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Los fracasos de Peña Nieto

Buena parte de la comentocracia mexicana coincide en el hecho de que 2013 fue un año de notables éxitos para el presidente Enrique Peña Nieto.

Y, en efecto, el presidente mexicano resultó ganancioso en su primer año de gestión, gracias a la peculiar alianza entre la derecha, la izquierda y el centro –PAN, PRD y PRI–, que mediante el Pacto hicieron posible lo impensable; la mayor cantidad de reformas constitucionales de la historia moderna, en sólo dos periodos de sesiones del Congreso.

Más aún, en los centros financieros globales no se hizo espe-rar el aplauso al nuevo presidente mexicano por reformas como la energética y la financiera, en tanto que medios especializados del mundo ya califican a México como el nuevo líder del continente, por encima de Brasil. Y, en efecto, resultaría mezquino negar los éxitos del gobierno peñanietista y de los partidos opositores, representados en el Congreso.

Sin embargo –el prietito en el arroz–, durante el primer año de gobierno de Peña Nieto no todo fue exitoso. ¿Por qué? Porque más allá del aplauso de los mercados y de los reconocimientos globales, lo cierto es que el Estado mexicano muestra severas deficiencias –que afectan a millones de mexicanos–, en los terrenos de la seguridad y la impunidad.

Sí, hace unas horas, un grupo de 300 civiles fuertemente armados entraron al municipio de Parácuaro, Michoacán, en donde ocuparon la presidencia municipal, desarmaron a la Policía local y se instalaron como la única autoridad constituida. Se trata de las llamadas “autodefensas”, que en poco más de un año avanzan libremente en Michoacán hasta ocupar en total 10 de los 113 municipios de la entidad.

¿Qué debemos entender los ciudadanos de a pie –y qué deben entender los centros financieros globales–, cuando el Estado mexicano es rebasado en una de sus responsabilidades fundamentales, como es la seguridad? ¿Por qué razón –sea en Michoacán, sea en Guerrero u otras entidades–, los grupos de autodefensa crecen sin ningún control y se constituyen en una autoridad y un poder al margen de la autoridad y el poder constituidos?

La respuesta a las anteriores interrogantes no admite margen para especular o para eludir res-ponsabilidades. La respuesta es contundente; la proliferación de las autodefensas en Michoacán y en otros estados –y la impunidad que cobija a los grupos criminales–, son un rotundo fracaso del gobierno de Enrique Peña Nieto y del Estado mexicano todo. 

¿Por qué?

Porque si bien existe una responsabilidad compartida de los órdenes municipal y estatal de gobierno, lo cierto es que el tamaño del problema –la hegemonía que han plantado en estados como Michoacán grupos criminales como Los Templa-rios–, hace indispensable la intervención de la fuerza federal.

Está claro que el problema rebasó desde hace mucho a los municipios y a los estados, para convertirse en un conflicto de seguridad nacional que, por esa razón, compete a los Tres Poderes de la Unión; Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pero también es cierto que en el caso de las autodefensas, han fracasado tanto el gobierno de Enrique Peña Nieto, como la vigente le-gislatura del Congreso y, sin duda, el Poder Judicial. 

¿Qué esperan los presidentes del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto; del Legislativo y del Judicial, para diseñar una estrategia efectiva y eficaz en materia de seguridad, que restablezca la tranquilidad en Michoacán y en otras entidades, y que regrese a los militares a sus cuarteles y a sus casas y actividades productivas los civiles que han tomado en sus manos las llamadas “autodefensas”?

Y es tal el ridículo de la au-sencia de autoridad en buena parte de Michoacán –y de otros estados–, que luego del accidente aéreo sufrido el pasado sábado por el líder de las “autodefensas”, José Manuel Mireles, los estatales y los federales investigan si se trató de una emboscada por parte de los Templarios. 

Es decir, que los gobiernos estatal y federal se han convertido en meros espectadores de una guerra entre criminales y ciudadanos que –ante el fracaso del Estado–, han tenido que asumir su propia autodefensa. ¡Sí, que bien por el PRI y por el gobierno peñanietista que se revelaron como campeones de las reformas constitucionales! ¡Pero que mal, por la incapacidad del PRI y del gobierno de Peña Nieto para poner orden en Michoacán y en otras entidades!

Pero los fracasos de Peña Nieto no sólo son visibles en el caso de las “autodefensas”. No, también son evidentes en el crecimiento sin control de la mafia CNTE y de la corrupción sin freno en los penales, en donde las bandas criminales mandan. ¿Hasta cuándo? Al tiempo

 

 

 

 twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 

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