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La izquierda contra sí misma

En varios países la izquierda ha gobernado por periodos prolongados y en distintas ocasiones. Para ello, hubo de abandonar sus planteamientos más radicales, acercarse al centro político, ser electoralmente competitiva y atraer el voto independiente sin el cual el triunfo es imposible. Hay quienes sostienen que aun en las democracias deben existir movimientos contestatarios y de cierta radicalidad propositiva y estratégica, para generar algunos cambios que de otra forma simplemente no ocurrirían. Pero yo creo que la izquierda puede hacer más cambios y de mayor profundidad en el poder, desde donde la izquierda puede realizar mayores transformaciones que protestando en las calles y bloqueando accesos públicos. 

En México, la izquierda partidista no parece haberse decidido por la vía institucional, sino que se halla siempre en la encrucijada entre el “movimientismo” y la lucha electoral. Su discurso radical y estridente aleja al suficiente número de electores independientes como para poder ganar. No es posible demostrar con la información disponible que en 1988 haya triunfado Cuauhtémoc Cárdenas, pero pudo haber ocurrido. Lo que sí quedó claro es que hubo un fraude monumental, como implícitamente lo reconocieron los principales protagonistas del oficialismo a la periodista Martha Anaya (en un libro a veinte años de esa elección). Hablaron de un triunfo de Carlos Salinas de Gortari por uno o dos puntos porcentuales, cuando los resultados oficiales arrojaban casi 20 puntos de diferencia. Lo que implica que aceptaron un fraude de por lo aproximadamente 18% de la votación. 

En 1994 Cárdenas arrancó en segundo lugar en las encuestas, por lo que se hablaba de un posible “choque de trenes” entre la izquierda y el partido oficial. Cobró mayor fuerza el candidato del PRD con el surgimiento del EZLN ese año, pero justo ese fue un factor que a la larga jugó contra la izquierda; hubo un acercamiento excesivo entre partido y guerrilla, Cárdenas manejó un discurso más radical que en 1988 y el EZLN rompió el diálogo con el gobierno, radicalizando también su discurso, lo que contribuyó a generar un cuantioso voto del miedo en favor del PRI. Cárdenas quedó en un lejano tercer lugar. 

En 2000, Cárdenas arrancó la campaña en tercer sitio y Vicente Fox se ubicó lo suficientemente cerca del candidato oficial como para beneficiarse del voto útil que propugnaba la alternancia para “hoy, hoy, hoy”. A Cárdenas se le vio más cerca del PRI que del PAN, aduciendo razones ideológicas, pero no cuestionó la validez del resultado. En 2006, ya había surgido un nuevo liderazgo, Andrés Manuel López Obrador, cuya seguridad en el triunfo lo llevó a cometer errores y manejar también un discurso estridente y confrontacionista, algo irracional para quien va arriba en las encuestas, lo que provocó el alejamiento de numerosos votantes independientes  que terminaron apoyan-do a Felipe Calderón. A la jornada se llegó en empate técnico (donde un monto pequeño de irregularidades o inconsistencias pueden modificar u opacar el resultado). La rudimentaria reacción de López Obrador ante ello, allanó el terreno para su futura derrota en 2012 (cuando la izquierda optó de nuevo por AMLO y no por alguien mejor posicionado entre moderados e independientes), pues a pesar de haber manejado un discurso moderado, no logró reunir la suficiente proporción de votos independientes para derrotar al candidato priista. El problema de la izquierda es que no recono-ce sus errores (sus derrotas son siempre producto de fraudes monumentales y conjuras permanentes), por lo cual no puede enmendarlos (el libro de Ricardo  Monreal, La larga travesía, sobre la campaña de 2012, es nuevo ejemplo de auto-complacencia). 

En 2018, y ante el desplome del PAN, la izquierda podría ser nuevamente opción de gobier-no, siempre que se presentara unida con un sólo candidato (que además no fuera AMLO, ya muy visto y desgastado). Pero he aquí que en lugar de consolidar su unificación, sigue el camino contrario. El bateo que Morena hace al PRD en las protestas contra la reforma energética (bajo el pretexto de que el sol azteca “traicionó a la izquierda y al pueblo” por sentarse en el Pacto por México), refleja que su prioridad no está en la “defensa del petróleo”, sino en la pugna por los votos frente al PRD. En 2015, la pelea estelar no será entre el PRI y la oposición, sino entre el PRD y Morena. Los grupos anti-izquierda pueden estar tranquilos, que ella misma se encarga de meterse el pie cada vez que tiene oportunidad de acceder al poder.

 [email protected] | Investigador del CIDE. 

 

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