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“El sentido mismo de su vida y su propia razón de ser radicaban,  quizá, en los errores. Puede que no  tuviera más remedio que cometerlos  y sufrir sus consecuencias en la tierra.”.

Carpe diem. Saul Below

 

Más que la pasión, como cuadraría a quienes tienen verdadera vocación de poder, a muchos políticos los mueve la vanidad. Y otras necesidades, éstas y aquella estrictamente personales. El “servicio a la sociedad” es su coartada.

El azar del destino, que en la política define muchas más cosas de las que se está dispuesto a aceptar, cuando es favorable, redondea el éxito de la aventura de la presunción.

Eso llevó, por ejemplo, a Vicente Fox hasta la presidencia de la República. Si él hubiera podido considerar cuidadosamente sus haberes y convicciones no lo habría intentado. Sus convicciones nunca fueron, y no lo son, ni claras ni firmes. Fuera de la política, sus capacidades intelectuales no acreditan mayores logros.

En los 90’s fue panista. En la segunda década del siglo XXI, priista. Y de sus prendas intelectuales… Hoy organiza “El rincón de la solterona” y promueve los shows de “Paquita la del Barrio” y de Juan Gabriel cuando otros expresidentes, Salinas, Zedillo y Calderón, escriben libros y regresaron a la academia. 

Otro caso análogo es el del exgobernador Juan Manuel Oliva, quien hoy quiere ser presidente nacional del PAN. Es por vanidad, claro, al suponer que puede, aunque también por necesidad. ¿Qué otra cosa podría hacer?

A la cuenta de Oliva se pueden cargar muchas cosas de su paso por el gobierno de Guanajuato. Pero sobresalen dos: el despilfarro de los recursos públicos y una enorme operación política y propagandística para ocultarlo. Hoy mismo, no podemos saber el tamaño de la dilapidación de recursos. Triplicó, y más, la deuda pública que le dejó su antecesor, Juan Carlos Romero, pero también se gastó todos los recursos extraordinarios que llegaron por el alza del petróleo, y los que Calderón le mandó para las fiestas del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución.

Y ya que estamos, el gobernador Miguel Márquez ¿le hará a Guanajuato el señalado servicio de aclarar las cosas (“transparencia”) y recuperar aunque sea una parte del dinero perdido (“rendición de cuentas”)?. ¿Lo hará su funcionaria encargada, María Isabel Tinoco, no “funcionaria b” sino un poco más abajo?

A Fox y a Oliva, dos gobernadores que hemos padecido, les han ayudado las circunstancias, en combinación con su arrojo, más que sus aciertos. Por ello, en sus momentos, su colección de errores fue ocultada fácilmente, y no pocas veces perdonada. Hasta que dejaron el poder.

Luego de sus momentos de esplendor, sin embargo, no han vuelto a dar golpe, confirmando su falta de consistencia. Una vez fuera del poder, con la fama a cuestas, y acaso con dinero de sobra, viven su viejo éxito como castigo. Sufren. Quieren seguir siendo, al menos, algo de lo que fueron.

Pero no han podido, y no podrán si no llegan a tener otro momento propicio que les dé posibilidades de concretar la fama. Como otro puesto de elección popular. De otra manera no podrían regresar al gobierno. ¿O alguien los imagina realizando una función que exija habilidades profesionales? A lo mucho, llegarían a ser “funcionarios b”, que es donde naufraga la gran masa burocrática.

Miguel Márquez, quien entra a su momento de esplendor, tiene otro talante. Es modesto, al menos hacia afuera, “comprometido” con el puesto y laborioso. Sin embargo… Lo que debiera ser una virtud se le ha convertido en defecto. Escogió mal a la mayoría de sus colaboradores, y ahora los “subsidia”: lo que hacen mal, o a medias, intenta hacerlo él. Los justifica, hace la vista gorda ante sus errores y omisiones, pero no los corrige. Ni los corre. En su santa paciencia, aun espera que aprendan de él y lo emulen. Hay un vacío en la relación laboral, que es política.

Tiene aún tiempo, pero no tanto como parece. Aunque 2018, el fin de su sexenio, se ve lejano, la falta de resultados le presionará antes de que se acabe este año.

Si no corrige, su desgaste, personal y político, será tan grande, que al final Fox y Oliva lo podrían estar esperando para darle la bienvenida a las filas de los “funcionarios b”. Cuando su horizonte podría ser, en vista de la larga y profunda crisis panista, el de la candidatura presidencial.

 

 

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