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Las cañerías de Michoacán

 

En las dos últimas semanas todo cambió en Michoacán a partir de la declaración del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cuando dijo que los grupos de autodefensa eran aliados del gobierno federal en la lucha contra Los Caballeros Templarios. Como responsable de todo lo que tiene que ver con la seguridad interna –Gobernación absorbió a la Secretaría de Seguridad Pública–, su palabra fue tomada como ley, lo que desató una crítica nacional e internacional sobre el apoyo institucional a paramilitares. Pero al mismo tiempo, modificó la correlación de fuerzas en Michoacán y cambió lo que parecía la estrategia de un área del gobierno en contra de un cártel de narcotráfico.

Los grupos de autodefensa civil nacieron en febrero de 2013 en Tepalcaltepec, Buenavista y Tomatlán, de la mano de los hermanos Farías Álvarez. Juan Manuel fue alcalde de Tepalcaltepec y uno de los detenidos por la PGR en el caso de El Michoacanazo; y Uriel está involucrado en la investigación de Zhenli Ye Gon, el empresario mexicano de origen chino que importaba precursores químicos de China para el Cártel del Pacífico, del que es uno de sus jefes Joaquín “El Chapo” Guzmán. José Manuel Mireles, quien tomó el liderazgo, estuvo preso hace más de 10 años por tráfico de mariguana, y hace unas semanas le dijo a la televisión francesa que las autodefensas habían entrado en contacto con los chinos para venderles metales, uno de los negocios actuales de Los Caballeros Templarios. 

Las autodefensas no comenzaron con apoyo institucional. Un mes después de su apari-ción, el Ejército detuvo a 51 de sus miembros, que la PGR vinculó con el Cártel Jalisco Nueva Generación, una franquicia del Pacífico. Después de esa acción, poco se supo de problemas con las autoridades. Las autodefensas, que permanecían en sus comunidades, se habían vuelto funcionales y no eran hostigados por el Ejército, que tenía, por instrucción presidencial, la seguridad federal en Michoacán. En otoño comenzaron a suceder movimientos en el submundo michoacano.

En ese momento circuló en medios militares que había una negociación con Servando Gómez, “La Tuta”, uno de los jefes de Los Caballeros Templarios. Según una fuente que conoce del tema, “La Tuta” quería “salirse” de la organización y buscaba una puerta. En los medios castrenses había una línea de pensamiento que con Gómez se podía alcanzar un acuerdo, pero con Naza-rio Moreno “El Chayo”, el jefe del cártel michoacano presuntamente abatido –sin que jamás se recuperara su cuerpo– a finales de 2010, no habría otra opción que enfrentarlo hasta sus últimas consecuencias.

El regreso de Fausto Vallejo a la gubernatura de Michoacán en octubre pasado parece haber alterado esa ruta, a partir de la forma como cambió la estrategia de las autodefensas que, para entonces, contaban con la protección explícita del Ejército. Ese mes, por ejemplo, las autodefensas de Buenavista, Tepalcaltepec y Tomatán se desplazaron a Apatzingán, y tras ser recibidas a balazos, los soldados desarmaron a los policías municipales para evitar enfrentamientos. El respaldo de la tropa no fue desmentido por el gobierno.

Iniciaba una contraofensiva paramilitar. Existen videos que muestran cómo en esos avances para el control de municipios que estaban en manos de los Templarios, los militares se mantenían a la expectativa en el perímetro de las comunidades, cuya presencia en sí misma, inhibía a grupos que quisieran repeler a las autodefensas. Para entonces, la calidad y cantidad de su armamento había crecido de manera significativa y de Estados Unidos habían llegado refuerzos de exindocumentados y dinero. La intensidad de la guerra contra los Templarios se notó en el incremento de los precios de las armas por la alta demanda. Sólo como botón de muestra, un AK-47, llamado “cuerno de chivo”, cuesta 25 mil pesos, elevando su valor tres veces en dos meses. 

Las autodefensas se expan-dieron a 18 municipios, y al tocar las puertas de Uruapan, la capital económica de Michoacán, Osorio Chong declaró que eran aliadas del gobierno. En ese momento, lo que parecía un andamiaje cons-truido sofisticadamente, empezó a colapsarse. Las autodefensas dejaron de ser útiles para convertirse en un grupo al que se debía desarmar, pero no se hizo mediante la aplicación de la ley, sino a través de una negociación en curso. El Ejército desapareció del primer plano. Los civiles tomaron la iniciativa y regresaron a la Policía Federal al centro del conflicto, con los militares en la seguridad perimetral.

En dónde se quedaron las negociaciones con “La Tuta” es un misterio. Los jefes Templarios ya llevaban algunas semanas replegados y habrían sacado a sus familias de Tierra Caliente. La Policía Federal, de acuerdo con funcionarios federales, van por ellos a los montes de Michoacán, donde siempre han estado. El mando civil relevó al militar en Michoacán, y el Ejército pasó a la retaguardia. Dónde va acabar todo no se sabe, y lo que se ha movido por las cañerías en Michoacán en los últimos meses, es una historia todavía muy oculta.

 [email protected] | twitter: @rivapa

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