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Decálogo de la vergüenza

No es novedad que el PRI va con todo para conseguir el punto final de la reforma energética. Es decir, que hoy mismo por lo menos 17 congresos locales podrían aprobar dicha reforma, sin dejar a los opositores la posibilidad siquie-ra del pataleo.

Y, como todos saben, con ese proceso legislativo no sólo se habrá cerrado el círculo legislativo de una de las más complejas reformas de la historia del Congreso mexicano sino que, al mismo tiempo, se habrá consumado uno de los éxitos políticos más ambiciosos del viejo partido tricolor, el PRI.

Al mismo tiempo –y en consonancia con los básicos de-mocráticos, en donde mandan las mayorías–, los grandes de-rrotados son los partidos de la llamada izquierda –PRD, PT y MC–, que no lograron vencer a sus adversarios en el Congreso sino que tampoco pudieron convencer a los ciudadanos en lo que era el territorio natural de las izquierdas; la calle.

Dicho de otro modo; que PRD, PT y Movimiento Ciudadano perdieron la batalla de la calle, al tiempo que fueron incapaces de ganar la batalla de las ideas, la discusión, el debate en el Congreso y la movilización. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué esa aplastante derrota de las izquierdas?  

Lo cierto es que no sólo se puede hablar de una victoria del PRI sino que abundan las evidencias de que las izquierdas mexicanas fueron víctimas de sus propios errores y, en no pocos casos, horrores.

Y gracias a esas pifias, las izquierdas de hoy se quedaron muy lejos de aquellos constructores de la vieja izquierda mexicana; hombres y mujeres cultos, preparados, inteligentes, capaces de derrotar y ridiculizar al PRI y al PAN en la tribuna parlamentaria; capaces de burlar al PRI y a la derecha con un impecable, elegante y lapidario esgrima le-gislativo que hoy no existe más.

Pero acaso la peor de las vergüenzas es que en los años 60 y 70 del siglo  pasado las izquierdas lucharon por abrir el Congreso, por privilegiar las ideas y el intercambio de opiniones –como herramienta fundamental para el cambio democrático–, mientras que hoy la mediocre izquierda mexicana y sus políticos enanos prefieren cerrar, cercar el Congreso; eligieron poner candados a las cámaras de Diputados y Senadores.   

ERRORES Y HORRORES

Por eso proponemos el siguiente decálogo de la vergüenza, que coloca a las izquierdas en los años 50 del siglo pasado.

1.- En los hechos, con el cerco al Congreso y con el bloqueo de San Lázaro, la izquierda radical actúa en dirección contraria a su propia historia; se niega a si misma y nos remite a los tiempos preciviles en los que mandaban la violencia y la intolerancia.

2.- Cada vez queda más claro que los berrinches infantiles de esa izquierda se convirtieron en detonante de numerosos y graves errores. Un ejemplo, la toma de la tribuna en San lázaro, que catalizó la aprobación de la reforma por la vías fast track.

3.- Por estar entretenidos en el juego infantil de la fallida movilización callejera, los adversarios de las izquierdas aprobaron un dictamen de Consulta Popular que no servirá de nada a esos radicales que no entienden que la democracia no es a contentillo.

4.- De igual manera, la falta de un liderazgo llevó a esa izquierda a descuidar la Ley de Marchas, que no fue otra cosa que un voto de censura al GDF de Miguel Mancera. Al final, Mancera perdió hasta la reforma política de la capital del país.

5.- Cayó al suelo otro de los grandes mitos del último medio siglo y que por décadas enarboló la izquierda mexicana. Aquel que suponía que el país se convulsionaría si el PRI o el PAN se atrevían a modificar las reglas energéticas. Pemex dejó de ser “la diosa intocable”.

6.- Por estar anclados en el “no”, los partidos de izquierda se aislaron de la realidad y quedaron excluidos de los cambios en un momento clave. Y fue tal el golpe, que hoy la lucha es entre las izquierdas de las mafias de Bejarano y Padierna, a la que se suma Marcelo Ebrard, quienes pelean contra el jefe de gobierno, Miguel Mancera.

7.- Y es que el grosero montaje de la supuesta protesta contra el alza del metro no es más que una guerra entre las mafias de los amarillos, que quieren ligar la derrota en el Congreso con el cobro de facturas contra el jefe de gobierno.

8.- También es evidente la pobreza del discurso, los argumentos y mensajes de esa izquierda. Y los ejemplos se llamadas Layda Sansores y Antonio García Conejo.   

9.- Por años, el discurso de la izquierda eran sinónimo de seriedad. Hoy su discurso es sinónimo de mentira.

10.- Y lo más lamentable, intentan justificar su derrota por la enfermedad de Andrés Manuel López Obrador. 

Por todo lo anterior, la pregunta obliga. ¿Quién le cree hoy a las izquierdas? Al tiempo.

 

twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 

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