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La Huella de los Protagonistas

PAN 2013: La vida después de la victoria más amarga

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Aunque hacia el interior de su maltrecho y fracturado partido a nivel nacional, siguen presumiendo que mantienen hegemonía, dominio y liderazgo en Guanajuato, el panismo guanajuatense ha enfrentado un reacomodo de fuerzas en la entidad, producto de la victoria más amarga de los últimos trienios en las urnas.

Ya no es el oficialismo contra el Bronx. El Pacto de la Loma fue un mito genial y la actitud del gobernador Miguel Márquez mucho menos incendiaria y provocadora que la de Juan Manuel Oliva le ha puesto hielo a un partido que, sin embargo, todavía no puede presumir estabilidad.

La derrota en León fue un duro golpe para el panismo regional. Perder la ciudad más poblada del estado y uno de sus bastiones principales a nivel nacional no ha sido un golpe sencillo de asimilar con todo y que a Alfredo Ling Altamirano no se le puede reclamar falta de combatividad y agallas para plantarle cara al barbarismo que a veces avasalla a sus propios regidores.

De la intensidad olivista al anticlimax marquista

Si empezamos el análisis desde arriba, hoy nos encontramos con dos liderazgos en el PAN-Gobierno con estilos totalmente distintos a los que convivieron y riñeron en la mayor parte del sexenio anterior.

Juan Manuel Oliva y Fernando Torres coincidieron en la cúspide del panismo en Guanajuato como primera fuerza política. Carro casi completo en 2006, mayoría absoluta en el Congreso del Estado, León sin oposición clara, cargos en la burocracia para dar y prestar, soberbia total para no dar ninguna concesión a los opositores.

Oliva y Torres Graciano nunca pactaron. Jugaron venciditas en el absolutismo panista que no tenía prácticamente rival ni en el Congreso local ni en las alcaldías.

Aun en las coincidencias de empujar a Miguel Márquez como delfín del grupo hegemónico, marcaron sus diferencias. No supieron pactar una sucesión tranquila para el comité estatal y terminaron enfrentados en los procesos internos.

Hoy, Miguel Márquez y Gerardo Trujillo, tan anticlimático el uno como el otro, enfrentan un entorno totalmente distinto que obliga a los pactos y los acuerdos.

No hay mayoría en el Congreso local, a nivel federal León es del PRI, la alcaldesa de esta ciudad es piedra en el zapato para la administración y el panismo estatal y además no hay muchas figuras ni nuevos valores que den la cara…

Reconciliaciones y unidad forzada

Y como no hay borracho que coma lumbre, el panismo guanajuatense se ha dado cuenta que en la ruta permanente de la discordia y confrontación que mantenía en años anteriores desde el poder, ahora con espacios perdidos, sólo cavaría su tumba; en consecuencia, ha procurado acuerdos mínimos entre sus corrientes internas.

No es casual que en este período hayamos sido testigos de varias reconciliaciones políticas al interior del PAN, entre las más sonadas, la del propio Fernando Torres Graciano con Juan Manuel Oliva, sellada apenas hace unas semanas cuando el exgobernador oficializó su destape como aspirante a la dirigencia nacional del PAN.

No ha sido la única, Torres Graciano también está en buena sintonía con su compadre Ricardo Torres Origel y este a su vez también olvidó los adjetivos que recetaba a Juan Manuel Oliva a quien no le dio tregua en su calidad de promotor de la precandidatura del hoy gobernador Miguel Márquez.

El mismo Miguel Márquez había puesto la muestra de diplomacia política cuando en la confección de su gabinete incluyó en la Secretaría de Desarrollo Agropecuario a Javier Usabiaga (del extinto Pacto de la Loma) y a Ricardo Torres Origel le reservó un espacio muy modesto en la disminuida representación del gobierno estatal en la Ciudad de México que finalmente no aceptó.

En tierra de ciegos…

En retrospectiva, hoy podemos concluir que la estabilidad que en términos generales ha vivido el PAN en Guanajuato en este 2013, ha ido a contrapelo de la beligerancia que ha distinguido al panismo a nivel nacional en donde sin rubor ni pudor alguno, calderonistas, maderistas, villarrrealistas, corderistas y anexos, se han dado hasta con la cubeta, sacando sus trapitos al sol cada que les es posible.

Ese solo dato permite a los liderazgos panistas en el estado abrigar esperanzas de que la pérdida de espacios que padeció en julio de 2012 sea pasajera.

Sin embargo, ese es el único referente que pueden presumir los blanquiazules para medir sus esperanzas rumbo al 2015.

