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Cae otro mito; palo al sindicato de Pemex

 

Cuando Enrique Peña Nieto asumió el cargo de presidente de los mexicanos, una de las carac-terísticas que aquí destacamos como fundamental para su desempeño fue su probado pragmatismo; característica que, por cierto, muchos desdeñaron.

Cuando revelamos que en su gabinete ocuparían cargos importantes algunos mexiquenses como el mismísimo Emilio Chuayffet –adversario de Peña en no pocas escaramuzas mexi-quenses–, abundaron los que descalificaron la versión, porque dudaron del pragmatismo de Peña Nieto. Y es que Chuayffet fue llevado a la SEP a sacar algunas de las más delicadas encomiendas del nuevo presidente.

Pero muchos empezaron a creer en el pragmatismo de Peña Nieto cuando en una jugada espectacular, el presidente sacrificó a la entonces poderosa líder del SNTE, la profesora Elba Esther Gordillo, quien no sólo fue a parar a la cárcel sino que sigue en prisión a causa de un proceso criminal. Y precisamente en esa maniobra jugó un papel fundamental Emilio Chuayffet, que fuera archienemigo de “la profesora”.

Y si existen dudas de que Peña Nieto es un ferviente seguidor de las lecciones de Maquiavelo, seguramente se despejarán cuando se sepa que el presidente no dudó ni un minuto en sacrificar al líder del Sindicato Petrolero, Carlos Romero Deschamps, a quien le arrebató no sólo “la joya de la corona” del STPRM –que eran los cinco asientos en el Consejo de Administración de Pemex–, sino que de golpe y porrazo le quitó la principal fuente de poder al lí-der petrolero.

Y es que, como todos saben, en la negociación política de la reforma energética, el PAN condicionó la salida del Sindicato Petrolero del Consejo de Admi-nistración de Pemex a cambio de aprobar una reforma energética que será el estandarte del gobierno de Peña Nieto. Y claro, sin más titubeos –y sin más trámites–, la cabeza del desprestigiado líder petrolero fue entregada en “charola de plata” a los azules.

¿Qué pasó? ¿A poco nadie sabía que eso estaba en la planea-ción de la reforma energética? ¿Por qué el líder del poderoso sindicato petrolero “no dijo ni pío”? ¿Qué negociaron el PRI y el gobierno, a cambio del silencio y la inacción del sindicato petrolero? ¿Qué va a pasar, el sindicato se levantará en armas, parali-zarán la industria energética?

Primero se debe recordar que así como Peña Nieto le entregó al PAN la cabeza de Carlos Romero Deschamps, el propio Peña Nie-to le entregó al PRD la cabeza de la profesora Gordillo. La dos cabezas pendían de un hilo desde los tiempos de la negociación del Pacto. Y cada una cayó de manera diferente y para fines distintos, de acuerdo a las necesidades políticas del PRI y del gobierno de Peña. 

Segundo, vale traer a la memoria que en política –como dice un clásico al estilo de Maquiavelo–, no hay sorpresas sino sorprendidos. Y en este caso era cuestión de tiempo y oportunidad para que el gobierno de Peña Nieto tirara por la borda el lastre que desde hace meses le signifi-caba Carlos Romero Deschamps.

Se sabe que los servicios de inteligencia del Estado mexicano tienen un abultado expediente del líder petrolero; documentos que pudieran ser exhibidos en cualquier momento. ¿Y por qué no han salido a la luz? Porque son de mayor utilidad guardados, en calidad de pistola amartillada, que en la calle.

Por eso –porque en cualquier momento podría ser perseguido por la justicia–, el señor Romero Deschamps se quedará calladito. Seguramente hoy o en los días que siguen el STPRM hará algún pronunciamiento al respecto, pero nada capaz de alterar la aprobación de la reforma energética. ¿Por qué es casi un hecho que no veremos ninguna reacción radical por parte del sindicato petrolero, a pesar del golpe que lo mandó a la lona? 

Por que ya en este momento el señor Romero Deschamps es un líder de utilería. Su mayor poder estaba en los grandes negocios que cimentó precisamente desde el poder que le daban los cinco asientos en el Consejo de Admi-nistración de Pemex. Y una vez perdido ese poder –y los negocios millonarios–, se rompen los equilibrios en el sindicato petrolero y la cabeza de Romero Deschamps podrá rodar en cualquier momento. Y la empujarán los propios trabajadores, no el gobierno, que ya hizo su parte.

Por lo pronto, con el “palo” al sindicato petrolero y con la escasa capacidad de respuesta de sus agremiados, vemos caer otro mito genial, el de los corruptos e intocables líderes petroleros. En su momento, Salinas derribó a La Quina con un montaje judicial y con la ayuda del Ejército. Hoy, Peña Nieto utilizó la inteligencia del Estado y podrá decir que es obra del PAN. ¿Quién sigue? 

Al tiempo.

 twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 

 

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