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Crónica andante

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1994

Hace 20 años, el 1 de enero del 94, el país amaneció sacudido por la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Dos décadas atrás, en estos precisos días y horas  México estaba cimbrado. Periodistas de todas latitudes se enfilaron hacia el estado de Chiapas, la sensación  generalizada era que algunas certezas  fundamentales de nuestra    realidad se habían trastocado. Y si  eso se percibía a la distancia, con más razón trasponiendo los límites de Tuxtla Gutiérrez, San Cristobal de las Casas o acercándose a los linderos de la Selva Lacandona por Ocosingo o por alguna de sus vías de acceso.  Pero pronto se mostraría que no era una sensación irreal, sino que verdaderamente estaban desquiciados  muchos de los equilibrios del país,  a tal grado que a los pocos meses sucedería la muerte de Colosio, el candidato presidencial del PRI, y varios otros acontecimientos que daban cuenta de que el caos reinaba  tanto en la superficie como en las alcantarillas del poder. 

  Hubo por entonces momentos memorables en cuanto a la aparición de  vigorosos movimientos civiles que incluso en situaciones críticas fueron capaces de detener la ofensiva militar con la que el gobierno federal pretendía finiquitar el conflicto. También el debate nacional alcanzó una riqueza sorprendente porque junto a la temática propiamente indígena tomaron brío otros tópicos de la agenda nacional relacionados no sólo con desigualdades económicas sino en general con el modelo de desarrollo, y con el proyecto civilizatorio al que México le ha apostado.  De hecho, para el impacto social   que entonces alcanzaron los zapatistas  fue decisiva la simpatía que despertaron entre voces de alto calibre que sin necesariamente coincidir en la vía armada legitimaron las razones de fondo del levantamiento y  alentaron espacios de opinión, diálogos, producciones literarias y periodísticas, así como creaciones  artísticas que al mismo tiempo que significaron una muralla de protección, articularon un discurso y toda una serie de símbolos que se incorporaron fuertemente a la percepción nacional.

Muchas, pero muchas cosas han pasado estos últimos 20 años. Incluida la muerte del Obispo Samuel Ruiz, un personaje clave en  ese entramado  que dio origen a la rebelión de los indígenas de Chiapas. Y también, luego de varios momentos donde con diversa fortuna lanzaron apuestas organizativas o mediáticas en coyunturas nacionales, los personajes más públicos del EZLN  que aún están con vida, desde hace varios años  se    replegaron a sus territorios, y al contrario de los noventa, ahora su influencia política y su interlocución con la sociedad amplia  no tiene los alcances de entonces (Asunto que desconozco si estará en sus prioridades o preocupaciones). 

   Pero más allá del destino presente o futuro de esa organización que   tuvo la tenacidad y el  arrojo de interpelar al país con tanta razón y contundencia, lo que desasosiega  es que  a 20 años de distancia parece que estamos más maltrechos  y   una inquietante  incertidumbre  sigue instalada en el horizonte del  país…

 

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