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Motivos periodísticos

Será muy difícil desligar el asesinato del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz del contexto del ejercicio profesional que realizó en el sur de Veracruz, donde se han multiplicado los secuestros, los asesinatos crueles, los choques violentos entre grupos sindicales y del crimen organizado y las reyertas partidistas, con fraude electoral demostrado, por poderes municipales.

Para sustentar la firme duda respecto a que el sacrificio de Jiménez de la Cruz se debiera a una venganza personal, a un mero pleito entre vecinos o a un encono por noviazgos juveniles mal llevados, bastaría el hecho de que los restos del periodista fueron encontrados en una fosa junto a los de Ernesto Ruiz Guillén, apodado El cometierra, quien fue el representante de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en la congregación Villa Allende, del municipio de Coatzacoalcos. De esa misma congregación, en la que vivía Jiménez de la Cruz, fue secuestrado el cetemista Ruiz Guillén el pasado 18 de enero, de lo que el periodista dio cuenta en Notisur (http://bit.ly/1j5knnN ), en una nota sin firma que posteriormente fue reivindicada por familiares como hecha por Gregorio.

En esa nota, titulada “Se lo ‘tragó’ la tierra”, se menciona que Ruiz Guillén fue secuestrado mientras “participaba en una asamblea” en casa “del líder sindical Leonardo Mendoza, alias El chaquira”, luego que con un “numeroso grupo de choque” habían participado en “un evento”, “armados con palos a la entrada de la Laguna de Pajaritos, donde al parecer se encontraba una manifestación de camioneros”. A la casa del líder sindical Mendoza llegaron “hombres armados que intentaron plagiar a tres de ellos, entre los que figuran Leonardo y Ernesto”, pero el primero alcanzó a fugarse y el segundo recibió dos disparos de arma de fuego en las piernas, luego de lo cual fue “levantado por sujetos que se lo llevaron con rumbo desconocido y hasta la fecha no se sabe nada de él”. La nota, redactada 48 horas después, aseguraba que no había ninguna denuncia ante el Ministerio Público por esos hechos.

Un día antes del secuestro de Ruiz Guillén, el propio Jiménez de la Cruz es citado como “fuente” de una nota en la que se menciona que “agrupaciones de diferentes sindicatos se manifestaron el día de ayer a la entrada a la Laguna de Pajaritos, pues aseguran que dos empresas que fungen como contratistas, no les están pagando lo justo por los fletes realizados, además de negarles la participación en los acarreos de esta laguna a Nanchital y de Nanchital a Etileno XXI”. Las empresas son  “DHL la cual es la encargada de contratar a los camioneros y subcontrató a otra empresa denominada ICSI” y según el líder cetemista Ramón Ortiz Cisneros, “no son mexicanas pues son de norteamericanos así como franceses, y con estas acciones están afectando a más 600 trabajadores del volante”, a los que pagan el 40% de lo que esas empresas cobran sólo como intermediarias  (http://bit.ly/1dIIVOo ).

Las denuncias sobre los peligros redoblados en la región fueron hechas con oportunidad. El 21 de enero, La jornada Veracruz publicó una nota titulada “Embate crimen organizado a petroleros”, bajo la firma de Sayda Chiñas, en la que el “líder moral” de la Sección 11 del sindicato petrolero, con sede en Nanchital, denunció secuestros de dirigentes, entre otros, el de Ruiz Guillén, El cometierra. El 5 de noviembre del año pasado, la columna Los gobernados, firmada por Juan Ciudadano y publicada en el diario Presencia (el cual recibió amenazas por su cobertura del pasado proceso electoral local (http://bit.ly/1hcZz0O ), señaló que “en las últimas semanas, el sur de Veracruz, Agua Dulce y Las Choapas, se suma al registro de casos sangrientos, de muertes que sacuden a la sociedad por la saña con que se le arranca la vida a un ser humano y al contexto en que ocurren estos hechos”.

En http://bit.ly/1esn3qM puede leerse el resumen de esos hechos sangrientos. Llama la atención que en el caso de dos de esos asesinados, uno de ellos fuera “Adolfo Sastré, un personaje polémico, de no muy buena fama pero que tuvo una muerte espantosa. Sastré presidía el Frente Auténtico de Trabajadores del Estado de Veracruz en Agua Dulce y a menudo tenía disputas con otros sindicatos de obreros y albañiles”. El polémico dirigente llevó el mismo apellido que como segundo tiene un par de tabasqueños encumbrados en la actual administración federal, pero sin que haya referencia de que sean parientes. El cuerpo de Gregorio Jiménez fue encontrado, según algunas notas veracruzanas, “en un rancho propiedad de la familia ‘Sastre’” (http://bit.ly/1jyp6BK ). Otros dos asesinados eran profesores opositores a la reforma educativa. Por ello, al final de la columna, Juan Ciudadano señala que “Algo está ocurriendo. La violencia ha vuelto. O quizá nunca se fue. Las ejecuciones están presentes, pero ahora contra obreros, campesinos y maestros, como si sus muertes las hiciera alguien y se las quisiera cargar al crimen organizado, sólo para despistar. Pero como sea, es violencia, son  ejecutados, es muerte y es el nivel de inseguridad que sigue dominando a Veracruz”. De esa alerta periodística han pasado más de tres meses.

Las Choapas, donde fue encontrado el cadáver de Jiménez de la Cruz y otras personas, incluyendo al líder cetemista, también ha sido reiterado escenario de fraudes electorales, con la caciquil familia priista Tronco en el centro de las acusaciones. El año pasado, los comicios para alcalde fueron anulados por el tribunal federal. El presidente del PRD, Jesús Zambrano, recordó ayer la “violencia propiciada por el crimen organizado” en esas elecciones y dijo no dudar que la muerte del periodista de Villa Allende haya sido una “venganza” de ese corte. Y advirtió del riesgo de que “michoacanice” Veracruz, por la podredumbre existente en los cuerpos policíacos. 

Ante ello, periodistas que ayer marcharon de luto en Xalapa dijeron a las autoridades “¡No les creemos!” la versión del pleito entre vecinos ( http://bit.ly/1cxtqtb ).

¡Hasta mañana, con el retorno político de Felipe Calderón!

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