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Parentalidad

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Resumiendo

Escribo para estimular la reflexión. Para detonar una reacción, incluso un diálogo. Para proponer. Para ejercitar mi pensamiento… Escribo con la expectativa de ser leído.

“Parentalidad” es el nombre de este espacio donde cada viernes nos podemos encontrar. Parentalidad alude a las relaciones entre padres e hijos. Pero mis colaboraciones no se reducen a ellas, solamente, sino a todas aquellas actividades y prácticas de relación humana.

Abrevo de las inquietudes que las personas me plantean en conferencias, talleres, espacios de aprendizaje y desarrollo humano donde nos encontramos como participantes o como coordinador; de las reflexiones, comentarios y preguntas que me plantean a través de los medios electrónicos, así como de los sucesos que acontecen día a día e impactan, negativa o positivamente, nuestro proceso de humanización.

Y, precisamente echando un vistazo a las decenas de artículos publicados este año, me encuentro con que los que más comentarios recibieron tienen un hilo conductor: la violencia de género. Probablemente el interés estuvo provocado por las más de 60 mujeres que fueron asesinas durante el 2013 en el estado de Guanajuato por cuestiones de género, cifra inédita que aparece como signo de la frenética escalada de la violencia masculina.

Existen múltiples manifestaciones de violencia masculina (yo suelo llamarla “más-culera”, sin afán de amarillismo; sucede que culero según el diccionario de la RAE significa cobarde, y es que la violencia de género tiene mucho de cobardía aunque los tipos que la comenten la disfracen de bravuconería). El feminicidio es la manifestación más extrema, pero no la única.

En el artículo titulado “Sexualidad masculina decadente” di cuenta de una de las maneras en que los propios hombres nos denigramos como individuos y como género al violentar de maneras grotescas a través de la apropiación de cuerpos infantiles y femeninos para consumo sexual. ¿Qué hay en las cabezas y en los corazones de esos tipos? ¿Por qué tales prácticas sexuales? ¿Por qué pagar, rentar o apropiarse de cuerpos infantiles? ¿Por qué no meterse con una (o uno) de su tamaño, es decir, por qué no establecer una relación sexual consensuada entre pares, entre adultos? ¿Por qué la violación en grupo? Preguntas que estimularon respuestas y reflexiones de más lectoras que lectores, con un común denominador: el repudio a este tipo de sexualidad masculina.

“¿Quién hace machistas a los hombres?” y “El padre y el machismo de los hijos”, constituyó una serie de artículos que abonaron unas tantas más respuestas a las preguntas arriba planteadas.

El bullying, cuyos actores suelen ser en su mayoría niños y adolescentes varones (aunque no exclusivamente), es una de las manifestaciones incipientes de la violencia. “¿Dónde están los adultos?”, fue el título del artículo donde subrayé la responsabilidad que tenemos los adultos en la aparición de este tipo de comportamientos altamente destructivos. 

“Fórmula peligros”, se sumó a la denuncia de las fallas parentales en la construcción de los seres humanos. Nunca como ahora las niñas y los niños habían crecido tan solos, ausentes de la guía, consejo, formación y acompañamiento cotidiano por parte de sus padres. Lo cual trae como consecuencia, niñas y niños descontrolados, incapaces de dar cauce a sus impulsos, resentidos por la orfandad, alienados por las pantallas que ocupan el lugar de sus padres…

Las dinámicas laborales y socio-económicas, así como el cambio en la escala de valores y principios de los padres/madres terminan por expulsar a éstos del hogar, de la crianza, dejando a sus hijas e hijos sin posibilidades de adquirir aquellas habilidades y atributos necesarios para la convivencia en los grupos humanos.

Con la intención de abonarle a la construcción de seres humanos cada vez más humanos, el próximo año lanzaremos el libro “Cero golpes. 100 Ideas para la erradicación del maltrato infantil”, un producto de la reflexión y el diálogo con ustedes lectoras y lectores de este espacio editorial. Espérenlo.

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