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Michoacán: la primera víctima

Horas antes de que comenzaran los primeros disparos en la batalla por Michoacán, los grupos de Autodefensas informaron en su página en Facebook, Valor por Michoa-cán, que en la recuperación militar de Nueva Italia, había habido un enfrentamiento, con disparos al aire de los soldados, que habían causado la muerte de 12 personas. Ninguna autoridad salió a confirmar o desmentir esa versión, que fue tomada por Reforma para su titular. Era  falsa, pero los medios electrónicos la tomaron por cierta durante la mañana.

Por la noche del lunes, el gobierno federal difundió en El Noticiario de Televisa una declaración grabada de Juan Manuel Mireles, uno de los líderes de los grupos de Autodefensas, cuando aún estaba bajo protección de la Policía Federal tras su accidente de aviación hace casi 10 días, donde decía que depondría las armas y acataría el Estado de Derecho. Horas después, en una casa de seguridad en la Ciudad de México, le dijo a  reporteros mexicanos y estadounidenses lo contrario. De acuerdo con la versión del diario The Washington Post, Mireles afirmó que no se desarmarían hasta que el gobierno arrestara a los siete líderes de Los Caballeros Templarios –que no identificó-,  y demostrara que es capaz de restablecer el Estado de Derecho.

En un desafío abierto al gobier-no federal, que en voz del secreta-rio de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, había puesto un ultimátum a las autodefensas al mediodía del lunes para que entregaran las armas y se ajustaran a la ley, Mireles afirmó: “Nosotros somos simples civiles. Queremos justicia. Cuando no hay justicia en una comunidad, cuando no hay Estado de Derecho en la comunidad, la gente tiene que encontrar la justicia en sus propias manos”. Mireles, resguardado por las fuerzas federales porque, según Osorio Chong era un aliado porque combatían a los Templarios, condicionó al gobierno federal para la entrega de armas y le fijó las metas. Regresarán a sus comunidades, dijo Mireles, cuando el gobierno impida a Los Templarios “cobrar protección, cometer ejecuciones, secuestros, extorsión y violaciones”.

Las declaraciones de Mireles fueron acompañadas por declaraciones desde Michoacán de los voceros de las autodefensas insistiendo que no entregarían las armas. En la madrugada, en su página de Facebook dieron a conocer del enfrentamiento con tropas federales en Antúnez, en el municipio de Parácuaro, entre Nueva Italia y Apatzingán, con un saldo de cua-tro muertos, incluido un menor de 11 años. Unas 10 horas después, la Secretaría de la Defensa confirmó el enfrentamiento, pero aclaró que sólo había dos muertos. 

De manera natural, el gobierno federal llegó de la mano de Osorio Chong a la batalla paralela que se libra en Michoacán, la de la comunicación política. Entró débil a ella porque en la presentación de la súper anunciada estrategia para frenar la violencia en el estado y restablecer la Ley y el orden este lunes, no dijo nada nuevo. En agosto del año pasado, partidos políticos, sectores sociales y empresarios firmaron con los gobiernos federal y estatal el llamado “Acuerdo por Michoacán”, con el cual buscaban frenar la violencia en la entidad. Funcionarios federales explicaron que el gobierno realizaría la toma del estado ante el problema de la debilidad institucional. Cinco meses después, en medio del fracaso total, Osorio Chong lanzó una versión edulcorada y limitada de aquella estrategia, pese a que las condiciones objetivas de la violencia y la beligerancia, se acentuaron. 

El secretario quiso darle el spin a la estrategia anunciada en una entrevista radiofónica con Joaquín López Dóriga, que resultó intrascendente. Poco después utilizó su espaicio en Televisa para difundir, al estilo de la propaganda del gobierno de Felipe Calderón, la declaración de un delincuente –Mireles es jefe de las autodefensas, que han violado varios artículos constitucionales y leyes-, perjudicó al periodista y al medio cuando Mireles apareció desmintiendo todo lo declarado bajo protección federal, y echó por la borda la comunicación política institucional.

En 2004, el periodista australiano Philip Knightley, escribió un libro seminal guerra y propaganda, llamado The First Casualty (“La Primera Víctima”), donde afirma que en un conflicto, la primera víctima es la verdad. Michoacán no es un caso ajeno a la dinámica de una lucha donde la información y la propaganda se mezclan, y quien es capaz de manejar los dos espacios a la vez, gana. En el primer round michoa-cano, Osorio Chong fue derrotado por los voceros de las autodefensas. Una retoma de Michoacán requiere de la fuerza y de la propaganda. La primera ya la tiene. De lo que carece, hasta ahora, es de la segunda. Ni estrategia de información, ni de propaganda. El gobierno federal está cojo y esta debilidad llevará al presidente Enrique Peña Nieto a pagar un costo mucho más elevado por la sangre que se va a esparcir por Michoacán por una entrada tardía, aunque indispensable, de las fuerzas federales, que van bien apertrechadas con las armas, sin el cobijo de la palabra.

 

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