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Escándalos “engañabobos”

Mientras que en buena parte del país crecen sin control flagelos como el secuestro, el robo de niños, de mujeres jóvenes enroladas en la criminal trata de personas; y mientras que el consumo de drogas está fuera de control en casi todo el país, el “debate nacional” parece estar centrado en banalidades como las fiestas que realizan diputados y senadores del PAN.

Mientras que la crisis de la educación pública coloca a México en el último lugar de la OCDE; mientras el alcoholismo, la drogadicción y el abandono escolar son una escandalosa realidad entre jóvenes de todo el país, el “debate nacional” parece centrado en una gráfica en donde una senadora del PRD baila junto a la hija de un reputado mafioso.

Y mientras pocos creen en la eficacia del sistema mexicano de justicia –que exhibe su corrupción por todos los costados–, las redes sociales ya ocupan el lugar de modernos tribunales del “nacismo”; del feo “marcartismo” y de groseras dictaduras bananeras en donde los “indiciados” sociales eran quemados en leña verde por ese sólo hecho; ser señalados por la turba.

Hoy, gracias a la exaltación mediática y a la catapulta de las “benditas”  redes sociales, son te-ma de debate nacional lo mismo una fiesta realizada por el diputado panista Luis Alberto Villarreal, que una comida organizada por el senador azul Jorge Luis Preciado y una fotografía de la senadora perredista Iris Vianey. Y claro, son escándalos de fuerte repercusión mediática y social porque ninguno de los medios que se regodean con esa “información” tiene el cuidado de explicar a sus audiencias lo que hay detrás de esa escandalera mediática. Por eso la pregunta.

¿Alguien sabe, por ejemplo, que detrás de la exhibición de la cena y la comida de Villarreal y Preciado está la pelea por la dirigencia del PAN, entre Gustavo Madero y Ernesto Cordero? ¿Alguien entendió, por ejemplo, que detrás de la fotografía de la senadora Vianey, está la pelea por la dirigencia del PRD? ¿Alguien ha reparado en la fea realidad de convertir las redes sociales en “comités de salud pública” para aniquilar a los que piensan distinto? Vamos por partes.

EL KÍNDER AZUL

Primero hay que recordar que festejar en las cámaras del Congreso –Diputados y Senadores–, es de lo más común; sean fiestas organizadas por legisladores del PRI, PAN o PRD. ¿Que es una práctica reprobable? Sin duda, en tanto se usa dinero público no presupuestado para ello. Pero también es cierto que no constituye falta administrativa –y menos un delito–, ya que no hay reglamento para ello.

En el fondo, exhibir la vida privada del diputado Villarreal y las quejas de sus vecinos, es parte del juego de niños en que los “prohombres” del PAN han convertido la lucha por la dirigencia del partido azul. Y es que, por ejemplo, el diputado Villarreal se ha convertido en blanco favorito de los “corderistas”, en la lucha contra los “maderistas”. Y el objetivo es desprestigiar lo más posible al principal alfil de Madero; el señor Villarreal, quien por lo demás tiene una larga cola que le pisen.

En el caso de la fiesta que organizó el senador Jorge Luis Preciado, basta con echarle una mirada al puntual recuento que ayer sábado presentó El Universal, para comprobar que legisladores de todos los partidos recurren a esa fea práctica; fiestas con dinero público. ¿Y entonces por qué exhibir al senador Preciado como el malo de la película? Porque Preciado es el alfil de Madero en el Senado; porque Preciado ocupa el cargo que Madero le quitó al defenestrado Ernesto Cordero y porque Preciado maneja el dinero que manejaba Cordero.

En el fondo, el de Cordero y Madero es un juego de niños en donde uno enseña la lengua al otro, en tanto que el segundo pela los dientes al primero y luego los dos se arrebatan la plastilina. Ese es el penoso nivel de los políticos y legisladores mexicanos, en este caso del PAN, que juegan al juego de la política de kínder. Y claro, no faltan los incautos que felices y saltarines se meten al juego “engañabobos” de los panistas.

¿Y los grandes problemas nacionales? ¿Y las carretadas de dinero público que se gastó para su promoción personal el señor Cordero? ¿Y los vínculos de Madero con casineros de todo el país, con el “zar del juego”? ¿De verdad los grandes debates nacionales están detrás de una fiesta privada, como la del diputado Villarreal o en una comida en el Senado, como la que organizó el senador Preciado? Escándalos “engañabobos”.

GUERRA AMARILLA

Dice el refranero popular. “Si tiene cola de pato, patas de pato y grazna como pato, tenemos derecho a suponer que se trata de un pato”. Y, en efecto, la gráfica en la que aparece la senadora Iris Vianey sería contundente. Si es de Apatzingán, si aparece bailando y cantando en un coro con la hija del matarife templario “Quique Plancarte” y si es señalada por el doctor Mireles –otrora jefe de las autodefensas–, como “templaria”, tenemos derecho a suponer que mantiene vínculos con los templarios. Sin embargo, nadie tiene derecho a acusar a la senadora de ningún presunto delito a partir de una fotografía. ¿Por qué? Porque nadie sabe de cierto si la senadora es o no “templaria”, salvo ella y los “templarios”. Y corresponde a la autoridad respectiva –y a nadie más–, indagar y señalar si mantiene o no vínculos con los matarifes michoacanos.

Pero el tema de fondo está en otro lado. Todos saben que en el PRD –igual que en el PAN–, se disputa la dirigencia nacional. Todos saben que la pelea es a muerte. Todos saben que uno de los contendientes se llama Carlos Sotelo, michoacano y jefe de una de las tribus amarillas.

Pero lo que pocos saben es que Sotelo y Vianey mantienen una relación que va más allá de la de una senadora y su jefe de asesores. En realidad la senadora Iris Vianey es una suerte de “Juanita” que cuida la silla senatorial del exsenador Sotelo. Y cuando lanzan un misil al escaño de la senadora el objetivo no es ella –que poca o ninguna influencia tiene en el PRD–, sino su asesor y pareja, Carlos Sotelo.

¿Por qué hasta hoy salió a relucir la foto de la senadora y la roquera Plancarte? ¿Por qué el tamaño del escándalo, cuando otros reputados perredistas, panistas y priistas hicieron diputado a un narco confeso, como Julio César Godoy? Lo cierto es que el “sambenito” templario sepultó las aspiraciones de Carlos Sotelo de presidir el PRD. Peo es un escándalo “engañabobos” en dos pistas. Y es que la licencia de la senadora también es una patraña. Al tiempo.  

twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 
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