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Frustrado Calderón

  • Pierde en Michoacán y PAN
  • Otros “ex”, gozosos 
  • Profeco, como ejemplo  

 

De quienes habitaron Los Pinos y continúan en activo, a Felipe Calderón es a quien las cuentas políticas le van saliendo marcadamente mal en el reacomodo de fuerzas que se está viviendo en el país. Carlos Salinas de Gortari vive una especie de segundo reinado a trasmano, no con tanta fuerza e intensidad como las versiones públicas suponen pero sí con el suficiente margen de influencia como para sentirse seguro y reconfortado luego de su larga travesía por el desierto. Ernesto Zedillo no mantuvo apetitos políticos y se ha dedicado a consolidar su participación en ámbitos académicos y empresariales (promovido e incluido en comisiones, consejos de administración y otras tareas pomposas como premio por los servicios prestados a múltiples intereses trasnacionales), sin implicaciones, pero tampoco complicaciones, con lo que sucede en el día a día en México. Y Vicente Fox vive en ostentosa impunidad, con su esposa e hijos convertidos en símbolo vergonzoso de corrupción, dedicado a multiplicar su riqueza incluso con tragicómicos guiños preparatorios hacia el eventual negocio legal de la mariguana y con anuncios de crea-ción de fondos para invertir en aperturas petroleras, hasta ahora redituablemente convertido en aberrante promotor y defensor del gobierno del PRI.

Pero a Calderón nada le está saliendo bien. Cierto es que le han respetado la cobertura de espaldas que pactó con el PRI a cambio de atar de manos al PAN josefino y por tanto se mantiene a salvo de cualquier persecución por las barbaridades cometidas durante su paso por Los Pinos, sobre todo las relacionadas con su demencial “guerra contra el narcotráfico”, y hasta ahora no ha sido tocado ninguno de quienes le acompañaron en el escándalo sexenal, ni siquiera el emblemático Genaro García Luna. Sin embargo, el bumerán indirecto Michoacán y la preeminencia de Gustavo Madero en el PAN son dos de sus principales pérdidas actuales.

Aun cuando su nombre no se ha mencionado tanto como debiera en la crisis de Michoacán, es evidente que Calderón es uno de los responsables históricos, junto con los gobiernos locales perredistas, los de los permisivos Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy, de la agudización de las condiciones de injusticia extrema que propiciaron la oportuna promoción, durante el sexenio peñista que en esta materia se ha pintado de Naranjo, de los cuerpos de autodefensa (cuyas causas y objetivos son radicalmente distintos a los de policías comunitarias como las de Guerrero, no sólo por cuanto éstas tienen fundamento legal, sino, sobre todo, por cuanto al enfoque transformador o conservador que mueve a los armados en Guerrero o en Michoacán, con distintos tratos por parte del poder federal a los líderes Mireles y Mora, transportados y cuidados por la Policía Federal en sus problemas médicos, y a dirigentes comunita-rios como Néstora Salgada, quien lleva meses presa mediante artificios legaloides).

En la contienda interna por el manejo de la franquicia denominada PAN, las fuerzas felipistas también están en desventaja evidente, a tal grado que el actual directivo, Madero, en busca aún no formalizada de un segundo periodo, llamó a sus opositores, encabezados por Calderón, “frustrados”. Lo hizo en una jornada de ajustes que le permitió sentar las bases para su nueva elección, poniendo bajo su control la estructura que se encargará de esos comicios que serán los primeros en los que haya cientos de miles de panistas participando y no sólo los cientos que históricamente habían designado líder nacional a partir de arreglos casi familiares. Si triunfa Madero, con el apoyo de su aliado EPN, la fuerza de Calderón será simbólica, apenas representada por su principal personero, el senador Ernesto Cordero, y por otros personajes como su hermana Cocoa y su esposa Margarita Zavala, a la que desde ahora se tiene prometida una apaciguadora candidatura plurinominal a la Cámara de Diputados.

Todo hace suponer que Pedro Luis Benítez Vélez sólo estará unos días como encargado del despacho de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), pues EPN tomará una decisión en firme sobre ese relevo al regreso de su viaje a Davos, Suiza, el próximo 25. Lo gravemente significativo es que personajes como Benítez Vélez sigan ocupando lugares de privilegio en el esquema administrativo federal, así sea por tan breve lapso (podría, desde luego, ser confirmado en el puesto, aunque todos los rumores de élite apuntan a que la sustitución de Alfredo Castillo Cervantes recaerá en un perso-naje de más peso político, incluso para dar margen a otros reacomodos en el gabinete federal).

El fugaz directivo de la Profeco fue procurador de justicia del estado de Morelos durante el gobierno panista de Marco Antonio Adame y durante su gestión fue continuamente acusado de pasividad frente al escandaloso crecimiento de los índices de criminalidad, sobre todo en cuanto a asesinatos de mujeres y al menú tradicional de delitos asociados a las bandas organizadas, como secuestros, torturas, asesinatos y extorsiones. El funcionario tuvo, sin embargo, un personalísimo logro sonoro, pues consiguió una jubilación de 50 mil pesos mensuales luego de casi tres años de ocupar la procuraduría a la que renunció en abril de 2012 para disfrutar de su pensión.

Luego se fue a trabajar al Estado de México con su amigo Alfredo Castillo y, ya con el Grupo Atlacomulco en Los Pinos, fue acomodado en la PGR y como delegado de ella en el DF fue el responsable de dar forma oficial a otro de los cuentos que son especialidad de ese bando (el éxito anterior más importante había sido el de la niña Paulette y el colchón de las escondidas), el de los cándidos gases y sus explosiones desalmadas en oficinas centrales de Pemex. Si el afortunado no es él cuando EPN dé a conocer el nombre de quien se encargue en firme de esa procuraduría, Benítez Vélez regresará a los segundos planos (Castillo lo llevó como subprocurador a Profeco) que no por ello dejan de ser redituables.

Y, mientras EEUU insiste en declararse amablemente dispuesto a intervenir en asuntos mexicanos bajo el pretexto michoacano, ¡hasta mañana!

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