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Obama

Barack Obama fue el sueño materializado de millones, no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo, al ser el primer afroa-mericano en llegar a la jefatura de la Casa Blanca. Un largo camino que comenzó con la guerra civil que se peleó de 1861 a 1865, y que empezó a tomar cuerpo político en la lucha por los derechos civiles que arrancó a mediados de 1950, encontró en él la reivindicación histórica de miles que murieron por la igualdad y generó la sensación de la justicia poética. Pero la magia electrizante que mostró Obama hace seis años cuando alcanzó la Presidencia, se ha desvanecido entre polémicas, vergüenzas, críticas y ridiculizaciones.

Obama se ha convertido en el cliente favorito de los comediantes de la televisión en Estados Unidos, por cualquier cosa, en cualquier momento. “Anoche, el presidente Obama habló a la nación sobre Siria. Espero que los norteamericanos que estaban confundidos sobre los planes del presidente se sientan mejor ahora, al darse cuenta que el presidente también está confundido”, bromeó Jay Leno, una de las figuras legendarias de los shows nocturnos. 

“Otro escándalo golpeó a la Casa Blanca hoy”, ironizó ante millones de televidentes Jimmy Fallon. “Un reporte encontró que el gobierno había recolectado en secreto cuentas de teléfono de los consumidores. Ya sabía que algo estaba mal cuando dije ‘cuelga primero’ y mi esposa dijo ‘no, ¡tú cuelga primero’, y entonces Obama dijo, ‘¿por qué no cuelgan los dos al mismo tiempo?’.”

Obama, ciertamente, ha enfrentado una variedad muy amplia de problemas y conflictos, y chocado con liberales, conservadores y extremistas en su país. El mal estado de la economía es una de las críticas constantes a su gobierno, aunque en realidad la debacle no comenzó con él, sino en la administración de George Bush, con la crisis de bienes raíces y la utilización sin freno de los bonos basura –de alto riesgo sin protección– por los bancos, que tuvieron un crac en 2009, que provocó la peor recesión en Estados Unidos desde la Gran Depresión y profundizó la crisis financiera mundial. 

La situación económica, su espíritu reformista y los choques permanentes con el Congreso, lo han debilitado. En la última negociación presupuestal, la falta de acuerdo provocó el cierre del gobierno y miles de burócratas perdieron el trabajo. Su plan de salud conocido como Obamacare, el programa social más importante de su gobierno, encontró no sólo oposición sino boicots, por el argumento de que no hay dinero para solventar el programa y que llevará al país a la bancarrota. Hasta ahora no ha podido terminar de instrumentarse.

Los enfrentamientos domésticos con el Congreso y amplios sectores en Estados Unidos han sido permanentes, pero Obama los ha incendiado. En una entrevista con la revista The New Yorker publicada en enero, afirmó: “No hay duda que a algunos de los que realmente les disgusto, no les gusta la idea de un presidente negro”. La referencia que el rechazo a sus políticas tenga motivaciones raciales pudiera tener algún sustento, como sugirió el bisemanal, al recordar que Obama perdió entre los votantes blancos en las elecciones presidenciales de 2012, por mayor margen que cualquier otro presidente en busca de reelección. Sin embargo, la molestia con Obama no se reduce a esa dinámica 

de choque.

Bajo el gobierno de Obama se han utilizado los recursos del gobierno para el castigo de sus oponentes políticos, como el uso del Internal Revenue Service, equivalente al Sistema de Administración Tributaria, para bloquear –indebidamente– las gestiones de exención de impuestos a miembros del Tea Party, la corriente de extrema derecha dentro del Partido Republicano que ha sido un constante dolor de cabeza para el presidente. También ha dado órdenes que coartan la libertad de expresión, como cuando obligó judicialmente a la agencia de noticias AP para que entregara los registros telefónicos de editores y reporteros para saber quién les suministraba información sobre asuntos de seguridad nacional. El espionaje telefónico a nivel mundial, que tampoco inició su gobierno, lo ha confrontado con los líderes del mundo, a quienes no les ha podido dar respuestas contundentes del porqué escucharon conversaciones privadas que no tienen que ver con los asuntos de Estado.

Obama es un presidente de claroscuros. En algunas políticas como el Obamacare, mostró una profunda convicción social, pero en otras, como la migración, es el más duro de todos sus antecesores. Durante sus seis años de gobierno se ha deportado a más de dos millones de inmigrantes, que lo convierte en el presidente más expulsor de indocumentados en la historia de Estados Unidos. 

Su reforma migratoria, que apenas en enero dijo que va a pasar aún si lo hace sin el apoyo del Congreso –ir sin acompañamiento del Capitolio fue una fuerte crítica que él había hecho del expresidente Bush–, no es bien vista por nadie, en especial en países expulsores de migrantes, como México, puesto que de aprobarse, empezarán a recibir cientos de miles de personas deportadas en los próximos años, muchos de ellos con tantos años de residencia en Estados Unidos, que esperaban en cambio una amnistía.

Obama va a estar en Toluca este miércoles para participar en la Cumbre de Líderes de América del Norte junto con el presidente Enrique Peña Nieto y el primer ministro Stephen Harper. De los tres, aunque por el romanticismo que despierta aún en los segmentos no afectados directamente por sus políticas, será muy probablemente que sea él quien concentre los reflectores y las mentes. Paradójicamente, de los tres, es quien más problemas tiene en su país y carga los peores indicadores de aprobación.

Desde 2008 cuando ganó la primera elección, Obama ha ido cayendo en las encuestas. Hace seis años tenía 64% de aprobación, pero en enero, cuando rindió su informe anual al país, se encontraba en 43% –dos puntos arriba de su mínimo histórico en noviembre–. Faltan casi dos años para que termine su segundo y último mandato, y por la forma como Obama ha encarado recientemente al Congreso, se anticipan nuevos enfrentamientos. Los demócratas que irán a reelección en 2016 han venido evaluando el costo que tendrá sobre sus candidaturas, porque históricamente, cuando el presidente es tan poco popular, pierden en las urnas. 

Las dificultades de Obama en Estados Unidos tienen que ser evaluadas por todos. Particularmente por aquellos líderes que no pueden ni deben fincar todas sus posibilidades en el liderazgo de un presidente que ha perdido lustre, poder, influencia y respaldo. Obama, el realizador de los sueños, vive hace tiempo una pesadilla enmarcada en la decepción como gobernante.

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