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Purga en el gabinete; ¿quién sigue?

Lo normal en todo equipo de trabajo –sea en el sector público o privado–, es que a poco de arrancar un proyecto se produzcan cambios. ¿Por qué? Porque las calabazas se acomodan al andar de la carreta.

Lo normal en un gabinete presidencial –como el de Enrique Peña–, es que los colaboradores que por alguna razón dañan la imagen de su jefe, deben ser removidos de inmediato.  ¿Por qué? Porque en un proyecto presidencial los colaboradores son “fusibles” que se queman para evitar dañar al jefe, como fue el caso de Humberto Benítez Treviño, extitular de Profeco.

Pero lo que no es normal es que un servidor público de primer nivel, como Francisco Rojas –director de la estratégica Comisión Federal de Electricidad–, literalmente decida “aventar la toalla” cuando apenas transcurre el primero de los seis años de un ambicioso proyecto como el de Peña Nieto. Por eso la pregunta. ¿Por qué se fue Francisco Rojas de la CFE?

Sobre el tema se han tejido toda suerte de historias e hipótesis que suponen que Rojas es, desde una suerte de párvulo de la política y del sector público, hasta un anciano berrinchudo que pretende decirle al presidente, su jefe, lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer.

Lo cierto, sin embargo, es que Rojas se fue por la única razón por la que un político profesional debe abandonar un proyecto político y de gobierno –y por la misma razón por las que no pocos integrantes del gabinete de Peña Nieto debieran retirarse–; por dignidad. ¿Francisco Rojas se fue por dignidad?

Sí, porque en el gobierno de Peña Nieto buena parte de los encargados de despacho –sea en el gabinete legal, sea en el ampliado–, no son más que jefes de una oficialía de partes en donde su responsabilidad se limita a que camine correctamente el aparato burocrático y su respectivo espacio de poder.

Es decir, que todo lo que tiene que ver con las importantes reformas en materia energética y, en especial con la energía eléctrica, no han pasado por la CFE y –lo peor del caso–, que nadie tomó en cuenta lo que dijo su director. A nadie le importaron las opiniones de Rojas –quien algo debía saber del tema–, en momentos en que el paradigma del petróleo y la electricidad en México están por cambiar. Y frente a esa realidad, por dignidad, Rojas tiró la toalla.

¿Y por qué nadie lo tomó en cuenta? Por razones del diseño de la estructura de gobierno. Porque todo el armado de las reformas energética, petrolera y eléctrica se hizo y se sigue haciendo en Los Pinos, bajo la supervisión directa del presidente y de “los hombres del presidente”, que no están en las secretarías de Estado, sino en el staff de “Los Pinos”.

Y lo mismo pasa en otros campos del gabinete presidencial y en otros temas que han sido motivo de “reformas estructurales”. Pero no todos los integrantes del gabinete legal y del ampliado tienen lo que Francisco Rojas. Ahora bien, una cosa es la salida de un integrante del gabinete –legal o ampliado–, y otra muy distinta es su relevo.

Y es que para llenar un espacio de poder en uno de esos gabinetes se requiere no sólo de la decisión presidencial sino, sobre todo, la influencia de los grupos que dominan el sector. Así, por ejemplo, para sustituir a Rojas fue evidente la mano de Luis Videgaray, el secretario de Hacienda, quien también metió la mano para designar al sustituto de Carlos Morales Gil, hasta hace días director de Pemex Exploración y Producción. Para sustituir a Alfredo Castillo –quien dejó la Profeco para convertirse en Comisionado para Michoacán–, fue clara la mano de Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, quien por todos los medios intenta hacer crecer su influencia política.

En realidad, asistimos a los reacomodos propios de un equipo de trabajo en donde todos los movimientos de hoy tienen un objetivo para mañana. Dicho de otro modo, que los dos grandes grupos que dominan el gabinete; el grupo mexiquense y el grupo hidalguense, se mueven para llegar a la sucesión presidencial mejor posicionados. 

¿Quién sigue en la purga del gabinete de Enrique Peña Nieto?

Los ojos de muchos observadores apuntan al inminente relevo de Manuel Mondragón y Kalb, Comisionado Nacional de Seguridad Pública y a la eventual salida  Rosario Robles, titular de la secretaría de Desarrollo Social. A Robles le auguran futuro en el Congreso por Nueva Alianza y luego como aspirante al GDF. 

Al tiempo.

EN EL CAMINO

El de Gregorio Jiménez, periodista veracruzano desaparecido –igual que muchos otros en esa entidad–, no puede ser una estadística más. ¿Hasta cuándo, presidente Peña Nieto?

 twitter-@Ricardo Aleman Mx |www.ricardoaleman.com.mx 

 

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