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Reflexión ciudadana

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Se comprometen priistas con políticas de Peña Nieto

La corriente priista que pugna porque la próxima dirigencia partidista sea producto de una elección, pretende legitimarse mediante un proceso en el que intervengan los priistas que deseen hacerlo, con la finalidad de despertar el interés por impulsar al interior del partido la participación de un número mayor de militantes, con el fin de fortalecer la presencia del partido en todo el estado y crear condiciones para el surgimiento de nuevos dirigentes, con la convicción de abrir las posibilidades de dirigir al partido a gentes con pasión por la democracia.

No es posible la democracia sin demócratas. Es condición ineludible para vigorizar la democracia, impulsar el reclutamiento de gentes jóvenes, mujeres y varones, convencidos de la necesidad de motivar la participación activa al interior del partido, con el fin de fortalecerlo con acción dinámica, encaminada a proporcionar a la ciudadanía elementos competentes para dignificar el desarrollo de la función, quienes además tengan la convicción de actuar conforme a principios para combatir la corrupción, como forma de propiciar la justicia social.

Para lograr la justicia social es imperativo elegir a gentes capaces de cumplir y hacer cumplir las leyes. Lo primero podría antojarse una aseveración vana, sin embargo en los tiempos que corren, muchos de los problemas sociales, han sido generados por la parálisis en la que caen los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y ante esa situación, si no son capaces de hacerla cumplir, optan por no cumplirla tampoco ellos.

Un sector importante de la sociedad ha caído en la práctica de un cinismo sin recato, al calificar a quienes cumplen y hacen cumplir la ley, como gentes rijosas. La censura viene apoyada por la fuerza de los poderes fácticos, quienes pretenden que la única ley, sea la decisión que proteja su interés y la actitud pasiva del ciudadano, es la que conviene a sus fines.

Esta práctica omisa en el cumplimiento del deber, ha propiciado la impunidad por la cobardía de funcionarios públicos, diligentes en aprovechar las prebendas asibles al ejercicio del poder, pero medrosos y convenencieros a la hora de asumir la responsabilidad, con el valor que implica el acto de gobernar. 

La corriente que encabeza Santiago García, ha tomado el compromiso de apoyar la política de Peña Nieto, caracterizada por asumir el poder que la ley le confiere y aplicarla con firmeza mediante el uso de la fuerza legítima del Estado fuere necesario.

Ha llegado el momento de compartir responsabilidades y esto implica cumplir con el deber desde la trinchera más modesta hasta la responsabilidad suprema. 

El ciudadano tiene la obligación moral de proteger y hacer evolucionar las instituciones. Este deber implica a los priistas de manera especial, pues su compromiso con la revolución como proceso continuo de avanzar en la justicia social, resulta ineludible por ser la base de su razón de ser.

Los priistas han de ser demócratas comenzando por reconocer que la elección y no la componenda en la supuesta defensa de la paz interna, es la forma por excelencia para regir la vida interna de ese partido. 

Es natural que al interior del partido se luche por el poder, pero lo óptimo es que los mejores, escogidos por la mayoría de los legítimos electores, sean los responsables de conducir la institución, promotora de la participación masiva y no selectiva de los militantes.

Los anteriores son parte de los compromisos expresos de la corriente encabezada por Santiago García. La mayoría decidirá el rumbo, pero el camino está abierto a la participación creciente de la militancia, al interior de ese partido.

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