Opinión

facebook facebook twiter youtube alexa
Hemeroteca - Periodico Correo
Clima-Gto     Guanajuato
 Despejado  /  15° C
Clima-Leon     León
  Despejado  / 14° C  
Clima-Celaya     Celaya
  Despejado /  13° C
Clima-irapuato     Irapuato
  Despejado  /  14° C
Clima-Salamanca     Salamanca
  Despejado  /  14° C
Clima-SMASan Miguel de Allende
  Despejado  /  14° C
Inicio | Opinión |

El Correo imaginario

Por

Tamaño de letra: Decrease font Enlarge font

 

“Gente que baila”

Caminando por la vera del río con mi abuelo, una tarde de domingo estival, nos detuvimos a observar a un hombre, que había construido un barco con los listones de madera combados, de algunos barriles de vino. Lo había echado al agua y estaba gritando al viento, su intención de surcar el océano para conquistar otros lares.

Yo tenía siete años y quedé fascinada por la embarcación, bastante ruinosa pero con una bandera pirata colgada de un palo de escoba, motivo más que suficiente para ganarse mi admiración infantil. Así que, celebré que nos acercáramos a charlar con el supuesto marino. El hombre hablaba a gran velocidad, atropellándose, con extraordinaria vehemencia y acompañando su discurso de gestos repetitivos y desorbitados. 

Pronto la gente, empezó a acumularse alrededor para presenciar la grotesca escena. También mi madre, que hizo una mueca de reprobación a mi abuelo, me soltó de su mano y me arrastró con ella, privándome del estatus de espectadora de primera fila. Con una perspectiva más amplia, pude ver que mucha gente miraba y chismorreaba y hasta se reían pero sólo mi abuelo, se preocupó por hablar con el protagonista. Le pregunté a mi madre, qué le pasaba al señor y por qué jugaba sin ningún niño, pero  ella zanjó el asunto, diciendo que ese hombre estaba ‘malito’. 

Eso no satisfacía mi inquietud y recurrí a mi abuelo que era sin duda, más sabio y mucho más paciente que su hija. El anciano me dio una explicación que no entendieron mis tiernos oídos. Al parecer, ese hombre escuchaba una música, que nadie más podía oír y por eso, les parecía raro su comportamiento. Sin entenderla, me guardé la metáfora y quise yo también escuchar, una melodía exclusiva y casi mística, que me permitiera construir mi propio galeón.

Cuando comprendí el verdadero sentido de las palabras del viejo, él ya había desaparecido y con él su verdad. Hizo que yo creciera en la  tolerancia y la comprensión, por eso me da miedo, cuando hoy, veo que la sociedad es un reflejo de aquellos espectadores pasivos, que condenaron desde la ignorancia, a un hombre que creyó que un bidón de madera, era un barco pirata. Gente que hace circo, de las fantasías de un enfermo que está necesitando ayuda. Personas, que no se conmueven ante la falta de juicio de un semejante, preocupadas por el qué dirán, en lugar de arropar a un vecino. No saben el mal que hacen gastándose esa actitud, pero lo realmente cruel, es el coste de oportunidad de ese talante. De llevarse a cabo la mejor alternativa posible, aqué llos a quienes evitan, temen e incluso rechazan, serían más accesibles y  se podría apreciar la honradez, la nobleza de sentimiento y la generosidad, que a menudo habita en sus cuerpos. Quienes oyen su propia música, se ven en las mismas lides que el resto y por añadido, deben librar batallas contra sus propios demonios, de manera que, hagámosles la vida un poco más sencilla y dejémosles bailar, al son de sus trompetas.

 

Califica este artículo
3.33

Más de Opinión

Más de Beatriz Valle Martín

  • disqus
  • facebook