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Investigación CEIDAS

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Si en un indicador educativo hay rezago en el estado de Guanajuato, éste es el relativo a la cobertura de educación superior. De acuerdo con el Censo de 2010, a finales de ese año, el 72% de quienes tenían entre 18 y 24 años de edad no tenían oportunidad de asistir a la escuela. En el estado de Guanajuato las cosas estaban mucho peor, pues el 79.3% no tenían la oportunidad de estudiar la educación superior o de posgrado. Uno de estos nuevos instrumentos es la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, la cual se construye con base en una muestra recolectada en algunas de las principales ciudades del país, entre ellas León. Otras de las ciudades incluidas son Tijuana en Baja California; Acapulco en Guerrero, Cancún, en Quintana Roo; Tampico, en Tamaulipas; Veracruz, en Veracruz y el Distrito Federal.

Ningún país y tampoco ninguna región tiene oportunidades para crecer con equidad, cuando sus jóvenes ven truncado su derecho a la educación, lo cual implica la pérdida de capacidades para la investigación y la innovación, requisitos indispensables para impulsar la competitividad económica, pero también la competitividad social.

La baja cobertura en educación superior está vinculada, por supuesto, a la muy baja cobertura de educación media superior. Según los propios datos del censo de 2010, a nivel nacional el 33% de las y los adolescentes entre los 15 y los 17 años no asistían a la escuela; en Guanajuato el dato es de 41%.

Dicho de manera resumida, sólo 6 de cada 10 adolescentes en edad de asistir al bachillerato y únicamente dos de cada diez en edad de asistir a la educación superior tienen la oportunidad de hacerlo; una realidad muy dura porque por cada año de escolaridad que no se cursa, las personas pierden en promedio 400 pesos mensuales, de por vida.

Los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo no dejan lugar a dudas; y en el Índice de  Competitividad Social se muestra claramente que, si una persona cursa el primer año del bachillerato, frente a alguien que sólo cursa el tercero de secundaria, tendrá ingresos aproximados de alrededor de 5 mil pesos adicionales anuales.

Si alguien llega al segundo de preparatoria, frente a quien sólo termina la secundaria, tendría alrededor de 10 mil pesos adicionales anuales; mientras que alguien que termina la preparatoria, frente a quien sólo termina la secundaria tendrá, aproximadamente $17,280.00 pesos adicionales en ingresos anuales.

De esta forma, una persona que tiene la oportunidad de cursar la educación superior tendrá, en promedio, ingresos superiores en alrededor de 35 mil pesos anuales, respecto de quien únicamente tenga la posibilidad de concluir los estudios de secundaria.

Las políticas económicas de la entidad han apostado por la atracción de grandes empresas, y se ha consolidado el principal clúster automotriz del continente, al grado que las expectativas señalan que en el 2015 se estarán produciendo más de 1.7 millones de motores, y más de 1 millón de automóviles.

Sin embargo, el enorme problema que estaremos enfrentando se encuentra en la reducida capacidad de investigación e innovación científica y tecnológica; es decir, no puede haber desarrollo de la ciencia si no hay personas formadas como científicos. Y el problema de esto radica en que hoy la riqueza, sobre todo en los ámbitos en los que se ha logrado la atracción de inversiones, se genera precisamente en el sector de la inteligencia.

En este contexto, es de suma relevancia el proceso que se está desarrollando en la Universidad de Guanajuato, en torno a la renovación de su Junta Directiva, el principal Órgano de Gobierno de la Universidad, pues es el responsable nada menos que del nombramiento, desde el Rector General, hasta los Rectores de Campus, de las Preparatorias Oficiales así como de los Institutos que forman parte de la máxima casa de estudios de la entidad.

En este proceso se necesita, y con urgencia, que sean elegidas personalidades que tengan ya no sólo una visión importante de la realidad estatal, sino sobre todo un panorama nacional y hasta global, porque de ese tamaño es el reto que tiene enfrente la universidad pública en una entidad vinculada brutalmente a uno de los sectores más dinámicos a nivel planetario.

Desde esta perspectiva, el reto que tiene hoy la UG se encuentra en incorporar a su Junta Directiva a personalidades que puedan romper con la visión, en ocasiones aldeana, que se ha impuesto en la selección de los funcionarios más relevantes, como en el caso del Campus Celaya, en donde se eligió rector a una persona que no estaba titulada ni en el nivel de la Licenciatura.

La Universidad de Guanajuato tiene más de 30 mil estudiantes; muy pocos todavía si se consideran los datos respecto de quienes no tienen la oportunidad de estudiar. Cuenta con 20 programas de Doctorado, 35 de Maestría y 81 programas de Licenciatura, además de 21 programas de especialidad.

Se trata de una Universidad muy relevante, pero que necesita de mucho más recursos. Por ejemplo, el Congreso y el Gobierno del Estado deberían impulsar la creación de Preparatorias Oficiales en al menos todos aquellos Municipios que tengan más de 80 mil habitantes; esto implicaría la construcción de preparatorias en los municipios de Acámbaro, Valle de Santiago, San Francisco del Rincón, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Felipe, Cortazar, Apaseo el Grande y Abasolo.

En evidencia, se trata de un esfuerzo financiero mayúsculo, que exigiría la redefinición de prioridades; se necesitaría dejar de construir libramientos inútiles y obras de relumbrón; y establecer una nueva estrategia de inversión para la inclusión social de los cientos de miles de jóvenes que hoy no tienen opciones.

Con esto en mente, lo deseable es que la Universidad pueda incorporar a su Junta Directiva a las personas que puedan procesar esta complejidad y que puedan comprender que la Universidad Pública debe convertirse en un modelo y un poderoso instrumento de inclusión social.

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