona, que desfilarán encima de la primera de sus nueve carrozas, en octubre pasado Mocidade hizo correr la voz por las redes sociales.

Las candidatas debían enviar una fotografía, datos personales y las medidas de su cuerpo para fabricar las diminutas pero costosas medias, arneses, botas y adornos que llevarán las elegidas.

Cada traje, a un costo de unos 1.200 dólares, es decorado con brillantes de fantasía y cuentas y adornado con plumas de faisán y gallo.

Incluyendo carrozas y otros gastos, Mocidade gastará este año unos 2,5 millones de dólares, financiados por los derechos de transmisión de televisión, subsidios culturales del gobierno y contribuciones de los aficionados.

Al comienzo la respuesta fue lenta. Muchas de las mujeres que se postularon no entendieron bien los requisitos.

Algunas mandaron fotos que no dejaban ninguna duda de sus intervenciones quirúrgicas. Hubo quienes mandaron fotografías sólo de sus senos, lo que no fue suficiente para que Mocidade tomara una decisión. Otras postulantes, entre ellas una de 60 años, no encajaban dentro del perfil buscado.

"Ella no era exactamente lo que estábamos buscando", dijo Menezes, en su oficina sobre un galpón donde la escola realiza los preparativos finales para el desfile.

En el galpón decenas de trabajadores están todavía soldando y pintando las carrozas y esculturas gigantes de bueyes, de campesinos y otras caricaturas rurales que las adornarán.

Lo que Menezes quería era variedad. Y aunque demoró varios meses, lo consiguió.

Las bailarinas seleccionadas oscilan entre 18 y 46 años de edad. Algunas son altas, otras bajas. Y ninguna tiene las líneas perfectas que aparecen en las portadas de las revistas.

"Nunca pensé que podría participar en algo como esto", dice Duza Alves Barbosa, la bailarina más veterana, que trabaja como vendedora en una joyería. "Yo corro, yo me cuido. Pero no tengo uno de esos cuerpos que ves por la televisión".

El lunes por la noche, algunas de las mujeres se reunieron en una plaza junto a la estación de tren en el humilde suburbio de Bangú. Miles de miembros de Mocidade, la mayoría vestidos con los colores verde y blanco de la escola, confluyeron en la plaza para uno de los ensayos finales.

Poco antes de la medianoche, la procesión arrancó, liderada por los legendarios percusionistas de la escola, una batería de 280 músicos llamada "Não Existe Mais Quente", o "No existe otra más caliente".

Glauce Costa, una secretaria de 32 años y madre de un hijo, bailaba frenéticamente y sacudía su cuerpo, haciendo revolear las borlas de su vestido blanco.

Durante el desfile, parada sobre una pequeña plataforma encima de la carroza, tendrá que ser menos enérgica.

"Allí voy a tener que sonreír y saludar con la mano", dijo. "Es una lástima que no podamos bailar. Ya que tendremos el pecho destapado, sería más bonito que rebote".

Pero de todas formas habrá mucho movimiento en otros lados.

Las mujeres, al final de cuentas, son apenas una parte de un desfile largo y diverso. Y los funcionarios de Mocidade aseguran que no están tratando de hacer una declaración contra la cirugía plástica.

De hecho, Menezes dijo que la mujer que llevará la bandera de Mocidade, una figura crucial en el desfile, tiene implantes.

Jessica Gomes dos Santos, la más joven de las bailarinas sin silicona, dice que quizás aumente sus curvas una vez que termine los estudios de psicología. "No me vendría mal un bumbum mayor", dijo, dando una palmada en sus esbeltas caderas.

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