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Reforma energética; ¡pasa caminando!

 

Dicen haber reunido un millón y medio de firmas contra la reforma energética que hoy entrará al Senado de la República, para su análisis, discusión e inminente aprobación. Sostienen que, por lo menos, seis de cada diez mexicanos están en contra de la supuesta o real privatización de Pemex.

Aseguran que al líder y dueño de Morena lo siguen por lo menos 10 millones de personas de los casi 15 millones de votantes que llegó a tener en tiempos presidenciales. Presumen que al nuevo partido están afiliados cinco millones de ciudadanos. Y en las más recientes convocatorias contra la reforma energética pregonaron que llenaron el zócalo.

Si todo lo anterior fuera cierto, podríamos concluir que millones de mexicanos están sordos, ciegos o que, de plano, no se enteraron que los “perversos” legisladores mexicanos están a punto de aprobar “el gran robo a la nación”, que significaría la reforma energética que sin problema será aprobada en los próximos días en las cámaras del Congreso.

Pero no, los millones de seguidores de AMLO y los millones que supuestamente están en contra de la “venta de Pemex” no son ciegos, tampoco sordos y menos pasan por un momento de amnesia. Lo cierto es que no existe tal rechazo ciudadano masivo a la reforma energética que, sin la participación de las llamadas izquierdas, aprobarán el PAN y el PRI.

¿Dónde están –entonces–, el millón y medio de personas cuyas firmas contra la reforma energética fueron presentados al Senado? ¿Dónde está el 1, 2 ó 3%  de esos millón y medio de inconformes? ¿Dónde están los millones de mexicanos que componen ese universo de seis de cada diez mexicanos que rechazan la “venta”, “robo” o la “privatización” de Pemex? ¿Dónde están los 15 millones de seguidores que votaron por AMLO y que le creen todo lo que dice? ¿Dónde están los cinco millones de afiliados de Morena? ¿Dónde está no el Zócalo lleno, sino el 20% del zócalo que protestaba contra la reforma energética?

No están en el cerco al Senado de la República porque no existe tal rechazo masivo a una reforma que aún no se conoce, cuyos alcances poco se saben y que más allá del poco claro discurso oficial, poco o nada le dice a los millones de mexicanos pobres que –más que protestar por un intangible como la reforma energética–, lo que quieren es trabajar aunque sea unas cuantas horas, para llevar lo elemental a su casa.

Y es que frente al fracaso que significó la convocatoria para cercar el Senado y pretender evitar con ello la aprobación de la reforma energética, también resulta penoso para un líder que dejó buena parte de su vida en la oposición sistemática y tozuda al PRI, al PAN y ahora al PRD –que en realidad se ha opuesto a todo–, el derrumbe estrepitoso de todo el imaginario construido en torno a una gran mentira.

Sí, lo cierto es que por muchos años se engañó a muchos ciudadanos, políticos y gobiernos con el cuento de que eran muchos millones de mexicanos los que estaban en contra de la apertura de Pemex y de la industria energética. La terca realidad se encargó de demostrar que muchas de esas amenazas, advertencias y supuestas movilizaciones masivas contra la apertura energética no eran más que un espejismo montado de manera artificial; con un poco de acarreo aquí, con estridencia allá, con chantajes acullá y, sobre todo, con una gran dosis de mentiras.

Y podrán decir misa los líderes de la izquierda, del PRI y los del PAN, pero lo cierto es que muy pocos ciudadanos mexicanos –más allá de los expertos en energía, en finanzas y el geopolítica–, saben y entienden los intríngulis de la materia petrolera, de la especialidad energética y del papel que jugarán México, su petróleo, gas y energía eléctrica en el futuro de un mundo global y de alta competencia energética.

En efecto, se ha engañado a millones de ciudadanos con el cuento de que abrir Pemex a la inversión privada, nacional y/o extranjera, es algo así como vender México al diablo; se les ha dicho que se trata del más grande robo de la historia, pero nadie le ha explicado a esos millones de personas quién es el diablo, qué es lo que se robarán los políticos del PRI y del PAN y por qué resulta tan malo abrir Pemex. Y si a eso le agregamos que su líder y mesías cree que sacar petróleo es como destapar una cañería, entenderemos que él derrumbó el gran mito de las fuerzas sociales en abierta oposición a la reforma energética.

Sin duda que una reforma energética tiene riesgos. Pero es más riesgoso seguir con Pemex como está, en manos de una mafia sindical y de una burocracia ineficaz. Urge la reforma energética, pero también el compromiso social de castigar al gobierno si se equivoca. Al tiempo.

Twitter: @Ricardo Aleman Mx | www.ricardoaleman.com.mx 
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