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Chispitas de Lenguaje

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A don José Emilio

“Calles peatonales, esas sí son buen negocio para las tiendas”: 

José Emilio Pacheco

 

«La palabra los dominaba o ellos la dominaban», declaró Silvia Lemus, viuda del escritor Carlos Fuentes, al referirse a la sincera y profunda amistad de su marido y José Emilio Pacheco. «Fueron personas que se reunían para hablar», precisó.

El pasado 28 de enero falleció don José Emilio Pacheco. Entre otros muchos aspectos y actividades de su vida dedicada a las letras, fue miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua. Todo su ser y vida, consagrados a las letras: poeta, ensayista, cuentista, novelista y traductor. 

La declaración de la viuda de Fuentes tiene varias lecturas. Una, la de una lucha constante. Es decir, la voluntad de dos personajes por controlar un ente escurridizo, incorpóreo, con materializaciones de diversa forma y modalidades en la mente de cada persona, que siempre los amenazó con hacerlos sus esclavos. Una vida de una feroz lucha por impedir que la Palabra se hiciera de su voluntad.

Otra, que la Palabra nunca logró su propósito, porque ellos lograron su cometido, sometiéndola a su decisión, como escritores. Como férreos combatientes desarrollaron sus habilidades en el coliseo del espíritu universal. Demostraron que a esa singular entidad es posible dominar con la voluntad de conocer sus recovecos. Exploraron entonces sus entrañas y la mostraron en sus textos a todo aquel que tuviera su mismo espíritu. La victoria de haber enfrentado un ente con representación gráfica, pero solo con existencia en la voluntad de quien se aventura a dominarla. Conocieron a profundidad ese aliento con sentido y lo expusieron sin cortapisas a sus lectores.

La tercera, la más simple y quizá más lógica, es que lograron conocer muy a profundidad ese fugaz instrumento que ha arrastrado masas a las guerras, hundido en el llanto a lectores, puesto en los más recónditos puntos del Universo al hombre o que lo ha colocado en la sima de los abismos de sí mismo. 

Hablar y escribir, ninguna fórmula secreta para dominar la palabra. Llevar la palabra más allá de la cotidianidad, darle sentido y profundidad; extraer de ella la singularidad, una personalidad distintiva, el oficio de escritor, poeta y filósofo de don José Emilio. 

Hablar y escribir es una actividad cotidiana en el quehacer de cualquier persona. Todos los días hablamos con otras personas y diariamente mandamos mensajes a nuestros contactos mediante el teléfono o las redes sociales. Sin embargo, recurrimos a ese instrumento como a cualquier cosa, sin reparar que en él se resguarda todo el Universo.

«Hay que amar las palabras, porque si uno respeta las palabras respeta todas las cosas», añadió la viuda de don José Emilio para describirlo, la también reconocida periodista Cristina Pacheco. 

Mi admirada amiga Flor Aguilera también así lo describe: un ser humano con el arma más poderosa pero capaz de comportarse sencilla y respetuosamente ante todo su entorno. Don José Emilio vio de frente la Palabra y nunca luchó contra ella: afablemente la invitó a que se apersonara en cada uno de sus lectores. Sólo falta que muchos más le perdamos el miedo.

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