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Michoacán, guerra civil y gobierno inexistente

Las imágenes difundidas por los medios, en torno al choque violento del pasado vier-nes en el estratégico municipio de Atpatzingán, Michoacán, son propias de una guerra civil.

En las primeras planas de la prensa de ayer sábado eran visibles camiones de carga y de mercancías quemados y colocados para bloquear carreteras; vehículos particulares en llamas y con impactos de armas de alto poder a la vista. En todas las imágenes aparecían ciudadanos “de a pié”, sin vestimenta militar o policíaca que, resguardados en posición de tiro, parecen librar una guerra.

En todas las imágenes, sean gráficas o de video, aparecen civiles de las llamadas “autodefensas”, que portan todo clase de armas pero –sobre todo–, rifles de alto poder y de uso exclusivo del Ejército y la Policía Federal. También en todas las imágenes es evidente la ausencia de policías y/o militares.

En las imágenes es claro el cruce de caminos; Apatzingán-Pará-cuaro; el centro de operaciones de Los Caballeros Templarios; cruce de caminos que todos conocen en Michoacán como el corazón del poder Templario, pero que ninguna autoridad identifica de manera oficial. A donde ninguna autoridad se atreve a entrar y, de manera casual, a donde van dirigidas todas las acciones de los civiles armados.

Las imágenes también nos llevan al centro de Apatzingán, en donde aparecen comercios y empresas privadas víctimas del fuego. Está claro que fueron quemados de manera deliberada. En el corazón de Apatzingán –que es también el corazón del poder Templario–, el fuego también consumió una parte de las instalaciones de la presidencia municipal.

Y si existen dudas de que en Michoacán asistimos a una gue-rra civil, basta con leer algunas reseñas periodísticas. Dice la impecable nota de Lydiette Carrión, enviada de El Universal: “Los grupos de autodefensa, con unas 40 camionetas y 200 hombres armados tomaron ayer Antúnez, un poblado de Parácuaro; incursión valorada como estratégica porque queda a 22.4 kilómetros de la cabecera municipal de Atapt-zingán. Esta acción apuntala lo que ellos (los autodefensas) llaman “la inminente toma de Apatzin-gán”, considerado bastión de los Templarios”.

Y sigue: “Los comunitarios tienen ya presencia en cinco de los seis municipios que rodean Apat-zingán. Los líderes tomaron la decisión ayer, después de que Esta-nislao Beltrán habló por teléfono con José Manuel Mireles, líder moral del Consejo General de Autodefensas y comunitarios de Michoacán –y que está hospitalizado en el DF–, le dijo ayer a su amigo y representante en la zona, que se debía “buscar darle legalidad al movimiento”, coordinándonse con las autoridades federales”.

CIVILES VS CIVILES

Son contundentes las imágenes y las reseñas de “la batalla de Apatzingán” –como ya identifican algunos medios el choque de “Autodefensas” y Templarios–, y en donde queda claro que civiles comandados por José Manuel Mireles y Estanislao Beltrán, tomaron la justicia por propia mano, se armaron por su cuenta, diseñaron una estrategia de guerra contra los Templarios y pronto esperan consumar no la “toma de Zacatecas”, y tampoco la “toma de San Cristóbal”, sino “la toma de Apatzingán”.  

Y vale recordar que en días recientes –frente al recrudecimiento violento en Michoacán–, distintas voces desestimaron la gravedad de lo que pasa en esa entidad. “Una guerra, lo que se dice una guerra, la que declararon los zapatistas al Estado mexicano”, minimizaban unos, en tanto que otros consideran “una exagera-ción llamar guerra”, al enfrentamiento que se libra en Michoacán.

Y, en efecto, pudieran tener razón aquéllos que desestiman una potencial guerra en Michoa-cán. En efecto, los grupos de “autodefensa” que en meses recientes surgieron en Michoacán, poco o nada tienen que ver con un mo-vimiento político, ideológico y/o militar como el del EZLN, que lanzó la guerra al Estado para derrocar al régimen. Cierto, las “autodefensas” están lejos de ser un ejército regular, o un cuerpo policial o paramilitar.

Sin embargo, nadie puede negar que son un grupo de civiles organizados y armados, que han tomado en sus manos la justicia y la ley, no para derrocar al régimen; a los gobiernos municipales, al gobierno estatal o al federal, sino para suplir la ausencia de gobiernos municipales, el estatal y la autoridad federal; todo ello ante el florecimiento de mafias criminales como los Caballeros Templa-

rios; civiles que mediante el uso de la fuerza, la violencia y el crimen, intentan imponer su hegemonía en Michoacán.

ILEGALES VS ILEGALES

Pero el asunto adquiere un matiz de guerra civil –en donde civiles disputan la hegemonía del poder ante la ausencia de autoridad–, cuando la crisis michoacana alcanza niveles de choque entre fuerzas sociales extralegales, que pelean al margen de todas las reglas del Estado. Pero para entenderlo vamos por partes.

Todos saben que a partir de la fragmentación de La Familia Michoacana, el grupo mafioso hegemónico en esa entidad se llama Caballeros Templarios. Todos saben que los Templarios han suplantado facultades fundamentales del Estado moderno; como el cobro de impuestos, el monopolio de la fuerza y hasta la implantación de una nueva ley; la ley de los Templarios. Todo eso sin la intervención de autoridades municipales y menos las esta-tales, que han sido sometidas por Los Templarios.

Frente a ese nuevo poder en Michoacán –un poder al margen de la ley, como el poder Templa-rio–, y ante el inexistente poder municipal, estatal y federal, se gestó una alternativa social, llamada “autodefensas”. Las autodefensas no son otra cosa que ciudadanos agraviados por el poder abusivo, la extorsión, el cobro excesivo de cuotas, de piso y la depredación de negocios que han proliferado con los Templarios.

Sin embargo, el poder fáctico, ilegal, mafioso y depredador de los Templarios no podía ser enfrentado con pistolas de bajo calibre y menos con rifles de caza. Tampoco con los menguados recursos de los michoacanos pobres y clasemedieros que son parte de las “autodefensas”. Pero sobre todo las “autodefensas” no podían y no son una fuerza policial o militar regular, legal y constitucional-mente constituida. En rigor son otro poder fáctico e ilegal.

De esa manera, en Michoacán se vive una guerra entre dos grupos civiles –Templarios y “autodefensas”–, los dos ilegales, al margen de la ley y que dan inicio a una peligrosa valcanización mexicana, en donde el poder municipal y estatal se fragmenta en tanto el poder federal se limita a ver pasar y dejar hacer.

¿Esa es la fuerza del Estado en el gobierno de Peña Nieto?  ¿Y las promesas de llevar la paz en Michoacán? Al tiempo.  

twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 
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