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La Huella de los Protagonistas

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Club León 2013: retorno a la gloria y el peso de Slim

Con el logro de su título en el estadio Azteca frente al América, el club León cerró un regreso meteórico a los primeros planos del futbol profesional de la mano de Grupo Pachuca y vive una suerte de cuento de hadas que tiene como cereza en el pastel la irrupción del magnate Carlos Slim como socio de la franquicia que le dio un picante especial al momento glorioso por las pasiones que este personaje concita.

Tras una década pletórica de escándalos mediáticos, pleitos con las autoridades, disputas legales por la propiedad del equipo, dueños en la cárcel e ilusiones deportivas que se quedaban en el “ya mérito”, 3 torneos de regreso al máximo circuito han bastado para que el equipo leonés recobre lustre en lo deportivo y prestigio y respeto en el ámbito directivo.

Y esa ruta exitosa no se debió a un golpe de suerte. Después de experimentos de todo tipo, fue la seriedad, el conocimiento del medio y el colmillo largo y retorcido de Grupo Pachuca el que abrió las puertas del éxito. Este corporativo no es por supuesto un grupo de damas de la caridad; sabe, como pocos de los recovecos del futbol-negocio.

La historia es harto conocida pero conviene recordarla para dimensionar la actualidad. En la década del purgatorio León lo había intentado primero en 2002 a través del siniestro Carlos Ahumada quien llegó como un desconocido y terminó convertido en una manzana de la discordia no sólo en lo futbolístico y lo local sino en lo político, lo diplomático y lo internacional para el gobierno mexicano.

Los problemas heredados por Ahumada dejaron la franquicia en calidad de “non grata” para la entonces Femexfut, administrada por Adolfo Reza y vigilada con lupa especial por la secretaría de Hacienda. Apareció luego en 2005 Grupo Pegaso, que pudo darle cierto rumbo en lo deportivo y que se quedó a un pasito del objetivo en 2008 pero fracasó y tuvo que arrojar la toalla.

Surgieron entonces en 2008 los hermanos Jacobo y Abraham Batarse, empeñosos y dispuestos a invertir en el ascenso del equipo pero mal asesorados. Su novatez e inexperiencia les cobró cara la osadía. En el ínter, aparecían y desaparecían Carlos Ahumada y Roberto Zermeño, tan histriónico el uno como el otro  con sus desplantes de querer recuperar el equipo.

Grupo Pachuca, 3 años meteóricos

El futbol como negocio también es un arte y hay que saber dominarlo. Grupo Pachuca llegó a León en noviembre de 2010. Compraron el equipo en cinco millones de dólares, una cifra exorbitante para una escuadra de la Liga de Ascenso.

Cuente usted de entonces a la fecha, tres años exactamente. El balance en lo deportivo es portentoso. En año y medio habían conseguido el ascenso a primera división y en el otro año y medio (tres torneos), un título, dos pases a la liguilla, una serie de pre-Libertadores y ahora, además de la gloria en la Liga Mx, el pase directo al torneo sudamericano más importante y el derecho a participar en la Concachampions, el torneo de clubes de centro y norteamérica.

Pero en lo empresarial, los ejecutivos de Grupo Pachuca pueden presumir cuentas alegres. La revaluación de una franquicia al pasar de la Liga de Ascenso a la primera división es inmediata; el reposicionamiento del León ha sido claro, los resultados deportivos para eso dan.

Ese reposicionamiento sirvió de gancho para que la franquicia leonesa fuera el argumento perfecto de Grupo Pachuca para trazar una alianza estratégica con Carlos Slim que va más allá de sumarlo como inversionista.

Otorgar los derechos de transmisión del club a Fox Sports y la sociedad con Slim han significado un reto inédito al duopolio que integran Televisión Azteca y Televisa en el manejo del futbol mexicano.

No hace falta ser experto en finanzas para decir que la inversión de cinco millones de dólares realizada por Jesús Martínez Patiño hace tres años ha resultado altamente productiva.

La política y el futbol

Es cierto que nadie sabe para quien trabaja. Grupo Pachuca construyó su emporio deportivo-empresarial  durante las gestiones como gobernadores de Jesús Murillo Karam y Miguel Ángel Osorio Chong, hoy respectivos titulares de la PGR y la Segob en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Construyeron un complejo deportivo que incluyó un centro de formación de jugadores y una universidad del futbol por donde han desfilado leyendas del balompié. En otras palabras, supieron combinar sus relaciones políticas con su experiencia en el manejo del futbol negocio.

Un desplante de mercadotecnia los llevó a la pretención de hacer de los tuzos de Pachuca, “el equipo de México”. Un buen intento porque queda claro que no es lo mismo posicionar un producto que un equipo de futbol en los corazones de los aficionados.

De cualquier manera, el modelo de franquicia del club Pachuca se cuece aparte en el espectro del futbol mexicano. En Hidalgo, hay millones de dólares invertidos, apoyo del gobierno al futbol, infraestructura aunque falta la pasión que acá en León genera este deporte, por lo menos en este insta nte.