Sin lugar a dudas, el estilo de ejercer el poder de Miguel Márquez ha marcado esta suerte de anestesia de los problemas internos del PAN.

Salvo la salida del doctor José Ángel Córdova, más que previsible, este partido no ha sufrido salidas o renuncias de otros personajes destacados o bloques de militantes.

Hacia lo interno, el estilo de Márquez está muy lejos de polarizar las emociones como ocurría con el de Oliva, un político que siempre sucumbía a la tentación de agitar las aguas en el blanquiazul.

Y en ese tenor, la sintonía del gobernador con el dirigente estatal Gerardo Trujillo ha sido total. Ambos son los reyes del anticlímax político. Ellos nunca están para incendiar la pradera ni para confrontar a los de casa y mire que, sobre todo este último, ha tenido ocasiones para hacerlo.

Trujillo enfrentó desde que asumió el poder los cuestionamientos de su antecesor Fernando Torres que quiso demostrar que a diferencia de otros exdirigentes, él tenía cartas para jugar al interior del partido. Y hasta ahora no le ha tomado la palabra a quienes le han retado a un round.

Ese estilo de Trujillo desespera a algunos panistas que han llegado a comentar que le faltan agallas y don de mando pero al final del día, la comparación del PAN Guanajuato con la crisis que vive el CEN del blanquiazul es un punto a favor de Trujillo.

Falta por ver si esa estabilidad tiene bases firmes, o sólo es un “impasse” a la guerra de grupos que se puede reeditar en el panismo local durante los próximos meses.

Y es que, en estricto sentido, nada importante se ha jugado a nivel local a lo largo de este año. La batalla se dará hasta el 2014 con la renovación del consejo y de la dirigencia estatal.

Pero así haya sido por un mero instinto de supervivencia, tiene su mérito que los protagonistas más enconados del pleito de familia hegemónico hayan arreglado sus diferencias y se hayan reencontrado.

A final de cuentas, el más preocupado por los alcances de esa reconciliación debe ser Gerardo Trujillo, quien hoy sabe que el reencuentro de los que estaban peleados no necesariamente le incluye.

León: Los costos de la soberbia 

Y en esta suerte de purgatorio que ha vivido el panismo guanajuatense en este 2013, León merece una mención especial porque sin duda alguna las diferencias internas jugaron un papel clave en la derrota de julio de 2012.

La soberbia del panismo leonés era infinita porque se acostumbraron a las batallas internas encarnizadas, a la guerra sin cuartel en las contiendas para elegir candidato, al descrédito sin freno entre hermanos.

Creían que sus pleitos jamás impactarían en el voto de los ciudadanos y que tenían patentado el respaldo de la sociedad. Quedó claro que los cuestionamientos hacia el candidato Miguel Salim propinados en la precampaña quedaron en la memoria colectiva de los electores.

El golpe de julio de 2012 fue brutal. Se hicieron añicos todos los mitos que había cultivado el PAN. Y fue en este 2013 cuando a sus liderazgos “les cayó el 20”.

A Mayra Enríquez y a Miguel Salim, contendientes en la interna para candidato a alcalde todavía les dio para el derecho de veto del proceso de renovación del PAN. Que no fuera dedazo, fue su postura y se las respetaron. Pero no más.

A la llegada de Alfredo Ling, la influencia de ambos ha sido limitada. La apuesta de Gerardo Trujillo funcionó en este caso particular. Todos los liderazgos leoneses sentados a la mesa de la construcción. La transición fué tersa aunque los resultados que arroja el experimento tienen análisis disímbolos.

Hay quienes aplauden a rabiar la labor de Alfredo Ling que ha dado al PAN la combatividad que no han ofrecido en el cabildo sus regidores, pero hay otros que advierten que declaraciones estridentes no redundan en puntos en las encuestas de cara al 2015.

La estabilidad con alfileres

En suma, este 2013 le sirvió al PAN de Guanajuato para tocar fondo y por lo menos hacer un acto de contrición que nunca antes había hecho en el estado y mucho menos en León. Los liderazgos olvidaron agravios por mero pragmatismo y cuando se vieron en el espejo nacional de su partido, fracturado y desordenado, se dieron ánimos.

En tierra de ciegos, el tuerto es rey. El panismo guanajuatense asimiló la sacudida que representó el resultado de julio de 2012 y articuló un manual de buenas intenciones que hasta ahora ha funcionado decentemente. Pero no puede cantar victoria porque viene lo más complejo.

A la par que se dirime el proceso de renovación nacional, en Guanajuato vendrá la sucesión estatal que nos dejará ver si aprendieron la lección de 2012 o en realidad estamos atestiguando el inicio de la decadencia azul.

 

 


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