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Los cinco dramas de Michoacán

Como en pocas ocasiones –y como en su momento ocurrió con el alzamiento zapatista–, buena parte de la prensa mexicana se ha metido de lleno al drama humano, social, económico, religioso y político del conflicto en Michoacán.

Y es que esa prensa entiende que detrás de la violencia, la inseguridad, crimen, tráfico de drogas e ingobernabilidad existen ciudadanos y seres humanos de carne y hueso que sufren, a los que les falló el Estado mexicano y cuyas historias deben ser contadas. Va un resumen de esos dramas. 

El drama familiar, que por su crudeza desgarra a cualquiera, lo exhibe el reportero JC Vargas, de Excélsior, quien en Tancítaro localizó a la señora María del Carmen, vendedora ambulante, madre de dos hijos que a causa de la vorágine de la violencia están en bandos contrarios.

La hija de María fue tras el esposo al bando Templario. Cuando María quedó viuda –hace semanas–, la hija regresó para echarla de la casa familiar. El esposo y un grupo de encapuchados Templa-rios obligaron a María a firmar las escrituras de la casa familiar. La dejaron en la calle.

El otro hijo de María, un joven enlistado en las “autodefensas”, es un feroz combatiente contra los Templarios. Tiene la esperanza de ser policía y de recuperar la casa familiar. No le importa morir en defensa de lo que queda de su familia. La desnudez de la autodefensa.

El drama social que viven miles de michoacanos, resultado del secuestro y robo de propiedades, lo exhibió el reportero Rodolfo Montes, de Milenio, quien también en Tancítaro revela el momento en que líderes de “autodefensas” regresaron a sus dueños originales ranchos, casas, te-rrenos y todo tipo de propiedades arrebatadas por los templarios. La justicia por mano propia. 

La otra cara la presentó casi toda la prensa –en especial El Universal–, al exhibir imágenes de casas abandonadas por los Templarios, en las que destaca el lujo ramplón, el mal gusto, la ostentación y la vida de “nuevos ricos” de los criminales. Aparecen albercas, caballerizas, adoratorios, culto al dinero y ropa, zapatos y perfumes de marcas como Louis Vuitton, Gucci, Chanel, Burberry, además de joyas Cartier. Riqueza producto del crimen.

El drama económico lo reportó Alejandro Sánchez, de La Razón, quien revela que debido al control de Los Templarios en Apatzingán y otros municipios controlados por los criminales la inflación se elevó hasta en 100%, además que el desabasto es cosa diaria. Cuando hay productos, los habitantes pagan 20 pesos por unas galletas que cuestan ocho pesos; pagan más de 20 pesos por un kilo de tortillas, en tanto que el kilo de carne cuesta casi 200 pesos.

En los municipios en poder Templario se vive una economía de guerra; los criminales decretaron un impuesto al kilo de limón cosechado, a la caja de aguacates levantada, al kilo de carne que sale de los ranchos. El pueblo se alzó en armas cuando los Templarios pretendieron cobrar un impuesto adicional por metro cuadrado de las propiedades. Un estado dentro del Estado. 

El drama religioso lo reportó Marcos Muedano, de El Universal, en entrevista con el párroco católico de Apatzingán, Gregorio López, quien oficia enfundado en un chaleco antibalas. El párroco –igual que buena parte de la jerarquía católica de esa entidad–, desconfía del nuevo operativo federal y dice, sin titubeos: “Le beso los pies al presidente Peña Nieto”, si detiene a Nazario Moreno González (El Chayo), a Servando Gómez Martínez (La Tuta) y a otros líderes Templarios.

Lo cierto es que –similar a lo ocurrido en el alzamiento en Chiapas–, la iglesia católica ha jugado un papel fundamental en la construcción de la respuesta social ante el clima de violencia que agobia a Michoacán. Buena parte de la jerarquía michoacana, y los sacerdotes de a pie, fueron el cemento que unificó a los ciudadanos, los empresarios y hasta a los michoacanos que viven en Estados Unidos para hacer posibles a las autodefensas. Y de todos esos sectores viene el dinero para el movimiento que recupera Michoacán.

Y el drama político está a la vista de todos; crisis de goberna-bilidad que viene desde hace dé-cadas; de la que son responsables lo mismo el PRI, que el PRD y el PAN, que ha enriquecido a políticos y sobornado a gobiernos. Y el triste papel de un gobernador como Fausto Vallejo, que no gobierna y al que deben imponer un gobernador de facto. 

Lo curioso es que ante la culpa por el origen de la crisis, y ante los palos de ciego de todos los gobiernos, buena parte del Estado calla. Por eso la sociedad tomó la justicia en sus manos. Sin la sociedad, ni Peña ni nadie hubiese entrado a Michoacán. Al tiempo.

 

 

 

twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 

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