Opinión

facebook facebook twiter youtube alexa
Hemeroteca - Periodico Correo
Clima-Gto     Guanajuato
 Parcialmente Nublado  /  31° C
Clima-Leon     León
  Parcialmente Nublado  / 31° C  
Clima-Celaya     Celaya
  Parcialmente Nublado /  27° C
Clima-irapuato     Irapuato
  Parcialmente Nublado  /  31° C
Clima-Salamanca     Salamanca
  Parcialmente Nublado  /  31° C
Clima-SMASan Miguel de Allende
  Parcialmente Nublado  /  31° C
Inicio | Opinión |

Itinerario Político

Por

Tamaño de letra: Decrease font Enlarge font

 

Mancera y el “síndrome Mejía Barón”

Para nadie es novedad el llamado “síndrome Mejía Barón”. Es decir aquella decisión equivocada del técnico de la selección mexicana de futbol, Miguel Mejía Barón, de “guardarse los cam-

bios” que a la postre significaron la derrota del equipo mexicano, superado por Bulgaria en el mundial de 1994.

Como todos saben, desde entonces el “síndrome Mejía Barón” se convirtió en referente del desastre que puede significar no realizar los cambios necesarios, en el momento adecuado y el tiempo oportuno. Es decir, que tomar la decisión de realizar un cambio a tiempo, puede cambiar la historia.

En el imaginario colectivo mexicano –y según especialistas del futbol-, Mejía Barón debió realizar a tiempo los cambios de jugadores, en una contienda de desgate extremo. Sin embargo, por miedo, prudencia extrema o por la razón que se quiera, el técnico de la selección mexicana “se guardó los cambios” y con ello cerró la posibilidad de cambiar la historia.

Y si bien todos conocen el antecedente del “síndrome Mejía Barón”, pocos saben cual es la relación de ese episodio con el desempeño del actual jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Mancera. ¿Por qué es posible encontrar historias paralelas entre el entrenador del equipo nacional de fútbol –del mundial de 1994-, y el actual jefe de gobierno del Distrito Federal?

Porque no hace falta ser adivino para saber que Miguel Mancera enfrenta una realidad parecida a la que, en su momento, enfrentó el otro Miguel, el futbolista y técnico Mejía Barón. ¿Y cuál es esa realidad? Poca cosa, que en el primer año de su gobierno al frente del Distrito Federal, el señor Mancera ha sido goleado por buena parte de la sociedad, por sectores importantes de las llamadas izquierdas y, en el extremo, hasta por el gobierno federal.

Todo ello sin contar con los “autogoles” de su propio equipo Y es que le guste o no al señor Mancera, en buena medida duerme con el enemigo. Y frente a esa realidad, el jefe de gobierno se niega a tomar las medidas urgentes del caso. Se niega al recomendable “golpe de timón”. Y, en cambio, como Mejía Barón, Miguel Mancera se guarda los cambios, a pesar de que su popularidad e imagen va en picada. Y claro, la goliza puede ser memorable.

LAS DERROTAS DE MANCERA

Miguel Mancera llegó al gobierno del Distrito Federal como uno de los políticos no partidistas más populares de la capital del país. Por eso, a los pocos días de su arribo al poder se colocó como uno de los más aventajados precandidatos presidenciales para el aún lejano 2018. Sin embargo, también desde los primeros días de su gestión sus adversarios enseñaron las garras.

Como todos saben, a horas de que Mancera tomara posesión –el 1 de diciembre de 2012-, apareció de la nada la primera gran amenaza no para el gobierno de Peña Nieto, sino para el de Mancera. Una amenaza encapuchada y dispuesta al más feroz vandalismo que se haya conocido en el Distrito Federal. Aparecie-

ron los grupos dizque anarquistas, que desde ese 1 de diciembre hicieron ver a Mancera como un gobernante poco habilidoso para el ejercicio del poder.

Durante meses los anarquistas aparecieron en distintas manifestaciones y siempre sembraron el sello de la casa; la impunidad, que incluso fue aplaudida por Mancera cuando la ALDF derogó el artículo 362 del Código Penal, que no sólo dejó en libertad a los vándalos sino que legitimó esa impunidad. Pero al mismo tiempo –y al parecer sin percatarse de ello–, Mancera colaboró a la imagen que hoy lo aplasta; la de un gobernante débil. Y es que al tratar de congraciarse con las tribus de las llamadas izquierdas y al tolerar el vandalismo y la impunidad, en realidad tiró a la basura parte de su popularidad.

Hoy se sabe que los anarquistas son un potaje espeso y rancio en el que se mezclan desde los “Morenos” de AMLO y los radicales a sueldo de la pareja mafiosa Bejarano-Padierna, hasta grupos de dizque intelectuales, que también crearon las botargas de “no más sangre” y el ternurita “#132”. Los mismos que hace semanas inventaron la supuesta protesta contra el alza en el me-tro. Pero ese era apenas el inicio.

Luego apareció la verdadera calamidad del jefe de gobierno. Llegó a la capital del país –dizque para protestar contra las reformas educativa y energética-, la mafia magisterial de la CNTE, que hizo del DF una “cabeza de playa” del EPR y que también vandalizó la ciudad y causó serios trastornos a la vida de millones de personas que terminaron por ver a Miguel Mancera como un gobernante con pocas habilidades para responder al reto de gobernar la ciudad de México.

Durante semanas el caos vial provocado por la CNTE, los reiterados ataques de los anarquistas y las protestas de otras organizaciones contra las reformas que llevó adelante el Congreso, confirmaron para no pocos capitalinos que el gobierno de Miguel Mancera no respondía a la confianza depositada por los electores en las urnas.

DUERME CON EL ENEMIGO

Pero acaso el mayor de los errores fue el equivocado cálculo estratégico de Mancera, quien de manera directa enfrentó la mayoría de los conflictos de su gobierno, mientras que la mayoría de sus colaboradores escondían la cabeza para no salir raspados. Mancera olvidó que en un gobierno los colaboradores son como los “fusibles” en una instalación eléctrica. Es decir, una de sus responsabilidades es parar los elevados voltajes que pudieran quemar a su jefe. Y si un fusible se quema, se cambia y punto.

Y es que en el gobierno de Mancera los colaboradores –salvo algunos como el director del Metro, que asumió de frente la grave crisis financiera del sistema y el problema de los ambulantes-, son de bajo o muy bajo perfil. ¿Quién de los colaboradores de Mancera –salvo el director del Metro-, ha transformado su dependencia, la ha depurado, y a un año puede presumir de que es otra, comparada con la que recibió? Son muy pocos.

En realidad la mayoría son colaboradores improvisados, de bajo perfil, de escasa responsabilidad que juegan el juego del poder y la política, antes que el juego de la lealtad. ¿Y por qué razón siguen en sus cargos todos los secretarios del GDF? ¿Por qué razón se tolera la intolerable ineficacia? ¿Por qué Mancera permite las peleas entre ellos, las disputas palaciegas, mientras que la ciudad es un caos por la deficiente movilidad, la inseguridad que agobia, el insuficiente transporte público, la incultura vial y, por si faltara, la abundancia de baches?

Miguel Mancera tolera todo eso, y mucho más, porque la mayoría de sus colaboradores son cuotas de tribus, de partido y de cuates; porque tiene miedo a realizar los cambios urgentes para detener el deterioro de su imagen. Al tiempo.

twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 

Califica este artículo
0

Más de Opinión

Más de Ricardo Alemán

  • disqus
  • facebook