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Recuerdos del ‘94

 

Tras 20 años, la historia del alzamiento zapatista en Chiapas es una épica. Hoy, algunos de los protagonistas tuercen los hechos en su beneficio, y leyendas vivas como el “Subcomandante Marcos”, aún no responden –la realidad es que nadie se lo ha preguntado- las inconsistencias en su personificación guerrillera. La historia completa, después de dos décadas, no puede ganarle a la propaganda, el romanticismo y la ingenuidad, para analizar un movimiento manejado por chilangos que tuvo, como su mayor éxito histórico, concientizar a la nación sobre la pobreza y marginación indígena, aunque sin la fuerza para cambiar el estado de cosas.

El EZLN, escribió el escritor Carlos Fuentes, fue la primera guerrilla posmoderna, al no utilizar la fuerza de las armas para buscar el cambio, sino las palabras. Nació de las condiciones que creó el neoliberalismo, cuando en el gobierno de Carlos Salinas desapareció instituciones que amortiguaban costos en los grupos más marginados y eliminó los precios de garantía del café. De hecho, si la dirigencia del EZLN era defeña, algunos de los más importantes comandantes indígenas habían sido líderes cafetaleros en Chiapas. 

El EZLN pudo levantarse porque el expresidente Salinas, lo permitió. El entonces jefe de la Zona Militar en Chiapas, el general Miguel Ángel Godínez, advirtió en mayo de 1993 a la Secretaría de la Defensa de la existencia de un grupo armado, y en septiembre urgió al precandidato presidencial Luis Donaldo Colosio, a quien le dio fotografías y propaganda guerrillera, para que hablara con Salinas sobre el grupo armado. Nadie le hizo caso. Salinas no quería que nada empañara el voto en el Capitolio –en septiembre de 1993-, del Tratado de Libre Comercio.

“Marcos”, a su vez, no era el jefe del EZLN. Era el vocero que cuando inició el levantamiento sucedió lo que cuando Edén Pastora, se convirtió en el “Comandante Cero” del Frente Sandinista, o Lech Walesa, en líder de Solidaridad: su personalidad conectó con la gente instantáneamente y lo utilizaron mediáticamente. Su voz penetró las conciencias se le permitieron todo tipo de licencias. Por ejemplo, que en su uniforme de combate cargara con pertrechos inútiles en la lucha armada por la que él hablaba, o sobre todo, que a los 11 días de haberse iniciado el alzamiento, aceptara sentarse a negociar con el enviado presidencial, Manuel Camacho.

Esta es la mayor inconsistencia de “Marcos” y el EZLN. Ningún grupo armado que invierte una década en adoctrinamiento, logística, seguridad y financiamiento, antes de iniciar acciones militares, negocia con un gobierno al que le declaró la guerra a las dos semanas. El EZLN, como decía Fuentes, no era una guerrilla convencional. Se puede alegar incluso, que no entraría, en la fase que inició el 1 de enero de 1994, en la tipología de un movimiento armado. Su Comandancia General no estaba en Chiapas; el grupo pensante del EZLN se encontraba en la ciudad de México, varios de ellos dentro de la UAM Iztapalapa. Marcos, como Rafael Sebastián Guillén, su nombre real, daba clases en la UAM Xochimilco.

Cuando se alzó el EZLN, Salinas pidió opciones. El secretario de Gobernación, el chiapaneco Patrocinio González Garrido, ofreció acabar en menos de tres días el conflicto, pero con un saldo estimado de 300 muertos. Camacho, aún molesto por no haber sido candidato presidencial, se ofreció como mediador. Tardó 11 días en persuadir a Salinas, que si le daba la fuerza como interlocutor único y respondía sólo a él, podía abrir la negociación con el EZLN, neutralizar las posibilidades de más actos violentos –el Procup, precursor del EPR, ya había puesto tres bombas en la ciudad de México, aunque sólo se  informó de una-, y administrar el movimiento hasta pasadas las elecciones presidenciales. 

Las negociaciones fueron un show mediático, exigido por “Marcos” y alentado por Camacho. No se resolvió nada para los indígenas, pero sí para los objetivos de Salinas. El “Subcomandante” siempre les fue funcional. En unos cuantos meses se convirtió en un objetivo fácil para el Ejército, e incluso hubo dos momentos, cuando uno de sus soldados tenía en la mira su cabeza y otra cuando lo pudieron capturar sin problemas en San Cristóbal de las Casas, que la instrucción fue no hacerle nada y dejarlo en paz. 

Para efectos prácticos, el EZLN transitó de guerrilla a una especie de ONG con pasamontañas, inserto en la lógica del movimiento globalifóbico, del que “Marcos” es uno de sus héroes. Apoyos y financiamientos llegaron de Europa para respaldar la causa indígena sobre la cual hoy el país sigue partido. En la prensa se ve hot la polarización entre quienes afirman que los indígenas en Chiapas están peor que hace 20 años, y quienes iluminan el desarrollo en las comunidades zapatistas. La realidad debe ubicarse en algún punto intermedio. Lo único totalmente comprobable es que los indígenas, como hace dos décadas, siguen siendo rentables.

 

 

 

 

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