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El juez justo como punto de partida

Muchas veces la humanidad se ha descarriado del camino y no pocas ocasiones jueces impolutos han contribuido a que la sociedad se reencuentre con los valores elementales para vivir como seres humanos. Sin una legislación promotora de valores, una sociedad está condenada a la violencia, pero hace falta algo más: el buen juez.

El buen juez tiene como característica fundamental su verticalidad, que implica la valentía para aplicar la norma y decir a quien le asiste el derecho, sin necesidad de consultar a los poderosos, por temor a convertirse en su cómplice, pues quien acumula gran cantidad de poder o de riqueza, tiende a poner a su servicio no solamente los bienes materiales sino también la voluntad de cualquier ciudadano, sea juez, legislador o titular del Poder Ejecutivo.

Los jueces deben ser un muro ante la injusticia, que cuando se generaliza, postra a la sociedad a través de la violencia. Algunas veces llamamos rezago a la resultante de la irresponsabilidad acumulada de funcionarios y empleados indispuestos a cumplir la ley e imposibilitados para hacerla cumplir.

Si el juez es incapaz de advertir las consecuencias de su prevaricación, pronto la justicia es puesta al mejor postor y deja de serlo para convertirse en privilegio.

El juez debe ser hombre culto y su vida producto de la reflexión sobre la naturaleza de la justicia y por supuesto de la bondad que es una concepción superior de la justicia. 

Un juez culto tiene capacidad para debatir sobre los principios elementales de la ética y buscar el soporte a sus decisiones más allá de la letra de la ley.

Sin embargo, el juez prevaricador, hurga en la expresión de la norma para encontrar la forma de beneficiar o perjudicar según sea el interés que mueve su resolución. “En caso de duda absolver”, es un postulado plausible, pero cuando se aplica argumentando duda y ésta no se da en el recto juicio, estamos en presencia de un delincuente y no de quien debe estar al servicio de la verdad y la justicia.

El Poder Judicial del estado de Guanajuato, decidió conceder la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia del Estado a un personaje que consagró su vida al estudio de la ciencia jurídica, para promover a través de resoluciones judiciales condiciones para que la sociedad viva en armonía por la vigencia del derecho.

Es cierta la dificultad para resarcir a quien ha sido violentado en su derecho, pero ello no debe inhibirnos de buscar la forma de compensar a quien ha sido vulnerado en su derecho y acude al Estado en busca de justicia.

Lamentablemente no siempre encontramos en el juzgador al ser humano confiable para exponerle en justicia nuestra tribulación. En esas condiciones al derecho violado se agrega la injusticia como nueva agresión a quien sufrió el atropello.

El propio gobierno puede consultar ante el juez confiable para obtener consejo, especialmente cuando el magistrado es hombre culto, probo y capaz de escuchar teniendo como escudo el secreto profesional.

El magistrado Valadez, por su sapiencia es el hombre público capaz de aconsejar, de educar, de guardar el secreto profesional, y de resolver y administrar la justicia. El buen juez por su persona empieza y la vasta cultura, no es tan sólo adorno espiritual, sino patrimonio que, cuando se tiene, debe compartirse generosamente como lo hace el abogado Valadez, quien lleva con gran decoro el título que le otorgó la Universidad del Estado.

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