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La Huella de los Protagonistas

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Oliva 2013: reconciliación, pasado incómodo y sueños de grandeza

Sin sacudirse aún los fantasmas de la imagen que dejó su gestión como gobernador atiborrada de claroscuros, Juan Manuel Oliva cierra un año que lo llevó de regreso a las lides partidistas que tanto le gustan con un saldo aceptable, aunque con expectativas inciertas en la búsqueda del regreso al protagonismo.

Luego de un 2012 que le dejó más amarguras que motivos de festejo, este 2013 el exgobernador dio guerra en el PAN y quiere seguir siendo factor de poder en Guanajuato, aunque difícilmente recuperará el esplendor que le llevó a ser el jefe máximo en el estado en la segunda mitad de los noventas y en la primera del actual milenio.

Juan Manuel Oliva Ramírez vive una paradoja. A nivel nacional, la crisis que le dejó al PAN la elección de 2012 le ha permitido sacar raja de la confusión interna que padece el blanquiazul en donde no se aprecia hoy un liderazgo que cohesione, arrastre y dé rumbo a un partido que vive una guerra de grupos que parece más propia del PRD.

La familia se reencuentra 

Empecemos por el ámbito local porque pese a lo natural que resulta que durante este año, Oliva haya hecho política fuera del estado y sus apariciones en la escena local hayan sido sólo esporádicas, el cierre dejó variables interesantes para el análisis.

Como era de esperarse, un sector de la oposición en Guanajuato, particularmente vinculado al PRI ha insistido en llamar a cuentas a Oliva. A principios de marzo, el tricolor presentó una denuncia ante la Procuraduría General de la República contra quien resulte responsable por actos de corrupción cometidos en el sexenio anterior.

Y Oliva la libró con todo y algunos errores estratégicos de sus correligionarios. Los priistas pugnaron en el Congreso del Estado por la integración de una comisión legislativa que investigara esos actos. Sabían que no tendrían la mayoría para conseguirlo así que la batalla era testimonial.

Por esa razón, cobra especial dimensión el error cometido por el dirigente estatal panista Gerardo Trujillo Flores, quien en medio de la discusión propuso la contratación de un despacho externo que auditara las cuentas olivistas.

Quizá el exgobernador le lanzó un “no me defiendas compadre” porque si en la perspectiva azul, se trataba de “matar” el tema, la contratación del famoso despacho sólo le daría nuevo oxígeno y por un buen rato.  De manera increíble el PRI rechazó la propuesta, insistió en la vía imposible para ellos de la comisión y ahí murió el asunto.

Salvo ese resbalón de Trujillo, los panistas han dado muestras de cerrar filas con el exgobernador y de buscar no revivir asuntos que para ellos han quedado suficientemente aclarados.

Pero faltaba un reconocimiento expreso y público de reconciliación del exmandatario con sus  compañeros de partido. Se habló desde principios de este año de que Oliva había retomado contactos con el senador Fernando Torres Graciano con quien tuvo pleito casado durante la mayor parte de la gestión como gobernador en la que Torres fue dirigente estatal.

El reencuentro público se materializó hasta diciembre cuando Oliva oficializó sus intenciones de buscar la dirigencia nacional del blanquiazul. Esto finalmente fue sólo el pretexto ideal para presumir su reconciliación no sólo con Fernando Torres, sino también con el exsenador Ricardo Torres Origel quien le tundió bien y bonito durante el proceso de selección de candidato a la gubernatura.

Una reconciliación que por lo demás no debe generar mayor sorpresa. Es un acto de pragmatismo de Oliva y de quienes eran sus detractores. No hay entre ellos motivos actuales para el pleito y sí, muchas más razones para la coincidencia y el armado de acuerdos.

Porque además, hay que ver esta reconciliación a la luz de los últimos enfrentamientos de Oliva con sus hermanos de grupo y cofradía.

Cuando fue la elección de Gerardo Trujillo como dirigente estatal, Oliva reaccionó en el pleito de familia destapando a Alejandra Reynoso como su candidata pero no sólo eso. Pactó una alianza con Luis Alberto Villarreal para desafiar a Márquez, Torres Graciano y Trujillo que en ese entonces armaron su grupo compacto para sacar adelante a quien a la postre se convirtió en el líder estatal panista.

