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Secuestro: ¿por qué tenemos que creer? ¡No más actos de fe! 

Algo grave o muy grave le ocurre a los anticuerpos sociales cuando periodistas, analistas y opinadores llegan a la conclusión de que ante la epidemia de secuestros en México, la única alternativa posible es mantener la esperanza de que ahora sí, alguno de éstos días, la autoridad dará el golpe que ponga fin a ese flagelo.

Y es que nada bueno se pue-de esperar de una sociedad –y de sus periodistas, analistas y opinadores–, cuando pierden las capacidades sociales de asombro, indignación, rabia y coraje para exigir que los gobiernos cumplan su responsabilidad frente al escandaloso incremento del secuestro; para gritar un ¡ya basta!

Y es que lo que vimos cuando se presentó la nueva estrategia federal contra el secuestro, mostró que el alza escalofrian-te de las cifras del secuestro en México no correspondió un mayor enojo social, una mayor exigencia de eficacia y reacción oficial y tampoco vimos un grito ciudadano más sonoro. Lo que vimos fue un penoso acto de fe de líderes sociales, políticos y perio-distas: “¡más nos vale confiar!”.

Y los primeros en abandonar las capacidades de asombro, indignación, rabia y coraje por el alza en la cantidad de secuestros en todo el país –y por el fracaso oficial en su combate–, fueron los líderes sociales otrora poderosos motores de la indignación y la movilización sociales –víctimas ellos mismos del flagelo del secuestro–, que se conformaron con un penoso acto de fe. Sin más argumentos que su fe en el actual gobierno, confiaron en que, ahora sí,  “viene la buena”.  

Y siguieron no pocos ana-listas, periodistas y opinadores –incluidos políticos y hasta empresarios y líderes religiosos–, que prefirieron el camino de no cuestionar y menos asomarse a la contundente realidad de que el nuevo diseño del gobierno fede-ral contra el secuestro, es idéntico al viejo diseño contra el secuestro que, en su momento, presentó Felipe Calderón.

Y esos analistas, periodistas y opinadores tampoco quieren ver que los gobernantes que hoy proponen nuevas acciones contra el secuestro –y que prometen que ahora sí habrá resultados–, son los mismos que ayer no cumplieron de manera suficiente las acciones contra el secuestro. Más aún, pocos han reparado en que el llamado de Alejandro Martí, el mítico “¡Si no pueden, renuncien!”, terminó en grosero engaño. ¿No lo creen? Van las pruebas.

LA PROMESA

El 21 de agosto de 2008, el entonces presidente Felipe Calderón encabezó el Consejo Nacional de Seguridad Pública, en respuesta al asesinato de Fernando, hijo de Alejandro Martí.

Ese 21 de agosto de 2008, igual que ahora, Calderón anunció que pondría freno definitivo a todas las modalidades de secuestro y extorsión. Igual que ahora, Calderón dijo que existían las bases “para un sistema de procuración e impartición de justicia”. Igual que ahora, Calderón aseguraba que los tres órdenes de gobierno y los Tres Poderes de la Unión “asumirían una guerra frontal contra la delincuencia”.

Igual que ahora, ese 21 de agosto de 2008, Calderón comprometió a los gobiernos estatales a crear una unidad antisecuestro en cada entidad e insistió en su mayor reclamo a lo largo del se-xenio; la creación de la Policía nacional. Igual que ahora, Calderón prometió tecnología e inteligencia. Igual que ahora, toda la clase política prometió que no habría tolerancia contra secuestradores y que –ahora sí–, en los penales se bloquearían las señales de celular.  

Igual que ahora, ese 21 de agosto de 2008, Calderón lamentaba la impunidad y la incapacidad de concretar buenas investigaciones y la falta de preparación de policías, investigadores y juzgadores. Y también igual que ahora, todos los gobernadores y servidores públicos se compro-metieron con la lucha contra el secuestro.

EL FRACASO

¿Y qué pasó? Poca cosa, que vistos los hechos a la distancia muy pocos cumplieron –si no es que nadie–, a pesar de que ese 21 de agosto de 2008 –cuando Calderón presentó su estrategia antisecuestro–, Enrique Peña Nieto era gobernador del Estado de México, Miguel Osorio era gobernador de Hidalgo y Miguel Ángel Mancera era procurador de justicia del DF.

En ese 21 de agosto de 2008, Eduardo Medina Mora era procurador general de la República; Luis Videgaray era diputado fe-deral; Manlio Fabio Beltrones era líder del PRI en el Senado; Emilio Gamboa era líder del PRI en la Cámara de Diputados; la mayoría de los ministros de la Suprema Corte eran casi los mismos que hoy siguen en sus cargos y casi todos los jueces federales y locales ya estaban en sus cargos. Pero además, en ese 21 de agosto de 2008, casi la mitad de los actuales gobernadores eran diputados federales, senadores, secretarios de gobierno.

Queda claro –y lo grita la rea-lidad–, que a la distancia pocos o ninguno de esos líderes políticos, sociales y gobernantes cumplie-ron con su parte en el combate del secuestro. Si entonces hubiesen cumplido, el Estado mexicano no habría reeditado la estrategia federal contra el secuestro.

LOS ACTOS DE FE

Hoy Enrique Peña es presidente de los mexicanos, Miguel Osorio es secretario de Gobernación, Miguel Mancera es jefe de go-bierno del DF, Eduardo Medina Mora es embajador de México en EU, Luis Videgaray es titular de Hacienda, mientras que Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa presiden las bancadas del PRI de diputados y senadores.

Hoy casi todos los ministros de la Corte siguen en sus cargos, los mismos jueces y magistrados siguen dejando en libertad a secuestradores –como el caso del juez corrupto Eduardo Mata Ca-rrillo–, mientras que cinco de los diez estados con más secuestros son gobernados por el PRD; Morelos, Guerrero, Tabasco, Oaxaca y el Distrito Federal; en tanto que otros cinco con elevados niveles de secuestro son gobernados por el PRI; Tamaulipas, Michoacán, Veracruz, Zacatecas y Estado de México

¿Qué han hecho contra el secuestro todos esos gobernadores? ¿Qué hizo toda la clase política que el 21 de agosto de 2008 prometió acabar con el secuestro? Todos fracasaron; ninguno renunció –como propuso Alejandro Martí–, y a todos los premió la sociedad con mejores cargos y más importantes posiciones.

¿Por qué entonces tenemos que creer? ¿Por qué creer que los mismos que ayer prometieron acabar con el secuestro –y que fracasaron–, hoy podrán acabar con el secuestro? ¿Por qué esperar que los mismos que ayer no hicieron lo correcto en materia de secuestro, hoy harán lo correcto?

No, la responsabilidad social no admite actos de fe; exige mantener vivas las capacidades de indignación, reclamo, exigencia y crítica. Al tiempo. 

twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 
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