La actriz reconoce no sentir presión alguna tras dos nominaciones al Oscar a la hora de elegir una película
LOS ÁNGELES.- Al igual que su protagonista, Bradley Cooper, en la cinta Los juegos del destino y por la que ambos están nominados, Jennifer Lawrence tiene un especial magnetismo que encaja perfectamente bien con sus ojos azules y una gran sonrisa.
¿Después de haber recibido una primera nominación se siente cierta presión de buscar una película donde finalmente puedas ganarlo?
Realmente no siento demasiada presión, porque me van a pagar igual si encuentro una película buena o una mala.
¿Qué tan difícil es encontrar opciones que mantengan el mismo nivel de cine?
Por suerte, no hay tantos guiones buenos en Hollywood, así que nunca fue tan difícil para mí. Cuando llega un buen guión como Los juegos del destino y la oportunidad de trabajar con esta gente, no es muy difícil pensar si tengo que hacerla o no. De verdad, no hay tan buenos guiones como éste para elegir en cine.
¿A Jennifer no la tratan como una superestrella en los estudios de cine, después del éxito Los juegos del hambre?
Cuando llegué al estudio de Los juegos del destino ya habían empezado el rodaje. Pero siempre siento la adrenalina al principio. El primer día de trabajo se siente como el primer día de escuela, porque siempre dudo si alguien me va a querer. Pero Bradley (Cooper) es muy gracioso y nos divertimos mucho. Cada vez que decían “acción” surgía la mejor escena, porque dábamos 100% todo el tiempo. Así lo sentí cada día. Ni siquiera necesitábamos repasar el guión apenas llegábamos, porque lo hacíamos de diferentes formas. Fue lo mejor.
Jennifer Lawrence ha estado rodeada de éxito. Aprovechó muy bien su nominación al Oscar por Invierno profundo para convertirse en la superestrella de los adolescentes con la nueva serie de películas Los juegos del hambre. Sin ninguna duda, Hollywood sabe premiar muy bien el talento, más allá del buen gusto de los espectadores. Jennifer nació el 15 de agosto de 1990, en Kentucky, y a los 14 años convenció a su madre para que pasaran el verano en Manhattan, buscando sus primeras audiciones como actriz (se graduó de la escuela secundaria dos años antes, para poder dedicarle más tiempo a la actuación). ¿Los resultados? Están a la vista.
¿Qué personaje de película dirías que se parece más a tu personalidad?
Nunca tuve un personaje que se parece a mí. Mi propia voz sale automáticamente, porque es algo natural que tengo en la mente, para hablar naturalmente. Ahora, mis amigos y mi familia dicen que en esta película soy tal cual como el personaje cuando sale corriendo atrás de Bradley gritándole “Hey”. Aparentemente, es un sonido muy familiar entre los que me conocen.
¿Y vas al cine como cualquier persona normal... sin que te moleste algún admirador, con algún flash en medio de la oscuridad?
A mí me gustaría ir al cine, pero no tengo tiempo. Hay muchísimas películas buenas que me gustaría ver. Pero en general, siento que ya no voy tanto al cine, pero tampoco salgo de casa demasiado.
¿Tienes algún disfraz para que no te reconozcan?
No uso ningún disfraz. Es deprimente, pero de verdad, no salgo tan seguido de casa.
¿Hiciste alguna investigación sobre las enfermedades mentales que sufren los personajes de la película?
No hice ninguna investigación, no sentí que fuera necesario. Mi personaje es como una cebolla, con demasiadas capas extrañas y muchas dimensiones que fueron evolucionando. Cuando leí el guión, quedé encantada con él.
¿Quién se preparó más para la parte del baile?
Ahí sí tuve que prepararme el doble que Bradley. Tuve tarea extra, porque soy muy mala bailarina (risas). Es verdad. Tuvimos una coreógrafa increíble, Mandy Moore trabajó muy duro conmigo, durante dos semanas, todos los días. No fue fácil.
¿En la vida personal tienes alguna canción favorita, para momentos depresivos como sugiere la película?
Bradley (Cooper) llora cada vez que escucha Call me maybe (risas).
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