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¡Sobre mi cadáver!

““Calles peatonales, esas sí son buen negocio para las tiendas”

 ILars Engberg, Alcalde de Copenhague.

 

Cuando en 1962 se propuso la primera calle peatonal en Copenhague, hubo un furioso debate y una enorme resistencia de los comerciantes en torno al tema de quitar los autos de la calle, lo primero que dijeron al saber la noticia fue: bliver over mit lig! (Sobre mi cadáver): el clima aquí es terrible, somos daneses no italianos, no vamos a salir a la calle a caminar, no tenemos tradición para la vida urbana, todos los negocios van a quebrar… 40 años después, los que más gritaron para oponerse a la peatonalización de la calle, ahora dicen haber sido los primeros que tuvieron la idea! y que si alguien pensara en volver a consentir el tránsito de los autos por dicha calzada tendrían que pasar sobre su cadáver antes de permitirlo.

Cuando en Zapotlanejo Jalisco el alcalde les dijo a los comerciantes que iban a prohibir  el estacionamiento en la calle para ampliar las banquetas, al unísono le increparon (a él en español): ¡Sobre mi cadáver!,  10 años después cuando le pregunté a algunos de los exitosos comerciantes de la zona, que opinarían si permitieran nuevamente el estacionamiento en la calle me respondieron con la misma frase. 

Más cercano y conocido el caso de la peatonalización del centro de León que siguió la misma secuela: férrea oposición inicial seguida de un crecimiento en la afluencia de visitantes y prosperidad en los comercios al concretarse el proyecto, al grado que ningún leonés puede imaginarse hoy en día un auto circulando por el jardín principal.

En el Centro Histórico de la Ciudad de México, como efecto del rescate de banquetas y espacios para el peatón a costa de autos estacionados en la vía pública, se ha casi duplicado la afluencia de visitantes en los últimos 6 años*

Es un paradigma absurdo, creer que el comercio va a decrecer porque no hay autos en la calle, más absurdo aún que muchos de esos autos sean de los mismos comerciantes que llegan temprano para “ganarle el lugar a los clientes!” y estacionar su auto lo más cercano a su tienda y el colmo que sean los mismos comerciantes los más beneficiados y quienes tradicionalmente más resistencia oponen a estos proyectos.

Es de sentido común que para comprar hay que estar de pié con la cartera al alcance, hay que pasar caminando frente a las vitrinas e irse enamorando del objeto a comprar, o comprar de impulso por la prenda deseada o el artículo necesario que se encuentra al alcance.  La posibilidad de que un automovilista en medio del tráfico vea algo que le agrade, busque donde estacionarse, se baje del auto, camine y saque la cartera es mil veces menor que la de un peatón que, sin obstáculos pasa frente al mostrador y compra lo que desea. 

Si nos damos cuenta, un Centro Comercial no es sino una calle artificial rodeada por un gigantesco estacionamiento, un espacio sin autos donde la gente camina y los comerciantes ofrecen sus mercancías en locales de altísimo valor inmobiliario con glamorosos aparadores, los únicos autos que se encuentran ahí son los de exhibición. 

El comercio en la ciudad es todavía más atractivo, los compradores no tienen que desplazarse expresamente para comprar, los compradores están ahí, algunos ahí viven o trabajan, otros más  simplemente pasan por ahí porque fueron a hacer algún trámite, o asistieron a algún espectáculo, estudian cerca o quedaron de verse para comer o tomar un café.

¿Cuántos proyectos no tienen empolvados los alcaldes por este temor al “costo político” que pudiera crear el ruido infundado de algunos comerciantes que probablemente no han tenido la oportunidad de asomarse a ver el éxito que sin excepción han generado estas medidas en todo el mundo?

 Sobre mi cadáver debería ser la expresión de los alcaldes ante la oposición que se presente por la realización de estas obras que tanto abonan al orden, al turismo, al comercio, a la equidad, al enriquecimiento y humanización de nuestras ciudades.

 [email protected] 

 

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