Oliva pagó cara su osadía porque a su candidata la apabullaron y su alianza con el hoy coordinador de los diputados federales panistas quedó en un ridículo por los votos obtenidos.

Hoy, Oliva vuelve al redil, a jugar con Trujillo y Torres Graciano mientras Villarreal alista su alternativa en la persona de Mayra Enríquez para disputar así sea testimonialmente, la jefatura estatal del blanquiazul. Son las vueltas que da la grilla en el panismo guanajuatense.

Los liderazgos del grupo hegemónico en Guanajuato vuelven a hacer equipo  pensando en mantener la supremacía en el estado y al mismo tiempo, hacerse más fuertes en lo nacional.

La lejanía estratégica de Márquez

Sin embargo, en la reconciliación y desagravio que busca Oliva en el terruño falta una pieza importantísima que sigue sin dar su brazo a torcer y que parece no querer nada con el exmandatario.

El gobernador Miguel Márquez en su momento, delfín de Juan Manuel Oliva Ramírez, ha opuesto una barrera infranqueable con su antecesor. Y quizás sea una distancia que sólo es de forma pero no de fondo. Es decir, no hay agravio político sino cálculo del gobernador: aparecer con Oliva no le da y muy probablemente le quite.

En los hechos, Miguel Márquez no ha mostrado intención alguna de ajustar cuentas con Oliva aun cuando podría tener argumentos coyunturales para hacerlo.

Por ejemplo, pudo haber  capitalizado alguna de las denuncias que ha hecho el PRI en contra de actos del sexenio anterior para investigar o fingir hacerlo tan sólo con el afán de mostrarse implacable y sin cortapisas para investigar el pasado.

No ha habido rastro alguno de que Márquez pretenda por lo menos fintar que desee dar un raspón a quien fue su padrino político e impulsor principal.

Por eso, la no aparición de Miguel Márquez en un acto de partido junto a Oliva podríamos dejarlo en el terreno de lo anecdótico. Nadie podría acusar a Márquez de ser inconsecuente. Aunque su involucramiento en temas partidistas es en lo público, nulo y ha cuidado las formas, en real politik está metidísimo.

Un rasgo positivo suyo distinto frente a la estridencia de Oliva que no resistía el inmovilismo y sucumbía al folclorismo y el incienso. Las comidas a las que asistían cientos de incondicionales, las masas que aceptaban la convocatoria al aplauso fácil, Oliva en precampaña permanente.

En ese sentido, Márquez cosecha puntos a favor. Su estilo anticlimático por lo menos provoca menos pasiones adversas y encono aunque llegará el momento en el que el gobernador tendrá que asumir los costos y riesgos de la definición.

El caos como aliado pero…

Y en todo este contexto, 2014 se presenta como un año fundamental para el futuro político de Oliva. Recompuestas sus relaciones con liderazgos en el estado, sigue recorriendo el país, atizando con su discurso particularmente en aquellas entidades donde el PAN no es gobierno y en donde, antes que todo, lo que requiere es un estado de ánimo distinto.

Vamos a ver cómo transita en este impasse azul en donde aún no se puede trazar la ruta crítica rumbo a la renovación de la dirigencia nacional. En perspectiva, se aprecian posibilidades de pacto con Cordero pero él cree ahora que le alcanzaría para ganar. El perfil de Oliva es conocido a la perfección. Su fortaleza y debilidades. Es operador político y hombre de talacha partidista. Sus críticos al interior del PAN cuestionan ese priista que lleva dentro por las prácticas clientelares y corporativistas que abanderó como dirigente y como gobernador.

Paradójicamente, esto que él tiene en exceso es lo que a otros aspirantes les falta. Los alcances y limitaciones de Oliva como candidato al CEN saltan a la vista. Tendrá que explotarlas al máximo si quiere tener alguna posibilidad. Su aliado es el caos institucional que vive el PAN…

Aunque en la debilidad estructural que afecta hoy al PAN en donde no puede prescindir de activistas como él, probablemente le alcance por lo menos para un premio de consolación. Veremos.

 

 

*Lea mañana Chiquillada política 2013:  cuando las minorías pesan 

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