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Reflexión ciudadana

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¿El político sólo necesita tiempo?

En primer término la sociedad habrá de precisar qué debe entenderse por político, pues el concepto además de aplicarse equívocamente en amplios sectores de la sociedad tiene una connotación peyorativa.

Desde el poder público numerosas gentes improvisadas desvirtuaron la función pública y la convirtieron en agencia de colocaciones a donde llegaron gentes improvisadas sin vocación ni idea de lo que significa llegar a una posición de poder, sustentada en una partida presupuestal.

Cuando se accede a una posición donde se ha de ejercer el poder público, se tiene la obligación moral de estar capacitado para cumplir la ley y también para hacerla cumplir. Pero difícilmente puede cumplir la ley, quien la desconoce aun en lo referente a las facultades y deberes que habrá de asumir.

Propiciar el acceso al poder público es una responsabilidad, primero ética y luego jurídica, pues la institución o la parte de ella de la que habrá de responderse ante los órganos competentes, requiere conocimiento de la naturaleza de esos organismos que sirven de base para el funcionamiento de la sociedad. 

El poder público habrá de responder ante la sociedad de aspectos fundamentales tales como: legislar, administrar bienes y valores como la  justicia, fiscalizar y representar. Sin embargo, el paso del tiempo y las nuevas tendencias económicas y políticas, han propiciado grados crecientes de irresponsabilidad.

Las leyes deberían exigir a los ciudadanos con pretensiones de ejercer el poder público,  una serie de cualidades mostradas a través del desempeño tanto al interior de los partidos políticos como en el ejercicio de la vida profesional.

La existencia de escalafones es indudablemente uno de los aspectos importantes para democratizar la vida social y premiar el cabal desempeño de la función; pero cuando el resultado choca con el interés de las instituciones, las leyes deben ser claras para protegerlas de la incapacidad, de la ignorancia y el incumplimiento de los valores que deben realizarse.

Es frecuente tener en la sociedad, aun en los cargos de dirección a personas ineficientes, enfermas o cleptómanas sin que haya la más leve esperanza de que sean desplazadas. La razón es que para ejercer el poder público, hace falta tener capacidad para hacer cumplir la ley.

El deber de representar dignamente a los electores, implica la obligación moral de organizarse para hacer cumplir la ley cuando los responsables resultaron irresponsables, cuando defraudan a la población o a quienes les confirieron alguna responsabilidad.

Cumplir como ciudadanos, con mayor razón cuando se desempeña un cargo público, es condición para que las instituciones prosperen.

Sin embargo, ser un ciudadano en el pleno sentido del concepto, implica una amplia cultura especialmente sobre la trascendencia de cumplir con los deberes. En la actualidad gran parte de la clase política, está preocupada primordialmente por encontrar frases que le ayuden a simular y lo mismo ocurre en la contraparte; de ahí, que es frecuente observar en los procesos electorales, torneos de simulación en lugar de competencia de currículums, de debates o justas en las que puedan mostrarse las cualidades y la capacidad para cumplir y hacer cumplir las layes.

Las dirigencias de los partidos políticos, con frecuencia tienen dificultad para llenar sus planillas, de ahí que inviten para ser postulados a gente sin idea de lo que significa ser candidato. Estas dificultades cesarían sin en los recesos se empeñaran en capacitar a los militantes, que además tuvieren una vasta cultura, no solamente para ganar una elección sino para hacer un papel decoroso en el desempeño de la función.

Para ser aspirante a un cargo público, de representación popular, encabezar un ayuntamiento, ser diputado o senador, debería exigirse una cultura tal, que el pretendiente tuviera por lo menos una idea clara, aunque no exhaustiva, de los problemas que enfrentará en el desempeño del cargo y  conocimiento de la historia de la institución de la que pretende formar parte. 

Los partidos políticos deberán postular no solamente a quienes manifiesten el deseo de contender sino buscar entre los mejores, para evitar darles oportunidad a quienes son incapaces de llevar con honor, el privilegio de ser candidatos a servir en las instituciones.

A los cargos públicos no debe irse a aprender, sino a rendir, por vocación y patriotismo.

 

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