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Chispitas de Lenguaje

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Navidad y el hablante

Ya en otras ocasiones he abordado el origen de la palabra ‘Navidad’. Incluso, aunque no hubiere leído mi comentario, estimado lector, seguramente intuye que el vocablo tiene su origen en la palabra ‘nacimiento’ (del latín nativitas). Se deduce más aún porque es el nombre aplicado a la fecha en que oficialmente nació la encarnación divina, acorde al concepto religioso.

Sin embargo, lo importante en todo vocablo y lengua es la relación que guarda una determinada palabra con el hablante. Precisamente, la pragmática es la parte de la lingüística que estudia la relación entre palabras y hablantes (por eso es parte de la semiótica, la disciplina que estudia el significado otorgado a las palabras). 

Las palabras tienen el sentido que los mismos hablantes le otorgamos. Y ese significado está caracterizado por múltiples factores, entre los que se encuentran históricos, económicos, ideológicos y religiosos, mezclado todo ello con la experiencia personal. Aquí en este último aspecto es donde adquiere un significado determinadas particularidades. Con esa base se construye el concepto de realidad. Por ello, la Navidad significa algo diferente para cada persona. Dependiendo de qué aspecto tiene mayor en el ánimo del individuo es como lo ubica en su sistema de valores (peso frente a otros) y la forma de vincularlo como un sistema dinámico para el comportamiento.

Pero los conceptos no son inmutables. En buena medida mucho interviene la capacidad, voluntad, expectativa, metas, etapas de la vida del individuo para otorgarle significado que mejor le acomode para el equilibrio emocional. Es decir, que buena parte de la jerarquización de valores y conducta se funda en la decisión del individuo frente a su entorno. Los seres humanos, como característica de género, tenemos la capacidad de discernir. Bajo esa premisa, construimos, entonces, nuestro propio concepto de realidad. La física cuántica así lo ha descubierto. 

No es fácil decidir. En buena medida estamos atrapados por emociones a las que nos hemos hecho adictos. Esas emociones (finalmente, sustancias químicas que segregamos con base en nuestras percepciones, reales o imaginarias) nos marcan el concepto de realidad que, a nuestros ojos, es evidente, lógico, palpable, apabullantemente cierto… pero, justamente por lo mismo, no es idéntico al concepto de los demás. Podría tener nuestra apreciación elementos similares a otros (culturales, familiares), pero finalmente es muy nuestra. Por tanto, la Navidad para cada cual es muy propia, extremadamente singular. 

Para usted, ¿qué significa Navidad? Una respuesta puede ser lo que quisiéramos que fuere y otra verdaderamente qué peso tiene en nuestro ánimo. Valore no sólo lo referente a su concepto religioso, sino a sus actitudes, las decisiones que ha asumido con esa base. ¿Cuál o cuáles de los factores enunciados han pesado más en su ánimo?, ¿cuál debería pesar más?

No necesariamente llegue al concepto ideal, mejor considere lo que de forma sencilla le hace más feliz, estar más en paz y armonía con usted mismo. Entonces habrá encontrado lo que significa la Navidad para usted.  

Independientemente cuál sea su concepto, sea creyente o no, amigo lector, le confirmo mi aprecio en esta época en que el sentimiento de amor por los demás se acentúa.

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