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En 2013, el año de Edward Snowden

El exanalista de la CIA alimentó temores a un "Big Brother" estadounidense

El exanalista de la CIA alimentó temores a un "Big Brother" estadounidense. Foto: Especial

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WASHINGTON, EU.- Las revelaciones en 2013 del analista informático Edward Snowden sobre el espionaje estadounidenses provocaron una tempestad diplomática y temores ante un Estados Unidos todopoderoso e inquisidor.

La onda expansiva causada desde principios de junio por las revelaciones de Snowden, devenido a sus 30 años en informante solitario, provocó una fuerte sacudida.

Prófugo de la justicia tras ser acusado de espionaje y tachado de "traidor" por unos y de "héroe" por otros, Snowden obtuvo un asilo temporal en Rusia.

El joven filtró a la prensa, principalmente al diario británico The Guardian, decenas de miles de documentos que detallaban las capacidades de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), que hasta ese momento estaban rodeadas de secreto.

Tan en las sombras estaba la NSA, que se decía que sus siglas realmente significaban "Never Say Anything" ("Nunca digas nada").

Snowden, que fue considerado por Time como el segundo personaje del año después del Papa, dijo a la revista que decidió desafiar sus obligaciones cuando tuvo consciencia del alcance de los programas de vigilancia.

"Lo que más nos preocupa no es que esta vigilancia pueda ocurrir teóricamente, sino que fue hecha sin que la mayoría de la sociedad ni siquiera fuera consciente de que era posible", dijo a Time en una entrevista por correo electrónico.

Con la multiplicación de las revelaciones, el mundo descubrió con pavor la extensión de los programas de vigilancia electrónica de la NSA.

Organizaciones estadounidenses de defensa de las libertades individuales y la vida privada denunciaron entonces la existencia de un "Big Brother", en alusión a la novela "1984" de George Orwell.

El escándalo llevó al presidente Barack Obama a prometer desde agosto reformas para incrementar la "transparencia" de los programas de vigilancia. Washington también tuvo que lidiar con la ira de sus aliados.

Pero "no habrá cambios mayores", pronosticó James Lewis, experto del CSIS, un grupo de reflexión de Washington, en declaraciones a la AFP.

Minoría ruidosa

Aunque entre "20 y 25% de los electores", una "minoría ruidosa", manifiesta su oposición a estos programas, la mayoría de la población consiente estas intromisiones en la vida privada en nombre de la seguridad, dijo el experto.

El problema es que "las personas no han comprendido verdaderamente la diferencia entre recolectar datos y leerlos. Nadie puede leer 70 millones de correos, pero se pueden utilizar máquinas para identificar a quienes tienen nexos con el terrorismo", indicó.

Uno de los programas, instaurado por la famosa Patriot Act votada en 2001, prevé la recolección de metadatos, obligando a las operadoras telefónicas estadounidenses a entregar a la NSA estos datos, que incluyen los números marcados, la hora y la duración de las comunicaciones.

Esta recolección de datos sobre las comunicaciones de simples ciudadanos estadounidenses llevó al Congreso a intentar encuadrar mejor las actividades de la agencia.

Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, la NSA se ha beneficiado de un "margen de maniobra inmenso y ha aprovechado cada milímetro", estimó Gordon Adams, profesor de la American University en Washington.

Gordon opinó que "básicamente suprimimos cualquier control sobre la comunidad de inteligencia".

Otro programa, bautizado PRISM, que para la NSA es la "herramienta más importante", abarca las actividades en internet de millones de personas en el mundo, con la ayuda de gigantes estadounidenses como Microsoft, Apple, Google o Facebook.

Estas empresas tienen temor hoy por la pérdida de confianza de sus clientes y piden una "reforma de las prácticas gubernamentales de vigilancia en el mundo".

Asimismo, la NSA graba todos los días información de cientos de millones de teléfonos portátiles, y escuchó los móviles de dirigentes extranjeros, entre ellos el de la canciller alemana, Angela Merkel.

Posición incómoda

Estas revelaciones han colocado al presidente Obama en una posición incómoda frente a sus aliados europeos, además de Brasil y México, aun cuando los responsables estadounidenses no dejan de asegurar que los socios de Washington se benefician directamente del espionaje de la NSA, con la que de hecho colaboran.

"Las reacciones internacionales fueron sorpresivamente débiles, porque los líderes extranjeros saben que sus propios servicios de inteligencia realizan actividades similares", estimó Karen Kornbluh, experta del Council on Foreign Relations (CFR).

A su juicio, "la principal amenaza a largo plazo es para la propia salud de internet".

"Las revelaciones (de Snowden) pueden brindar una justificación a algunos gobiernos foráneos que enfrenten preocupaciones económicas o de privacidad, para ejercer un mayor control sobre el flujo de datos", indicó.

Hasta ahora, solo un 1% de los 58.000 documentos entregados por Snowden han sido divulgados, según un responsable de The Guardian. Pero para James Lewis, lo peor de la tormenta para el gobierno estadounidense puede haber quedado atrás.

"Será difícil que se produzcan más revelaciones espectaculares. Se podrán seguir dando a conocer detalles específicos que afecten a los programas de espionaje, pero el efecto político ya se logró", consideró.

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