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Investigaciones CEIDAS

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Crecemos,  pero el desempleo sigue

Guanajuato se consolida cada vez más como una de las economías más relevantes del país. En nuestro territorio se ubican cuatro de las más importantes ciudades del país -con sus zonas metropolitanas y áreas de influencia-, por su vocación industrial (León, Irapuato, Celaya y Salamanca); y dos de las más relevantes a nivel internacional por su vocación turística: Guanajuato y San Miguel de Allende.

Al respecto es importante destacar que el INEGI estima que en el año 2012, Guanajuato fue, junto con Querétaro, el quinto lugar nacional por el ritmo de crecimiento reportado para el PIB estatal, con un crecimiento acumulado de 5.4% a lo largo del año pasado.

Se espera que 2013 sea un ritmo aún mayor, debido a la consolidación de las inversiones que se están llevando a cabo en el sector automotriz, sobre todo en la construcción de las plantas y la infraestructura periférica de empresas como Honda y Mazda.

A pesar de este vertiginoso crecimiento, sobre todo si se compara con el mediocre 1.3% que se alcanzará al finalizar este 2013, Guanajuato sigue siendo, paradójicamente, una de las entidades con mayor problemática de empleo a nivel nacional.

De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de ocupación y Empleo, al cierre del tercer trimestre del 2013, en Guanajuato había una tasa de desocupación de 5.58%, superior significativamente al 5.2% que se registró como promedio nacional.

Según el propio INEGI, Guanajuato es la cuarta entidad con mayor tasa de subocupación, con un indicador de 14.8% del total de la Población Económicamente Activa (PEA), dato elevado sobre todo si se compara con el 8.5% registrado como promedio nacional.

Si se analiza el indicador relativo a la tasa de condiciones críticas de ocupación, la cual mide el porcentaje de la PEA que trabaja más de 48 horas a la semana, que tiene bajos salarios y que carece de prestaciones, Guanajuato se ubica en el décimo lugar, con un 13.88%, frente a un promedio nacional de 12.16%.

En números absolutos, la tasa de desocupación señalada implica que en la entidad hay más de 142 mil personas que están en busca de empleo;  que poco más de 371 mil se encuentran en condiciones de subocupación; y que más de 338 mil laboran en condiciones críticas de ocupación.

Esta información ratifica la crítica que se ha planteado desde diferentes foros y espacios, en torno a que el modelo de desarrollo asumido en la entidad no basta para la generación de los empleos que se necesitan para absorber a toda la población económicamente activa, sino para que los empleos que se crean respondan a la categoría del trabajo digno, que hoy se enarbola desde la Organización Internacional del Trabajo.

Lo que hemos aprendido en las últimas décadas en nuestro país, es que se puede crecer, pero que el desempleo puede mantenerse o incluso incrementarse, como es el caso de nuestra entidad. ¿Cómo explicar que creciendo a un ritmo de más de 5% anual, tengamos a casi 150 mil personas en el desempleo permanente?

Asimismo, las teorías económicas ortodoxas se encuentran severamente cuestionadas, porque hoy la evidencia también nos enseña que el PIB estatal o nacional pueden crecer, pero que la pobreza puede mantenerse en niveles elevados. En efecto, los datos del INEGI muestran que por cada trabajador que percibe más de 5 salarios mínimos, hay al menos tres que no reciben ingresos o que ganan menos de un salario mínimo al día.

Finalmente, se encuentra el hecho relativo a que el PIB de un país o región pueden crecer, pero la desigualdad puede mantenerse intocada, o profundizarse, como es el caso del estado de Guanajuato, en donde si se compara el valor del Índice de Gini del año 2000 y el que reporta la ENIGH, 2012, lo que se encuentra es que somos igual o más desiguales que hace más de una década.

Frente a esta realidad, resulta insostenible el argumento relativo a que los gobiernos estatales poco pueden hacer para abatir la desigualdad. Al respecto lo primero que debe preguntarse es ¿cuáles son las prioridades de inversión que se asumen, tanto desde el Gobierno del Estado como en coordinación con los municipios?

Un análisis crítico y serio mostraría que en los últimos 12 años se ha prohijado un inaceptable despilfarro en la construcción de calles, monumentos y obras absurdas, que en poco o nada abonan a la construcción de oportunidades para el bienestar.

Una política de gasto dirigida a la redistribución del ingreso podría iniciar, por mencionar sólo un ejemplo, garantizando acceso gratuito universal a la atención de la salud y a medicamentos de calidad para todas las niñas, niños y adolescentes. Esta medida, por sí misma, reduciría de manera muy importante los gastos catastróficos en salud, y con ello, el constante empobrecimiento de miles de familias.

Otra medida sería, por ejemplo, construir una preparatoria en cada uno de los municipios con más de 15 mil habitantes; esto implicaría reducir gastos de transporte y manutención de miles de jóvenes que tienen que desplazarse para ir al bachillerato, pero más aún, se mejorarían sustantivamente los indicadores educativos de nuestra entidad.

Lo que debe quedar claro es que el rumbo seguido no está funcionando; porque a final de cuentas, si se crece, pero para profundizar la inequidad, y sin resolver las problemáticas asociadas al mundo del empleo, entonces tal crecimiento se convierte no sólo en inútil, sino hasta absurdo. 

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