Por eso, pese a ser fruto del mismo grupo empresarial, el proyecto León para Grupo Pachuca ha tenido un derrotero distinto. No hay duda que la franquicia esmeralda ha sido tratada, en cuanto a inversión económica, como el hijo no consentido de los jerarcas de la organización.

Las contrataciones millonarias generalmente llegan a Hidalgo. El León se ha formado con jugadores que en principio fueron desechados allá: las estrellas que hoy son Luis Montes, Carlos Peña llegaron a León de Pachuca siendo “don nadie”.

En ese sentido, la rentabilidad del presunto hermano menor es superior a la del consentido, un mérito que corresponde a la gestión deportiva de Gustavo Matosas, apuntalada por el joven Jesús Martínez Murguía que ha tenido un debut de ensueño en el negocio del futbol.

Y así, sin querer queriendo, Grupo Pachuca ha ido venciendo resistencias y adversidades con las autoridades municipales. Pactó un favorable convenio con el Municipio para usufructuar el estadio que sigue siendo propiedad de la autoridad.

Los alcances de la irrupción de Slim

El estadio está remodelado de acuerdo a las exigencias de la Liga pero la directiva leonesa no da paso sin huarache. Hay un proyecto adicional para detonar comercialmente el entorno del inmueble. Ya hay una tienda deportiva y se habla de un restaurante. Pero es apenas la punta del iceberg.

Los éxitos deportivos, sin duda, ablandan las resistencias de los políticos que jamás se van a resistir a aparecer como facilitadores de los ganadores. Eso ha ocurrido con el gobierno de Bárbara Botello. Jesús Martínez Patiño sabe de este negocio y no ha obtenido gratuitamente

esas concesiones.

Sólo él y Carlos Slim saben los alcances de su incursión en León pero seguramente van mucho más allá de lo que hoy estamos viendo. Se ha especulado mucho con la construcción de un nuevo estadio pero habrá que ver.

El nivel de asistencia de aficionados, tampoco exige un inmueble de mayor capacidad y además, experimentos de llevar estadios fuera de las zonas urbanas (que sería el caso) no siempre son exitosos y si no, pregúntenle a Jorge Vergara y su Omnilife.

Los expertos en deporte ya han analizado los logros deportivos del León. En lo político-empresarial, si hay que hablar de romper paradigmas, el cuadro esmeralda y sus dueños son el mejor ejemplo en el futbol mexicano.

La franquicia esmeralda es en el amplísimo espectro de los negocios de Slim, uno más en una enorme lista y en términos económicos, quizá no esté entre los más importantes.

Quizá no imaginó que ocurriera tan rápido pero el León ha sido el pretexto ideal para aparecer en las portadas de diarios nacionales, revistas políticas y de negocios como el hombre que exitosamente ha desafiado al duopolio en el manejo del futbol.

Hoy, se advierte en editoriales de varios medios, ese regocijo y morbo que provoca en el periodismo el desafío de los poderosos, el reto a quienes monopolizan el manejo de un negocio que es altamente redituable.

No importa que sea una combinación tan peculiar como Carlos Slim y Grupo Pachuca cuyas historias de éxito son radicalmente distintas.

En León, para sus miles de aficionados, la sexta estrella sabe a gloria. La recuperación del orgullo tras un largo pasaje de vergüenzas. Para sus dueños es algo más que eso. Ellos brindan en estas fiestas por el gusto de haber ganado una batalla al duopolio y cimbrar el status quo y los equilibrios de poder en el futbol extracancha como hace tiempo no ocurría.

En 11 años, de la ignominia a la gloria:

 2002

Abril. Se decreta el descenso del equipo y al mismo tiempo la venta de la franquicia a Carlos Ahumada.

 2003

Junio. Primer fracaso en final de ascenso frente al Irapuato tras escándalo extracancha

 2004

Junio. Segundo fracaso en búsqueda de ascenso en Culiacán con Ahumada en la cárcel y Adolfo Reza administrando el equipo

 2005

Mayo. Carlos Ahumada vende el equipo a Grupo Pegaso

 2008

Mayo. Grupo Pegaso prueba la hiel del tercer fracaso del León en la búsqueda del ascenso al caer en el estadio León frente a Indios de Juárez.

Diciembre. Pegaso vende la franquicia a los hermanos Batarse.

 2010

Mayo. A unos pasos de la gloria, los Batarse platican un fracaso más. Pierden la final del torneo frente al Necaxa

Noviembre. Los Batarse venden al equipo a Grupo Pachuca

 2012

Mayo. Tras 10 años, Grupo Pachuca asciende al León a primera división.

Agosto. Carlos Slim adquiere 30% de las acciones de Grupo Pachuca; entre los activos, por supuesto, el club León.

 2013

Diciembre. León logra el título de la Liga Mx frente al América en el estadio Azteca. Carlos Slim celebra su “triunfo particular” con playera esmeralda.

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